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El nuevo mandato peronista para permanecer en el poder

El peronismo y sus aliados son los únicos que tienen permitido pasar de privatizar a estatizar, de acusar a Estados Unidos de hambreadores seriales a sacarse fotos en la Embajada y demás desvaríos políticos e intelectuales sin que nada los haga modificar su ruta de permanencia en el poder.
Foto: EFE
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“Hay que bancar a Cristina, eh…”, escuchó, de repente, no como reproche pero sí como pedido, un veterano intendente del conurbano bonaerense del peronismo mientras hacía una de sus habituales caminatas por el centro comercial de su localidad, en el Oeste del Gran Buenos Aires.

Este jefe comunal, uno de los tantos que se cansó de hablar con la vice, el presidente, el gobernador y hasta con el nuevo ministro de Economía cuando todo parecía desbarrancarse para el Gobierno nacional, relacionó el episodio como “una ratificación del pedido que siempre recibimos. De unidad para que no vuelva la derecha a gobernar”.

Mientras tanto, la mayoría de sus pares, que al igual que él relojean encuetas que mandan a hacer o reciben de otras reparticiones oficialistas, saben que la “única que mueve el amperímetro es Cristina. En mi distrito supera el 45% de los votos”, asume un aliado de Máximo Kirchner en el entramado oficialista bonaerense.

Guste o no, para quienes siempre pretendían emanciparse del peso que significaba la “señora y su hijo”, billetera mata galán. Y por más que hayan dibujado miles de esquemas sin la supervisación del Instituto Patria, como amagaron en 2016, 2017 y con el nonato albertismo, el imán de los votos terminan pegándolos y quedando a merced de las condiciones que Cristina Fernández de Kirchner impone.

Para agudizar la “prisión” de la que no se pueden escapar se suma la imagen de Axel Kicillof, el mejor de los posibles candidatos oficialistas para disputar la provincia de Buenos Aires. Si bien hay muchísimos aspirantes a sucederlo o a secundarlo, según cómo terminen las negociaciones, todo se resolverá por una simple decisión. La que adopte la jefa central de la alianza oficialista.

Sin embargo, también habrá que ver cómo actuará la actual vicegobernadora, Verónica Maggario, quien más de una vez se tienta en volver a ser jefa comunal de La Matanza y reemplazar a Fernando Espinosa, en un duro enfrentamiento con La Cámpora y el Movimiento Evita de Emilio Pérsico. Esa también será otra durísima negociación.

Mientras que Sergio Massa hace que no pertenece a este gobierno, y sus socios se lo permiten, por debajo de las altas cumbres frentetodista la incertidumbre reina y nadie quiere hacer más que lo que le convenga en lo inmediato. Cuidar los territorios en caso de gobernadores e intendentes o forzar una nueva distribución del juego tras el fracaso que tuvo La Cámpora y la vicepresidenta en el formato elegido para competir en 2019.

La suspensión de las PASO, la reaparición de la Ley de Lemas y otros procedimientos ya encaminados en varias provincias del interior chocan contra la necesidad en el distrito más preciado, la provincia de Buenos Aires, donde nada hace suponer que puedan evitar esta competencia primaria que dejaría en serio riesgo de fractura a la coalición opositora.

Para eso cuenta con la indudable complicidad y apoyo de Javier Milei, cuyos operadores ya han hablado con todos los jefes territoriales peronistas para “entregar las listas de candidatos locales” a cambio de que la boleta presidencial del libertario permanezca intacta. El cálculo que realizan los “Kikuchi boys” es que al peronismo kirchnerista le sirve sobremanera que haya una alternativa de votos que le resten, por derecha y por anti k, a Juntos.

Tal cual lo hicieron otros oportunamente, por ejemplo Aldo Rico en 1993, Luis Patti seis años después o Francisco De Narváez en 2009, quienes concedieron varios lugares legislativos bonaerenses y primeras nóminas locales a cambio de que el peronismo le permita competir en libertad, parece que ahora Milei repetiría este esquema. Al no haber lugar para todos, algún “amigo” podría colarse en listas supuestamente opositoras y el negocio es punta-punta.

“Es una locura. Nos quieren encastrar siempre”, le dijo a MDZ un dirigente que cuida al volcánico economista que pone en crisis a las dos alianzas mayoritarias.