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Parrilli, el servil senador nacional que se violentó contra la Corte

En un momento en que se necesitan acuerdos y paz, Oscar Parrilli volvió a ser instrumento útil al servicio de la vicepresidenta. El curioso recorrido del representante de Neuquén, que cambia sus ideas a pedido.
Foto: Prensa Senado
Foto: Prensa Senado

La tensión política extrema y la sostenida y dañina grieta que atraviesa nuestro país requieren urgente de conductas, gestos, acciones ciertas y confiables que disminuyan el inmenso grado de conflictividad que nos agobia.

Como consecuencia directa de tal situación, atravesamos  como extremo la tentativa de magnicidio sobre la vicepresidenta. Ante tamaño dislate, afortunadamente fallido, pareció abrirse una pequeña ventana de racionalidad y responsabilidad que llevara a la dirigencia política a plantear una tregua en la confrontación diaria y debatir dialogando sobre cuestiones esenciales para la ciudadanía.

Oscar Parrilli, muy cercano a Cristina, fue uno de los más locuaces y aparentemente impulsores de esa nueva y necesaria instancia de calma. Pero fue solo otra acción hipócrita o una tentativa de desviar la atención por parte un dirigente político que dejó hace muchos años su dignidad personal en la bolsa de los residuos diarios. Obsecuente hasta lo insoportable, punching ball preferido de la ira y los agravios directos de la vicepresidenta, Parrilli ayer descargó, inexplicablemente su servilismo inconcebible, injuriando y agraviando a los miembros de la Suprema Corte de la Nación. “Mafiosos extorsionadores”, los definió con seguridad y sin dudas ni que le temblara la voz.

Esas palabras, duras, excesivas e imprudentes, van a contramano de la necesidad colectiva de los argentinos, pero son indispensables para la necesidad que centra y desvela el día a día de la vicepresidenta. Hoy, a toda costa, sin importar las necesidades ciertas y apremiantes de la patria, se requiere  encontrar un espacio seguro a un futuro que podría ser oscuro para la Señora.

Idas y vueltas

Y para ello, y en la instancia de ampliación de la Corte, planteado ayer en el Senado de la Nación y finalmente  aprobado, el servilismo de Parrilli fue funcional para continuar con el ataque y agravio directo a los miembros del supremo tribunal. Mafiosos extorsionadores les espetó. Atizando el fuego con bidones de combustible.

El momento necesitaba, para sus intereses,  de un irresponsable esfuerzo piromaníaco. La provincia de Neuquén está representada por el senador Óscar Parrilli , cuyo felpudismo todo servicio y su indignidad personal son una característica básica de su accionar político.

Un jalón más en su currículum poblado en sus “firmes y razonables convicciones en el servicio a la Nación”. En su momento fue el acalorado y convencido miembro informante de la privatización de YPF. Luego apoyó fervientemente la estatización llevada adelante por el entonces ministro Kicillof, quien aseguraba que los concesionarios españoles de entonces iban a devolver al país todo lo mal habido. Claro que, por el contrario,  se ejecutó el pago de cinco mil millones de dólares por parte de la Argentina a los despojados de la concesión. Parrilli desde el kirchnerismo duro vociferaba en pos de la reestatizacion “liberadora” de la mayor  petrolera nacional. Privatizador y estatista. Todo vale. Desde el piso, siempre a servicio.

Las necesidades ciudadanas y la hombría de bien son banales y secundarias. ¿Neuquén y sus ciudadanos se lo demandarán?