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La "madre" de todos los problemas que marca el deterioro de Mendoza

Dentro de los indicadores sociales y económicos hay uno que marca el por qué del deterioro de Mendoza. La falta de empleo de calidad genera un efecto cascada hacia toda la comunidad. Por qué se agranda la desigualdad.

Las palabras sirven para significar, crear sentido y también para esconder. Argentina se ha colmado de neologismo, conceptos y eufemismos que sirven para hermosear las realidades dramáticas que se viven. Por eso hasta la palabra “trabajo” ha tomado una enorme relatividad porque se incluyen allí actividades y situaciones que no tienen nada que ver con el empleo. Y es el principio de una siembra compleja para el futuro inmediato.

En Mendoza, por ejemplo, no se crea empleo de calidad y menos del 40% de la población económicamente activa tiene un trabajo pleno de derechos, que garantice un mínimo de calidad de vida. Además, el 13,3% directamente está desempleada y el 24,3% tiene lo que se llama un “subempleo inestable”; es decir (para eliminar eufemismos) una simple changa que retribuye más días de hambre que de garantías. Con esa base hay una especie de teoría del derrame, pero al revés: las familias que no tienen empleos de calidad e ingresos suficientes, tras la pandemia, han empeorado su calidad de vida y no acceden a algunos de los derechos mínimos. Los pobres son más pobres.

En Mendoza no se genera empleo de calidad.

El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina difundió la última encuesta específica sobre pobreza y acceso a derechos sociales en el Gran Mendoza. Es una encuesta profunda y que tiene como virtud seguir un método; algo que permite comparaciones. Aunque a nivel general parece haber pocos cambios, cuando se hila fino aparecen los problemas. La desigualdad se acentúa, pues las carencias en las familias que ya tenían dificultades se han acentuado. Por ingresos, el 45% de la población es pobre. Pero al ampliar el concepto, 6 de cada 10 hogares tiene alguna pobreza, es decir carece de algunos de los servicios o recursos básicos para garantizar un mínimo de calidad de vida. En los sectores de menos ingresos, el 80% tiene carencias. “El efecto de la inflación y la falta de empleo estable, en el contexto del escenario pre-post COVID-19, habrían generado una situación económica crítica para amplios sectores en situación de pobreza o vulnerabilidad social en Gran Mendoza”, analizan.

Efecto cascada

La UCA analiza la pobreza a través de 6 dimensiones en las que se evalúa, además de los ingresos, el acceso a bienes y servicios básicos. Alimentación y salud; Acceso a servicios públicos, vivienda digna, acceso a la educación, medio ambiente sano, y empleo son los 6 parámetros. Allí la desigualdad se profundiza. “El problema estructural de los sectores de más bajos recursos cuyas tasas se sitúan en valores extremadamente altos: más del 85% del nivel socio-económico muy-bajo manifiesta al menos 1 carencia de derechos. Los niveles medio-alto y medio-bajo mantienen una amplia brecha entre ellos. Respecto a los hogares que presentan 2 o más carencias, todos los estratos empeoran pero el bajo lo hace con mayor intensidad y se acerca a los de muy-bajos recursos. Al analizar los hogares que presentan 3 o más carencias, se observa que empeoran los sectores bajos y muy-bajos, este último alcanzando más del 55%”, detallan.

Las seis dimensiones para evaluar la calidad de vida. 

La falta de trabajo de calidad es lo que genera el círculo nocivo del deterioro.  “En Gran Mendoza sólo el 36,6% de la población económica activa de 18 años y más logró acceder a un empleo pleno de derechos. Mientras que el 13,3% de esta población se encontraba abiertamente desempleada y el 24,3% sometida a un subempleo inestable (realizando changas, trabajos temporarios o no remunerados, o siendo beneficiarios de programas de empleo con contraprestación). Al mismo tiempo, el 25,8% contaba con un empleo regular pero precario (con niveles de ingresos superiores a los de subsistencia, pero sin afiliación alguna al Sistema de Seguridad Social)”, resumen desde la UCA.

Tras la pandemia Mendoza no se recuperó plenamente y el trabajo que se generó es de mala calidad y mal remunerado. Así, también se deterioraron otros indicadores. No desciende, por ejemplo, la cantidad de personas que sufren inseguridad alimentaria severa, es decir que saltean comidas o no comen todos los días. Los problemas educativos también se acentuaron. Un 33,2% de los encuestados tiene déficit en ese tema, con un aumento en el “rezago” educativo en el nivel primario. El efecto cascada sobre el deterioro de la calidad de vida de los mendocinos se siente y ahora está medido.