Es imperioso trabajar en lo estructural y en el futuro
La zozobra continua en el devenir del día a día prácticamente ocupa y completa la agenda de trabajo del Gobierno y condiciona la mirada futura y los proyectos de inversión de los actores privados, esenciales para impulsar la economía y generar trabajo genuino.
Alta inflación, cepos paralizantes, burocracia exasperante e ineficiente, movilizaciones, piquetes, inseguridad, falta de
previsibilidad, limitado acceso al crédito y a tasas estrafalarias, sumado a la presión impositiva elevada y asfixiante (están previendo adelantar el pago del impuesto a las Ganancias), son algunas de las “delicias diarias" en la que transita la economía de los argentinos.
Este marco, que ahoga e imposibilita el desarrollo, hace que el devenir cotidiano del Gobierno sea el de sobrellevar “como se pueda" las desventuras cotidianas y sea poco, demasiado poco, el foco que se pone en ideas, proyectos y trabajo en la mejora estructural, planificación a futuro, innovación productiva y retos desafiantes posibilitadores de mejora y progreso futuro. La gran mayoría de la actividad privada lucha por sobrevivir, capear el torbellino económico permanente, mientras la planificación y la mirada futura innovadora y con agregado de valor está suspendida o paralizada sin perspectiva de comienzo.
En contexto
El Estado tiene una gestión casi de tipo municipal. Parafraseando la vieja consigna: "alumbrado, barrido y limpieza", aunque con la curiosa acumulación de plazos fijos para solventar el pago de salarios. Esa es la actividad prioritaria que ocupa mayoritariamente su día a día. Subejecución del presupuesto en la obra pública, escasa inversión en infraestructura productiva y poca relación entre el mundo privado emprendedor y el aparato estatal, condicionan y limitan la mirada y un plan ambicioso y superador de lo instantáneo y árido para impulsar un futuro más prometedor y de bonanza y crecimiento.
El peso de la dura realidad y el desatino no deben superar y ahogar el espíritu creativo
Estado y mundo privado (empresas, emprendedores), sindicatos, organizaciones civiles, la academia, entre los principales
actores, deben enfrentar con espíritu, convicción, fortaleza y entusiasmo la tarea restauradora. En paralelo a la inmensa dificultad del diario devenir, debe coexistir e imponerse una agenda de desarrollo, crecimiento, innovación y posibilidades concretas de un mejor y digno futuro.
El peso de la dura realidad y el desatino corriente no deben superar y ahogar el espíritu creativo y la fortaleza de los actores más
importantes. Los servidores públicos, los de mayor responsabilidad en esta crisis agónica, deben salir de su letargo surfeador y comprometer su labor y espíritu patriótico. Los ciudadanos deben sobrellevar la depresión, reclamar y aportar esfuerzo, ideas, riesgo y compromiso. Sin una actitud firme, convencida, inteligente, concreta e irrenunciable, la indignidad y dificultad extrema en que transcurre la vida diaria se profundizará.
La caída no tiene límites. Solamente con un abordaje colectivo, entre todos se puede detener y comenzar la indispensable recuperación. No pueden vencer la incapacidad, la falta de compromiso, la corrupción, el dogmatismo y los relatos inverosímiles y desopilantes. No hay tiempo de demoras para comenzar la tarea reconstructiva para conseguir dignidad y mejores condiciones de vida. La apatía, el desinterés, las excusas, el no comprometerse, no es de ciudadanos libres y solidarios. Es tiempo de demanda, acción eficiente y conducta clara e involucrada. Es ahora.

