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La tregua condicionada que planteó Cristina Kirchner por temor al futuro

La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner dijo que "quiere ayudar", pero que no se quedará callada para decir lo que piensa. Denunció que Guzmán buscó desestabilizar al presidente. El temor por la agudización de la crisis.

"Yo quiero ayudar", dijo Cristina Fernández de Kirchner, obviando por omisión que es vicepresidenta de la Nación y que su ayuda no debería ser un acto de voluntarismo como dejó traslucir, sino una obligación de Estado. Mucho más al tratarse de una vicepresidenta con más poder político, respaldo e influencia que el propio presidente Alberto Fernández. 

Cristina levantó una bandera blanca en la guerra fría interna del Gobierno, pero con una mano escondida. Planteó una tregua, pero una tregua condicionada. El "ayudo pero no me callo" llegó luego de haber decretado verbalmente qué debía hacer el el Gobierno del que es parte pero toma distancia respecto a los empresarios que remarcan los precios. "Créanme, yo quiero ayudar. Pero ayudar no es callarse la boca y esconder la mugre bajo la alfombra. Se ayuda diciendo la verdad. Si estoy equivocada que me convenzan", dijo como conclusión. 

La palabra de Cristina Fernández de Kirchner era esperada con expectativa y temor. Lo sabía ella: con la teatralidad que la caracteriza no esquivó esa impronta sino que la tomó para si guión improvisado: "No voy a revolear ningún ministro", dijo. Claro, sus dos discursos anteriores habían sido lacerantes. Habló en el aniversario de YPF y a los pocos días echaron a Matías Kulfas. Habló el sábado y renunció Martín Guzmán. Claro que el momento elegido por el extitular de Hacienda tuvo más olor a estrategia y venganza personal por el hostigamiento previo que a consecuencia de discurso de la vice. 

Cristina, de espalda. 

En su discurso, la Vicepresidenta resaltó que el más perjudicado fue el propio Presidente y hasta acusó que fue un acto de desestabilización institucional. "Es de inmensa ingratitud hacia el Presidente que ha bancado a ese ministro como a nadie", dijo Cristina. Sus palabras están atadas a lo que dijo su hijo Máximo Kirchner ayer, cuando cuestionó a quienes habían respaldado a Guzmán en detrimento de Cristina. Justamente ella fue quien cerró el círculo argumentativo para reprocharle a Alberto Fernández haber sostenido a Guzmán por tanto tiempo.

El mensaje tuvo matices más cautos respecto a otros discursos recientes. Quizá la magnitud de la crisis y el diálogo entre ella, Alberto, Sergio Massa y otros dirigentes del Frente de Todos pueda haber resultado. Algo de eso transparentó porque describió un futuro complejo. Por eso mencionó que "gane quien gane en 2023 ni Mandrake el mago" arregla la Argentina si no hay algún acuerdo, principalmente sobre la economía "bimonetaria". 

Buena parte del diagnóstico que trazó Cristina es compartido, aún fuera del Frente de Todos. El problema es lo que hay que hacer para solucionar los problemas. "Cuando fueron las diferencias por el acuerdo con el Fondo, todo el arco político, periodístico y establishment salió a hablar de la racionalidad del ministro. Y ¿Quién era la irracional?(se señaló así misma). Más que apoyar a lo que decía el ministro era enfrentar a las personas. Hace años que no discutimos políticas sino personas", dijo Cristina. 

Uno de los ejemplos se da con el pedido de acuerdos que la Vicepresidenta propone, pero que a la vez mina con sus palabras y acciones. Por las dudas, aclaró: "Yo hablo por mí, así como no permito que nadie hable por mí". Es así y l ella lo sabe: cuando habla, hay quienes tiemblan, sobre todo en Casa Rosada.