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Ni Sergio Massa puede parar el desorden del Gobierno y crece la preocupación por la falta de rumbo

El ministro de Economía no pudo frenar el ingreso del sindicato de Camioneros a la cotidianeidad de su ministerio, en forma de ayudantes del control de precios de la Secretaría de Comercio. Crecen los rumores sobre la salida de Juan Manzur mientras que Alberto Fernández se cierra cada día más.
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Días atrás, Sebastián Galmarini se agarraba la cabeza en su oficina y, de pronto, tras algunas consultas, lanzó su lapidario tuit advirtiendo que era imposible para cualquier dirigente, en este caso su cuñado Sergio Massa, diseñar o proyectar una política económica en medio de la crisis existente si desde el propio Gobierno toman decisiones que generan más incertidumbre e inestabilidad como un juicio político a la Corte o desconocer uno de sus fallos.

Cuando Galmarini estaba apretando el publicar, a pocas cuadras de su oficina del Banco Provincia, Matías Tombolini terminaba de diseñar un acuerdo con los Camioneros de Pablo Moyano para bajar la intensidad de las críticas que le venían haciendo y se comprometieron a ir juntos, sindicalistas y funcionarios de Comercio, a inspeccionar los centros de distribución de los principales hipermercados que operan en el Gran Buenos Aires.

Querían detectar, supuestamente, que los stocks en los centros de distribución tuvieran relación con lo que luego aparecía en las góndolas de los súper e híper mercados. Sin embargo, lo que pretendía Tombolini eran dos cosas: demostrar que no tenía temor en aparecer intimidante, cuando nunca lo fue ni lo será, y cerrar la incorporación de algunos miembros sindicales a su equipo de trabajo cotidiano.

Sergio Massa, que suele estar en todo, sabía de este nuevo procedimiento, aunque, como suele pasar, cuando vio las fotos con los dirigentes que estaban los funcionarios de Comercio, no le gustó nada. Hay que ver cómo hará para pedir que ese tipo de espectáculos no se repitan.

La presencia del dirigente sindical camionero Oscar Borda, especialista en bloqueos y con un discurso antiempresa muy fuerte, agrava la señal para los sectores económicos. “Si Sergio no puede pararlos, listo, bajemos la cortina”, le dijo a MDZ un importante referente empresarial de la zona noroeste que lo conoce desde que empezó a hacer sus primeros palotes en la política de la región.

Queda en claro que la presión de todos los sectores internos del Frente de Todos hacen que cada decisión esté a tiro de una paritaria. Y en eso, el silencio que se impuso Máximo Kirchner habilita que sus seguidores crean que todo está permitido. 

Massa habló de los futuros aumentos salariales con su aliado gremial Héctor Daer, quien comparte la cúpula de la CGT con el referente del Frente Renovador, Carlos Acuña, de los empleados de las estaciones de servicios y garajes. Fue en esa reunión, a mediados de la semana pasada, donde les había solicitado que se fijara un criterio general para que las paritarias rondaran el 60%, algo que fue rápidamente rechazado por gremialistas “sensatos” como Gerardo Martínez, de la UOCRA, o Mario Manrique, de SMATA, cuyos convenios laborales suelen mostrar alternativas a las rígidas leyes laborales vigentes.

Fue en ese mismo encuentro que, supuestamente, les pidió ayuda para llegar a pensar en ser candidato presidencial. “Fue una nueva zanahoria que les puso a los muchachos… Ni loco se presentará con los números que tiene el Frente de Todos”, tradujo un sindicalista que lo conoce desde hace mucho tiempo.

Hasta ahora, el equipo económico había mostrado un monolítico manejo de los resortes que tiene a su cargo. Paulatinamente, y fruto de la descomposición que sufre el Gobierno, cada intervención es más compleja y requiere de mayores niveles de consenso, esos que aparecen cada vez más difusos si no hay un objetivo claro que en política, sólo es la victoria y el futuro.

En quince días habrá otro hueco que tapar. Juan Manzur será otro funcionario que no escuchará un pedido directo de Alberto Fernández y se irá a Tucumán a hacer campaña, dejando la Jefatura de Gabinete sin encargado, ya sea por licencia o renuncia. Es el mismo funcionario que vino creyendo que encontraría un trampolín político y que quedó envuelto en la maraña de indecisiones que dominan la Casa Rosada.

En medio de diversas versiones sobre el reemplazante del tucumano, quien pretende volver a ganar en su Provincia como vicegobernador para después volver como candidato presidencial, surgen varios nombres para reemplazarlo, desde su segundo, Juan Manuel Olmos, hasta la vuelta de Santiago Cafiero o Daniel Scioli.

“Ya nadie se esfuerza en preguntar. Hay un cansancio sobre la manera en que toma las decisiones el presidente  y solo hay preocupación porque todos saben que no pueden intervenir. Parecería que sabe que está solo y así se mueve”, confesó un conocedor del humor de la intimidad de Olivos.