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Sin una reforma administrativa del Estado no hay cambio

Durante los últimos 40 años la construcción política de los estamentos administrativos del Estado, no han logrado establecer una administración exitosa de los bienes y los recursos con los que cuenta el país y no han permitido rescatarlos de la discrecionalidad.

Si bien el 2023 aparece como una nueva oportunidad de elegir un camino para nuestro país en términos políticos, el problema de funcionamiento de la Argentina tiene también que ver con las disfuncionalidades administrativas que vemos acrecentarse año a año. En este devenir de gobiernos de diferentes tonos y tintes, no se supo o no se quiso consolidar una estructura funcional de administradores gubernamentales que cuenten con la experiencia y los fundamentos técnicos para llevar adelante los distintos temas de la agenda del estado.

En muchas agendas públicas se consolida un pedido generalizado de obtener por medio de las decisiones políticas “un rumbo”. Este famoso rumbo también tiene en economía el nombre de “certidumbre”. En general, el votante desprevenido, asume que al depositar su voto en tal o cual candidato, va a generar una mágica fuerza democrática que terminará con los graves problemas de nuestro país. Evidentemente no va a ser así, mientras no ocurra una profesionalización cierta del estado y una carrera administrativa en la que se revalorice el fin del bien común por sobre los bienes personales de los agentes administrativos.

Las políticas generales de la Nación ven un deterioro significativo y escasa innovación, si bien en algunos espacios específicos puede haber excepciones, la regla es una escasa especialización de los procesos de los agentes en las políticas de largo plazo y de contención que pueden resultar en vacíos administrativos y falta de previsión en las estructuras de que depara el futuro en términos de recursos y de políticas públicas.

Para un proceso de reconversión de la administración pública posible hace falta el compromiso de la clase dirigente, los sindicatos y los agentes gubernamentales como agentes de cambio y sobre todo voluntad política de los partidos políticos para poder darle a la estructura administrativa más relevante del país, una estructura y un funcionamiento sustentable y adecuado al cumplimiento de los objetivos del bien común de todos los argentinos.

* Agustín O’Reilly es politólogo y Director General de Moody Brook Consultores