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Cuál es la lección del Reino Unido que podría copiar la Argentina

En el mundo hay un aumento de la inflación que pone en alerta a muchos países. Son niveles insignificantes para la realidad argentina. Sin embargo, hay una reacción social para frenar la pérdida del poder de la moneda, como sucede en el Reino Unido. Muy distinto a lo que pasa en el país.

Mientras la Argentina está entregada a perecer como consecuencia de la inflación, en estos días hay un caso que muestra las distintas actitudes que tienen otras sociedades frente a ese flagelo.

En el Reino Unido se vivió la tercera jornada de huelga del transporte público contra la fuerte inflación y la pérdida de poder adquisitivo.

Se trata del mayor movimiento de huelga en décadas por la suba de precios que, en julio, alcanzó el 10,1% interanual y que podría superar el 13% en octubre, según la estimación oficial del Banco de Inglaterra. En los últimos días, Londres vio paralizado todo el sistema ferroviario y de subte.

El aumento del costo de vida, comparado con los niveles locales, luce como insignificante. Sin embargo, para países que aprendieron a vivir si esa constante degradación de su moneda y sus ingresos es suficiente para encender la luz de alarma.

Un 10% de inflación anual sería un éxito para cualquier gobierno en la Argentina. En otros países es una tragedia. Este no es un problema actual. Viene desde largo tiempo.

Las protestas por la alta inflación se han convertido en moneda corriente en el Reino Unido.

Al primer estallido inflacionario de magnitud, con el “Rodrigazo” de los 70, le siguieron las hiperinflaciones del 89 y del 90. Tras la salida de la convertibilidad, que había puesto una pausa al desmadre de los precios, la sociedad se volvió entregar mansamente a la pérdida de valor de su moneda, como un sino trágico. Sin darse cuenta que no reaccionar ante las primeras señales de descontrol hará que sea más difícil cualquier intento de solución.

Si bien el caso del Reino Unido hoy es un ejemplo, la historia reciente muestra cómo actuaron otros países ante el desborde de este síntoma de descomposición económica.

Australia, Israel o Irlanda son países que, entre finales de los 70 y comienzo de los 80, vivieron la misma situación que la Argentina, motivada por el abultado déficit fiscal. En términos simples, gastar más de lo que generaban.

En los tres casos se implementaron profundas reformas que permitieron, con menor o mayor rapidez, dejar el problema atrás. Se tomaron medidas y, casi tan importante como eso, se sostuvieron en el tiempo. Una constancia que a la Argentina le falta.

No fueron hechos aislados. El mundo de aquellos años eran inflacionario y, con distintos niveles, afectaba a muchos países. Incluso a la Argentina. La diferencia era que en ese momento el país se encontraba en un contexto internacional que podía justificar su situación. Era lo normal. Hoy, tener inflación es la excepción.

Es cierto que lo que sucede en el Reino Unido también tiene intereses políticos y forma parte de la lógica disputa entre gremios y gobierno.  La medida de fuerza la llevan a cabo los sindicatos Rail, Maritime and Transport (RMT); Transport Salaried Staffs Association (TSSA) y Unite.

El ministro de Transporte, Grant Shapps, acusado de bloquear la situación, culpó a los gremios de negarse a aceptar reformas para modernizar el sector y aseguró que podrían ser impuestas por la fuerza. Esta situación se repite en todos los lugares donde hay un rebrote inflacionario.

Esta semana, el sindicalismo argentino hizo una marcha que aún hoy es difícil de interpretar. Lo único que estaba claro es que no fue un reclamo al Gobierno nacional, como sí lo hubiese sido si gobernara otro color político, pero lejos están tanto este sector, como los funcionarios y, en cierta forma la sociedad, de enfrentar a la inflación de forma seria, con la gravedad de este mal requiere, como sucede casi en todo el mundo. Más parecen estar dispuestos a convivir con sus efectos con una resignación incompresible.