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El futuro de la clase dirigente ya llegó, el de los argentinos depende de nosotros

En algunos casos, las leyes de la naturaleza si se imponen en la política, aunque no quiera aceptarlas; la vida sobre la muerte, lo bello sobre lo desagradable, el vivir bien sobre la construcción mediática del éxito.

En la cuestión eminentemente política, las pastillas de realidad virtual de la matrix ya no hacen efecto sobre una sociedad que ve que el destino es la promesa del devenir de Niestzche. A nadie le gusta “devenir”. Es una acción virtual de los nuevos centros de
entretenimiento, no participar en la realidad, una especie de interacción sin contacto. La virtualidad está en nuestra mente, que supone que la realidad existe en el momento en que la percibo a través de instagram.

Descartes se estaría poniendo nervioso ante nuestra nueva circunstancia de vida. Como en aquella innovadora película donde la Matrix nos muestra lo que queremos ver, pero no la sucia realidad es otra. En Argentina la realidad se ha chocado de frente con la realidad en un nuevo capítulo de nuestra propia indefinición. No sabemos ni entendemos a donde queremos ir pero en el mientras tanto hay un grupo de personas que manejan este barco sin rumbo cierto ni resultados que mejoren nuestra vida.

Ya no hay público para descripciones románticas de la realidad, ni para montajes estructurados por gurúes, la comunicación no puede construir vías férreas, ni consolidar planes de infraestructura ni llevar adelante una política social. El momento que viene es un momento de comunidades intermedias, que vean que para poder organizarse y llevar adelante a una sociedad para su bien común hay que tener una organización social virtuosa. Y para ello es necesario poder hablar de que es virtud y que es vicio.

La discusión pública esta desprovista de estos propósitos esenciales, y solo, en consonancia con la comunicación de marca, se propone hacer ingresar en los hogares de los “clientes” (votantes) un mensaje que reclame la simpatía de aquel por el candidato. La sola simpatía no va a solucionar el problema agudo de pobreza en la que están inmersos millones de argentinos. A su vez se habla de los candidatos de la “gestión”, valorados por el “hacer” pero que en realidad, por obvias razones de naturaleza humana, adolecen de la capacidad de seducir con empatía, a propios y ajenos.

La vieja discusión en la filosofía política si es mejor ser amado que temido. Los riesgos de lo primero son muy altos. En el mismo camino, los grupos de poder económico y social, que desarrollan algunas herramientas de desarrollo político no generan resultados, simplemente porque ningún capital se dirime por elecciones libres y algunas instituciones gremiales tampoco y en línea a sus fines, su intención es parcial y de interés propio, como corresponde.

En la línea de los medios de comunicación y los periodistas, el sistema de organización del actual régimen político logro intervenirlo y llevarlo al borde del abismo de credibilidad. Es una situación crítica la que vive el periodismo y sus empresas de comunicación van virando sus negocios centrales a tarjetas de beneficios o a otros negocios online. Los ingresos de muchos medios dependen en una gran medida de la política y de sus distintos procesos. En otros países, el sector privado es el que motoriza la sociedad civil y genera los réditos económicos, y sin lugar a duda mayor libertad.

En los próximos meses en todo nuestro país se van a elegir dirigentes en todos los órganos de gobierno, tanto ejecutivo como legislativo. Por lo que sería importante reflexionar sobre nuestras elecciones y como explica Tolkien en el libro de El Señor de
los Anillos a través del personaje Elrond, “Los débiles pueden intentar esta tarea con tantas esperanzas como los fuertes. Sin embargo, así son a menudo los trabajos que mueven las ruedas del mundo. Las manos pequeñas hacen esos trabajos porque es
menester haceros, mientras los ojos de los grandes se vuelven a otra parte”

* Agustín O’Reilly es politólogo y director General de Moody Brook Consultores