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Crisis interna: el PRO, en estado de desconfianza y traición inminente

El principal partido de Juntos de la provincia de Buenos Aires no ha podido reemplazar la conducción que con aciertos y defectos llevaban Maxi Abad, Jorge Macri y Joaquín de la Torre. La actual situación, con precandidaturas particulares lanzadas, genera todo tipo de roces y desconfianzas.
Foto: Twitter Diego Santilli
Foto: Twitter Diego Santilli

Días atrás, el subsecretario de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, César Torres, tuiteó con su habitual ironía y desparpajo: "Cómo puede ser que ahora haya tantos fichas no tan limpias" y "muchos de los que hoy likean o dan RT a un video para esquilmar a un precandidato a gobernador, hacían cola hace menos de ocho meses para que los tuviera en cuenta y otros tanto se lavalizaron. Esos mismos, o casi todos ahora desconocen un triunfo categórico contra todos los K juntos".

La referencia sobre el precandidato, claramente, es Diego Santilli, a quien casi todos los que ahora pretenden instalarse lo recibieron como a un enviado del papa Francisco. Ahora parece que no lo es tanto. Eran momentos donde todos querían jubilar a Mauricio Macri, a quien ya le habían cortado boleta, mucho menos querían volver a escuchar de María Eugenia Vidal y creían que Horacio Rodríguez Larreta era el candidato natural.

El lunes de la semana pasada, Cristian Ritondo se presentó en San Fernando junto con su jefe de campaña bonaerense Alex Campbell y el viernes estuvo en San Miguel junto con el intendente Jaime Méndez, aliado estratégico de Joaquín De la Torre. "Lo quieren destornillar al 'Colo'", dijo un experimentado legislador, de los poco que tiene el PRO. "Y en esto también habrá que ver qué hace Horacio (Rodríguez Larreta) ante la presión. No sea cosa que se parezca a Alberto (Fernández) en esto también", agregó, con más dudas que certezas.

Mientras tanto, Julio Garro se subió a un ring junto con la campeona de boxeo Alejandra "Locomotora" Oliveras y el periodista especializado Osvaldo Príncipi, en el lanzamiento de "La Garra". Todos mostrándose arriba de un ring de boxeo. ¿Cuál sería el metamensaje? Nadie lo pudo explicar. Mucho menos si sigue siendo parte de Hacemos o no. 

Pero lo que dice Torres, hoy acompañando a su amigo y jefe político Jorge Macri en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Airesno deja de ser una patada en el hígado para buena parte de la dirigencia PRO de la provincia de Buenos Aires que, primero a través de "los territoriales" que el propio Campbell vía María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta representaban, y luego con el corrimiento de todos los intendentes que dejaron la "Dorrego", terminaron apoyando a Diego Santilli y transformaron a Néstor Grindetti en el jefe de campaña de la victoriosa elección.

Al margen habían quedado sólo los "Dorrego" que tenían a Jorge Macri, Joaquín De la Torre y los intendentes radicales representados en el diputado y presidente partidario Maxi Abad, que semanas antes habían dicho que no aceptarían intromisiones porteñas. La mayoría también cambió a una semana del cierre de listas y cada cual consiguió lo suyo. Todos, pero ya no Juntos.

Jorge Macri fue a la Ciudad. Joaquín De la Torre encabezó la lista de Facundo Manes en la Primera Sección bonaerense, su zona de influencia y Diego Valenzuela, Julio Garro y Néstor Grindetti también consiguieron los lugares que estaban en discusión.

Santilli, peronista de origen, nació con el pecado original pero la victoria del año pasado junto con Facundo Manes le dio algo que no tenía pero que todos sabían que pasaría. Un boleto para la gobernación que ahora, los originalmente bonaerenses, le vuelven a querer cobrar por el pase. 

De la Torre puede seguir trabajando como líbero por una sola cuestión. Lo dejaron bastante solo en todas las discusiones institucionales, desde que asumió como senador provincial, hasta en la política. En cierta forma, es casi como Facundo Cabral en el espacio, no es de aquí ni es de allá.

Sin embargo, eso no lo transforma en árbitro de la interna salvo que, como sucede, le den ese rol. Pero tampoco le es fácil aceptar que todos quieran armar una línea peronista que contenga a los descontentos del movimiento creado por Juan Perón cuando él es uno de los mejores representantes que se independizó en 2013. 

Los intendentes que ganaron las elecciones de 2019 y sus legislativas de 2021 con la salida de Jorge Macri de la cotidianeidad PRO quisieron armar una mesa colegiada, que duró sólo una reunión. "El problema llegó cuando tuvieron que pagar la cuenta. Cuando vino la cuenta, se la mandaron a quien organizó y convocó, que tuvo que recibir ayuda para pagar los gastos".

Efectivamente, "eso no pasaba cuando Macri estaba acá. Él mandaba, ejecutaba e imponía la agenda, pero también pagaba la cuenta", ejemplificó uno de los que estuvo en aquel encuentro.

Si es por pagar, Rodríguez Larreta no tiene inconvenientes. Pero sí falla al momento de imponer las reglas de juego. "Él cree que luego, en algún momento, los va a necesitar a todos", dice uno de sus operadores preferidos. 

Todo lo que está sucediendo desde el año pasado en el partido que creó Mauricio Macri en la provincia de Buenos Aires deja un interrogante para el futuro inmediato, porque si son capaces de forzar discusiones casi lejos de todo código cuando pueden llegar al poder, qué pasará cuando estén en él. El Frente de Todos ya está mostrando cuando se alcanza la cima con rencores guardados.