Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri nunca estuvieron tan cerca como ahora
Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner deberían hacer un anuncio. Que ninguno de los dos será candidato a presidente de la Nación y que harán todo lo que puedan en pos de buscar acuerdos elementales para que el país pare de derrapar hacia un precipicio del cual será imposible salir.
Esto no sucederá. Cada uno tiene un grupo duro que los necesita y ellos mismos se ven como espejos de sí mismos. Es muy poco probable que la actual vicepresidenta y el expresidente tomen actitudes altruistas. No se los ve con ese don.
Máximo Kirchner dejó en claro, en más de un encuentro cerrado, que no dejarán un espacio por ocupar. ¿Eso será, también, la candidatura presidencial? Por lo pronto, están dispuestos a colocar diputados y senadores nacionales y provinciales en cada casillero que crean necesario e imprescindible. ¿Los gobernadores e intendentes? Si protestan, que compitan contra ella. Nadie se animará.
Si será candidata a senadora nacional es una anécdota por estas horas. ¿Fueros para qué? Si no creen en la Justicia y mucho menos en este sistema institucional que califican nacido hace cuatro siglos. Además, antes de ser juzgada y encarcelada, estará la guardia civil que impedirá cualquier cosa y, además, por su edad no irá a la cárcel.
Por su parte, Sergio Massa no duda que su futuro está dentro del Frente de Todos. Las amenazas previas a su nombramiento quedaron guardadas y clausuradas. Aún confía en su poder de persuasión para aparecer como el referente más confiable de todos los peronistas y kirchneristas, aunque hoy se muestre mucho más liberal y pro yanqui de lo que le gustaría ver a Axel Kicillof y a la propia vicepresidenta.
Salvo un complot directo en su contra, que provendría de sus aliados que no podrían escapar del síndrome del Escorpión, su posición como única esperanza para sacar la economía a flote lo hace ir armando condiciones para que nadie dude de su próxima candidatura.
Macri, en tanto, quiere condicionar a todos y aparecer como el “gran elector”. Esto lo vió mucho más rápido Patricia Bullrich que Horacio Rodríguez Larreta, quien sigue trabajando únicamente para conseguir su bendición.
Por más que aparezca “queriendo romper lanzas y emanciparse, sabe cómo nadie como es el sistema. El PRO es Macri”, reflexionaban los armadores del encuentro que se hará en Tres de Febrero del alcalde con los “territoriales”, presuntos candidatos que a intendentes que quieren ganar en los municipios del conurbano.
El encuentro es una continuidad del primero realizado hace cuarenta días en Pilar, donde varios fueron porque no tenían otra y varios otros fueron amenazados después por haber estado. En el encuentro de mañana, a realizarse en el Golf San Martín de Villa Raffo, en Caseros, Diego Valenzuela actuará de anfitrión y presentador de planes que él ya está implementando.
El candidato “natural”, Diego Santilli, tiene que estar atento, siempre, de los pedidos y reclamos que le realzan sus aliados intendentes, aunque muchos no lo apoyen abiertamente. Por eso hubo más que una recriminación de los aliados originales cuando en el listado de la juntada de Tres de Febrero aparecieron dirigentes que nunca ganaron una interna y que además trabajan con su competidor directo, Cristian Ritondo.
Los radicales, por su parte, saben, íntimamente, que tienen que hacer todo lo posible para despegarse lo máximo posible del PRO pero que al final Juntos por el Cambio es la herramienta electoral que los encontrará unidos. El único que expone siempre más que una duda es Facundo Manes, quien cree que las responsabilidades por los fracasos argentinos tienen más que ver en las ideas neoliberales que con otras que hoy critican sus propios aliados.
Ernesto Sanz se lo dejó en claro a un puñado de radicales bonaerenses y porteños con los cuales habló hace unos diez días. Por su parte, el neurocientífico lo único que exige es que “le den reglas claras para competir” y que nunca romperá a la oposición.
Gerardo Morales, quien sabe más que muchos del manejo del poder, conoce los límites de los enojos y las posturas públicas. Su figura parece ser reconocida por la mayoría de sus correligionarios, aunque no tenga la impronta pública y personal de Manes, que hasta ahora es sólo un excelente dirigente para presentar en sociedad, que produjo una revolución en el radicalismo, pero tras un año de su llegada, no tiene un armado propio.


