Sergio Massa, el ministro "autónomo" que desubica a quienes le pidieron ayuda
Sergio Massa está terminando su gira por los Estados Unidos, la cual le está dando al Gobierno nacional un poco de calma y, a su vez, está descolocando a la oposición porque sus pasos son en el mismo sentido que venía reclamando Juntos por el Cambio acerca de racionalidad económica y política, modificando los aliados naturales y estratégicos de Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof en materia internacional.
Estados Unidos, sus organismos oficiales, las entidades financieras internacionales de crédito y hasta la banca privada lo saludaron como un “salvador”, aunque está lejos de serlo. En todo caso, parece tener más avales que su antecesor, Martín Guzmán, quien pretendía hacer casi lo mismo que está haciendo el nuevo ministro pero no lo dejaron por la pertinaz y durísima oposición de la vicepresidenta y su hijo, al cual acompañó el ahora encargado de la economía argentina.
¿Entra todo esto en contradicciones directas a los pensamientos económicos y políticos de Kicillof, Cristina Fernández de Kirchner y Máximo Kirchner? Efectivamente sí. Y Massa lo sabe, como también está convencido que otro camino no hay y que sería un tiro en la sien si lo criticaran o le bajaran el pulgar abiertamente en estos momentos.
Por eso asumió que debe correrse de toda la discusión política interna y trabajar para modificar sustancialmente la imagen del Gobierno a nivel internacional. Internamente, sus límites son mucho más precisos. A la desconfianza de sus socios le siguen las contramarchas que el propio oficialismo le genera con decisiones de las que él prefiere estar lejos aunque todos sospechan que conoce, como la resolución del BCRA en la que se apuntó contra los sectores agropecuarios que liquidaron con el dólar soja.
Mientras tanto, la economía lastima por la galopante inflación. Los alimentos subieron más que los índices oficiales del Indec, fundamentalmente en productos frescos y alimentos y esparcimiento.
La visión “optimista” del ala que menos adhiere al sistema de soluciones adoptadas por Massa y su equipo es que luego de esta “acumulación de reservas” se vuelva, a principios del año próximo, con un criterio más directo para “ganar la elección”, es decir, “ponerle platita en el bolsillo a la gente”, tal cual reclamó, hace un año, Daniel Gollan.
Sin embargo, como diría la vicepresidenta de la Nación, “esto no es magia” y eso lo visualizan la mayoría de los funcionarios nacionales a los que se les hace muy difícil avanzar en la concreción de los proyectos prefijados. Las firmas escasean, las dudas arrasan y nadie se anima a dar curso con una orden de compra, un pago para cualquier tipo de obra o emprendimiento.
“Sabés lo lejos que estamos de ser un gobierno peronista”, se lamentaba, antes de entrar al acto en conmemoración del 100 aniversario del natalicio de Antonio Cafiero un reconocido dirigente que no siempre militó con él. “Nos falta solidaridad, empatía y saber que el otro es un compañero, no un extraño”, decía casi a los gritos para que los demás lo escucharan.
Y, efectivamente, no sólo lo hicieron sino que adhirieron a sus palabras. Es más. Hasta fue reivindicada la figura de quien lo sepultó políticamente. “El Turco (Carlos) Menem, cuando le ganó, nos llamó a todos. A todos, y a cada uno, nos dejó seguir trabajando. Andá a decirle a Máximo o a Cristina que lo hagan, imposible”, dijo un funcionario nacional entre risas y exclamaciones cómplices. Esa complicidad que no existe para disputar el poder.
La idea de recordar a Cafiero surgió como un reencuentro de los peronistas. Una excusa para exponer la importancia de ese pasado que ya no volverá. No sólo porque sus herederos distan de tener su capacidad intelectual y política, sino que, además, porque la comodidad del poder los envolvió a todos los que dicen "animémonos y vayan".


