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Día clave para tarifas mientras un peligroso humo nos rodea

Desde hoy todos los argentinos conocerán en qué medida les impacta el tarifazo. El Gobierno sigue con su estrategia de esquivar un ajuste real. Cristina Fernández de Kirchner hace lo propio y alimenta su realidad paralela.
Foto: Prensa Diputados
Foto: Prensa Diputados

Llegó el momento de la verdad, el humo comenzará a dispersarse. Desde hoy todos los argentinos tienen acceso a los nuevos cuadros tarifarios y se sabrá entonces cuánto pagará cada uno por los servicios de luz, gas o agua. No es una irracionalidad el aumento; de hecho debe ser el único acto racional de este Gobierno. El problema es que el kirchnerismo, y con él todo el peronismo, sigue intentando ocultar el tarifazo dentro de una cantidad de subterfugios para evitar reconocer lo inevitable: que los servicios deben pagarse lo que valen, aquí y en cualquier lugar del mundo, y que el retraso forzado de tarifas solo provoca bombas de tiempo que en algún momento deben explotar.

El kirchnerismo inventó en épocas de Néstor Kirchner los subsidios al consumo de energía, algo que hasta ese momento no existía. Eran los tiempos del inicio de un populismo demagógico que luego fue in crescendo hasta llegar a una proporción irracional: en el 2015, cuando Cristina Fernández de Kirchner dejó la Casa Rosada el Estado se hacía cargo de casi el 85% del valor de la energía que consumían los argentinos; solo el 15% iba a la factura que recibía cada usuario en su casa. Esta crisis es la hija directa de ese desmanejo.

Entre la suba de tarifas y la realidad hay una cortina de humo que es alegremente alimentada por varios sectores del Gobierno. Sergio Massa está llevando adelante un curioso ejercicio del supuesto recorte de gastos que se publicita como mensaje hacia el exterior, pero que se vende solo como una reorganización de partidas para que no estalle más fuerte la protesta desde la tribuna kirchnerista.

En realidad, ninguna de esas dos versiones del mismo tema son ciertas. Massa anunció un recorte de gastos del Estado que piensa llevar a Washington como prenda del cumplimiento con el FMI por $210.000 millones. De ese monto, se dice, $128.000 millones irán a pagar obligaciones del Tesoro nacional y $82.000 millones para “Asistencia en Servicios Económicos”. La motosierra que quiere mostrar el Gobierno pasó por Educación, Desarrollo Productivo, Transporte y Obras Públicas y se la explica como un ordenamiento de la cuentas públicas en medio de los alaridos que emite parte del kirchnerismo duro que no acepta recortar una moneda del gasto público.

El problema, o el “humo” en este caso, es que esos $210.000 millones son insignificantes para las necesidades reales de ajuste que tiene la economía argentina y más cuando se los compara con el Presupuesto vigente, reconducido del 2021 para este año, ya que no se votó la ley.

Los números son elocuentes. En el Presupuesto 2021 el gasto total aprobado fue de  $13.336.520.431.311. Es decir, $13,3 billones, frente los insignificantes $210.000 millones que generan la discusión que hoy se presenta como esencial.

El recorte, ajuste, o como se lo quiera llamar, entonces no pasa hoy por esa poda sino por el tarifazo que llega el octubre a cada casa y por las artes que Miguel Pesce pueda desplegar en el Banco Central mientras reina la desesperación por las reservas.

Cristina Fernández de Kirchner no es ajena a esta estrategia del humo para ocultar realidades, todo lo contrario. La vicepresidenta, por si hace falta recordarlo, está alentando protestas, denunciando supuestos golpes del Poder Judicial en su contra y llevando la crisis política del Frente de Todos al debate de la calle, metiendo al peronismo todo dentro de su causa judicial. Por si hacía falta algún elemento extra, reunió a sus bloques en el Congreso y frente a ellos denunció que todo lo que dice la Constitución Nacional sobre la autonomía porteña en realidad no existe.

Ese ejercicio de negación de la realidad no es nuevo en el kirchnerismo y, debe decirse, tampoco en el peronismo. Este “humo” seguirá multiplicándose con estrategias varias ya que queda por delante nada menos que la lectura de la sentencia misma en la causa Vialidad que originó la estallido de la crisis de los últimos días. Y en lo económico viene de aquí a fin de año una larga lista de malas noticias, sobre todo en materia de inflación y pérdida del poder adquisitivo. 

Una vez más el peronismo cayó en la misma trampa de seducción que le tendieron en varias ocasiones los jefes de turno. Cuando el PJ huele peligro apela siempre a la unidad, sea cual fuere su costo. La elección del 2019 fue una prueba de eso. Hoy el peronismo, por silencio o por acción, está convalidando tanto la estrategia de Cristina para intentar frenar su camino judicial, como la de Massa que fue llevado al ministerio de Economía para simular un cambio de Gobierno que no es. El peligro es que no solo el oficialismo se confunda con tanto "humo", sino también la oposición en todas sus vertientes.