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Mauricio Macri puede ser presidente de un país que aterra a propios y ajenos

La presentación de su libro en Mar del Plata vuelve a ponerlo en el ring y Alberto Fernández también lo posiciona cuando lo critica. No se baja, ni se mete de lleno en su candidatura, que es una posibilidad. Plantea un escenario con un cambio cultural que incomoda hasta a los propios macristas.
Mauricio Macri estuvo en Mar del Plata. Foto: Noticias Argentinas
Mauricio Macri estuvo en Mar del Plata. Foto: Noticias Argentinas

Mauricio Macri siente que es su momento, todos lo llaman y lo consultan, empresarios, inversores del exterior, dirigentes de todo el país y el extranjero. la zona de confort es total, no hay jaula de oro, ni gestión adversa. Ppina de todo sin consecuencias directas en la vida cotidiana y le dedica tiempo a sus hobbies y su familia, lo que lo hace feliz desde el día que dejó la Rosada.

Macri cree que puede ser presidente, sabe que su imagen negativa no es la que era y que la mala imagen de la gestión actual le da más chances que antes, pero la mirada atenta de su mujer es contundente: Juliana Awada no quiere que vuelve a los días de catorce horas de trabajo y estrés.

Más aún, Macri tal vez no es consciente de algo: si llegara a cumplir el sueño, tendría por delante un periodo extenso de tensiones internas propias de las estructuras anquilosadas con vicios que él conoció en su vida empresaria y que ahora pretende desterrar en el sentido más bíblico de la palabra. Dicen que evolucionó y quiere que el resto evolucione.

Macri tiene un sueño que es un peligro para su espacio político y para el país en general: una vida sin privilegios para empresarios amigos, sin favores ni círculos de ningún color que toquen la puerta de los despachos de los ministros, un país en el que hoy prácticamente no hay habitantes dado que no existe. Busca una Argentina donde no existan operadores judiciales, licitaciones a dedo, favores de dudosa legalidad y una prensa libre que sea sustentable y no dependa del poder político de turno. Macri busca un país que, de mínima, está a años luz de la realidad nacional, donde el 90% de la clase dirigente no obtendría un semi senior en el sector privado, pero llegan a ser senadores nacionales y manejar millones de dólares en contrataciones discrecionales. Los vergonzantes contratos del Congreso, por ejemplo, ¿serían parte del cambio profundo del que habla el ingeniero a sabiendas que afecta su propio espacio político?

Cuál es el nivel de cambio que está dispuesto a entregar y cuál no. ¿Está dispuesto a borrar de su teléfono y de sus contactos el de jueces, fiscales, camaristas y operadores judiciales que pudieran llegar a beneficiarlo? ¿Esperará los fallos de su espacio político a que se publiquen en la web de la Corte o el CIJ sin averiguar o mandar a sondear a un juez antes de un fallo? Cuán profundo es el cambio posible y cuál el anhelo. La expresión de deseo de un país éticamente superior al actual, sin prebendas ni favores seduce hasta el menos macrista, habrá que ver entonces, si los macristas están dispuestos a acompañar a un líder que, para salvarles la posteridad de sus hijos, los perjudique cuatro años u ocho años.

Macri busca un país donde los empleados del estado sean pocos y eficientes, estén formados, trabajen con pasión y busquen soluciones, la antítesis del prejuicio que tiene hoy buena parte de la opinión pública sobre el empleado público. Y con razón, pero esa cultura no la logró cambiar cuando Cambiemos tuvo la posibilidad, el discurso del ecuatoriano Jaime Durán Barba sedujo a la mayoría de los argentinos, pero el cambio cultural únicamente fracasó, no hay otra forma de verlo, y Macri lo sabe. 

Ahora bien, si Macri llega a tener la posibilidad de imponerse en la interna, ordenar la tropa, armar un "dream team" que lo acompañe y ganar el país, la Provincia y nueve provincias más, qué dirán los macristas que esperan el desembarco de Macri en el poder para hacer negocios, obtener favores, lograr imponerse en licitaciones, tener posicionamiento preferencial a como dé lugar. Qué pasará entonces, con ese país que espera la llegada de Macri. Podrá Macri hacerles entender que en el país que sueña no hay favores, que todos somos iguales ante la ley, que las encuestas y obras se hacen por licitación y se aprueban en un tribunal de cuentas. 

“La satisfacción radica en el esfuerzo, no en el logro, el esfuerzo total es la victoria total”, decía Ghandi. En el país que sueña Macri, hay para empezar, una parte de Juntos por el Cambio que no tiene boleto de entrada, o por lo menos, un desafío importante para explicar su nivel de vida, sin ponerse colorado.