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La capitalización de Buenos Aires: el origen de todos los males

La historia es compleja y llena de fuerzas contrarias y convergentes, pero la realidad habla por sus propias consecuencias
Vista aérea de la Avenida 9 de JulioFoto GCBA
Vista aérea de la Avenida 9 de Julio Foto GCBA

En la historia argentina, y particularmente en estos últimos años, se ha construido una fábula. Un nuevo capítulo de una extensa novela en la cual por su propia inercia, y por gestión de diseño institucional, culpa a la ciudad de Buenos Aires, como entidad “cuasi humana” de los problemas de federalismo de la República Argentina.

Una sátira endogámica, repetida por gobernadores con tonos de los más variopintos, que proponen en algunos casos, sin tener en cuenta las maldiciones prometidas por la Constitución Nacional en su artículo 13. La sedición parece ser la respuesta de la mayoría de los toritos del interior. Gobiernos de poca lectura jurídica han hecho declaraciones altisonantes y así han aparecido graciosamente conceptos como el Cordobexit o el Mendoexit y algunos gobiernos patagónicos han suscitado todo tipo de teorías inflamables como el helio para demostrar una supuesta “superioridad administrativa” por sobre el conjunto.

Foto "UBA"

La constitución de 1853 establece en su artículo 3 que la Nación debe tener a su gobierno federal en un territorio cedido por una provincia y que esta va a ser la capital de todos los argentinos. Como siempre, en estos textos pensados y desarrollados por los teoréticos de las leyes, esconden herramientas para los fines políticos de los poderes que lideran los procesos.

“El presidente de la Nación Argentina, los presidentes de las Cámaras Legislativas y el presidente de la Corte Suprema de Justicia prestan juramento en un mismo acto el día 24 de agosto de 1994, en el Palacio San José, Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos.” Reza la disposición transitoria de la reforma del 94, como una consecuente continuidad lineal del federalismo que Urquiza promociona aliándose con fuerzas extranjeras. Es notable que siga siendo ese el “norte” de hoy un ya demostrado proceso político fallido de federalismo.

La teoría del poder le dio a la generación de los  80 la justificación de descuartizar a la provincia de Buenos Aires, como prenda de la derrota de CaserosEl pacto de San José de Flores, hizo que Buenos Aires aceptara su reincorporación a la República Argentina y aceptara nacionalizar su aduana además de jurar la constitución

Foto "Efemérides Argentinas"

En ese momento Carlos Tejedor y Juan Bautista Peña, los enviados a la reunión y signatarios del pacto no pensaron que una de sus cláusulas iba a ser vulnerada años después por las provincias de la confederación. Era un acuerdo que el presidente Derqui había aceptado y era la no federalización de la ciudad capital de la provincia de Buenos Aires, hoy conocida como CABA, para beneplácito y regodeo de Justo José de Urquiza. 

Esta anomalía fue llevada a la realidad por un prócer no menos discutido que generó la mejor y la peor circunstancia territorial de Argentina en el mismo momento. Julio Argentino Roca. Con su conquista del desierto terminó de establecer los límites territoriales de nuestra nación y con la federalización de la Ciudad de Buenos Aires generó un laberinto del cual no podemos salir. El problema que profundizó la reforma constitucional de 1994, los tres gobiernos más relevantes, política y económicamente en argentina, se encuentran a menos de 60 kilómetros de distancia.

La trifecta, Nación, CABA y La Plata, produce un descalabro político de dimensiones probadas y muy nocivas para el federalismo nacional. Nada de lo que resultó del sueño federal de los padres de la patria se parece a lo que hoy tenemos como estructura de diseño demográfico y político.  Tema realmente fuera de agenda y que determina una imposibilidad intrínseca para el normal desarrollo del federalismo hoy queda a flor de piel es trifulcas entre los que están sin lugar a dudas, llevando a nuestra querida argentina a un lugar sin retorno.

La ciudad de Buenos Aires tendría que ser restituida como parte de la provincia de Buenos Aires y ser nombrada capital provincial nuevamente. La capital federal de la Nación debería buscar un nuevo destino distante y relevante, propuesto por el Congreso Nacional, permitiendo así desintoxicarse y generar un nuevo espacio vital para el concentrado poder que produce una macrocefalia hoy ya insostenible.

Agustín O' Reilly