El 2023: el año en que se define el poder de Mendoza
Rodolfo Suarez lo dice con algo de nostalgia, pero con menos culpa que hace tres años. Cuenta cómo se dejan de lado cosas personales para sentarse en ese sillón, el de gobernador de Mendoza. La familia, acompañar a su madre en los últimos años y tiempo, algo que para los mandatarios de la provincia se convierte en un eje central. Está custodiado por el cuadro de José de San Martín, esa presión que sienten todos los que llegan a cuarto piso de Casa de Gobierno. San Martín fue "gobernador" de Mendoza, estuvo poco tiempo y "cada vez gobierna mejor". Suarez mantiene su idea sobre el "trabajo" de gobernador, como si en algún momento del día pudiera colgar el saco, que se contrapone con la intensidad que demanda el cargo. "Esto es 24x7", remarca, y vuelve a recordar que para el 4 años no es nada y que es necesario que haya reelección.
Para contrarrestar el tiempo corto que le queda, el gobernador tratará en 2023 que algunos de los temas de su agenda se mantengan vigentes. Será difícil: en el último acto político del año, Alfredo Cornejo ya estaba en modo candidato para explicar las bondades del modelo que él inauguró en 2015 (nota al margen: el acto fue para mostrar que se harán trasplantes de médula en Mendoza, algo que le cambiará la vida a muchas familias). El actual senador nacional es resiliente y de promover el "Mendoexit" pasó al Modo Mendoza como "ordenador" del discurso político.
El 2023 será el año en que se definirá el poder de la provincia. Habrá al menos 6 elecciones (primarias y generales municipales; primarias y generales provinciales y primarias y generales nacionales). Aunque en lo local hay sensación de resultado cantado en gran parte por torpezas ajenas, los reordenamientos internos y los vínculos con otros agentes de decisión serán parte de la discusión.
Lo que viene
El frente político Cambia Mendoza tendrá que pelear más con sus propios demonios que con rivales externos. La intención es que en febrero tengan ordenada la arquitectura electoral y también las candidaturas. Enfrente tendrán a dos rivales con distinto volumen político, pero que incomodan igual. Omar De Marchi armó una estructura política y le dio contenido a su candidatura como aún no hace el propio radicalismo.
El dirigente del Pro tiene varias candidaturas encima, es conocido, fue elegido el mejor diputado del año y fue buen intendente en Luján. Las críticas directas que le hacen Cornejo y Suarez apuntan más a su inestabilidad interna, a la "histeria", que a su desempeño como dirigente. Y esa es una debilidad del propio discurso.

Para De Marchi también llegarán las horas del fin del histeriqueo: o se anima, o se allana. Ahora tiene sobre sus espaldas mucho más que sus propias ambiciones. El otro aliado incómodo es Luis Petri, que también fue un dirigente propio destacado en Mendoza, un aliado incondicional de Macri en la Nación y tuvo un desempeño relevante. La UCR intentó "abrocharlo" al Pro. Todos ven en Petri a alguien que quiere construir alguna candidatura desde la presión. Él lo niega, asegura que ser legislador ya no lo seduce y que quiere gobernar. El DNI le ayuda para sumar algunos intentos en los años que siguen.
Cambia Mendoza renovará forzosamente los intendentes del Gran Mendoza (menos Luján) y pondrá a prueba la continuidad: si hay proyectos de largo plazo o si la comodidad del poder le generó gula y pereza. Sin rebeldía previa, hay intriga sobre cómo se conformará la estructura política del radicalismo sin la conducción de los intendentes que se van y qué liderazgos surgen. Incluso con el propio Cornejo, que no se retirará pero cuyos brazos alguna vez van a dejar de abarcar todo. La paradoja que se maneja en el radicalismo es que el que controla todo también administrará la renovación.
El 2023 político tiene en el peronismo al sector más desorientado de todos. Así como la UCR se guio con un "patrón" que ordenaba hasta ahora (Cornejo), el PJ lo hizo con una idolatría; con el fanatismo por Cristina como eje. Para peor, es un fanatismo que algunos llevan de manera culposa.
Ese frente no tiene ningún destino político con el cierre que les cubre la boca para decir lo que piensan sobre Alberto y Cristina o al menos para marcar alguna disidencia. Como esa práctica lleva más de una década, la idea de pensar o decir distinto está negada; atrofiada en el mecanismo de construcción de sentido y de discurso en el peronismo local. Por eso solo tienen como herramientas algunas bravuconadas contra el Gobierno de Suarez, una obviedad pasada de moda. Martín Hinojosa se animó a decir que será candidato, probablemente muchos le pongan la alfombra y lo dejen solo. Pero no solo es necesario para el PJ que recuperen la autoestima y la ambición política; la provincia va camino a un discurso uniforme que es peligroso.
Como ya se ha repetido, la sobrepresentación política que tiene Mendoza genera una "aberración", un yerro en la interpretación de las cosas. Hay al menos un tercio de la población que no está representada en los estamentos de decisión. La torpeza política de quienes tienen ambición de construir ayudó a ese esquema.
Este año habrá que estar atentos además por los vínculos del Estado con otros factores de poder que son parte de la vida cotidiana. Los 1023 millones de dólares que Mendoza tiene son una oportunidad y una tentación. Hay concesiones que se renegociarán, como las eléctricas, y proyectos clave en discusión (desde la ejecución del Perilago de Potrerillos, hasta el Ecoparque y Penitentes) y la toma de deuda para pagar más deuda. Por eso el 2023 será un año donde el poder y sus vínculos se rediscutirán.


