Un Gobierno que pierde legitimidad
Ningún argentino de trabajo está contento con su situación actual y la depreciación del peso no tiene que ver solamente con la falta de respaldo de su valor sino también con la falta de un plan solvente que pueda enderezar la economía nacional. La mayoría de los argentinos cree que va a estar peor en el futuro en términos económicos.

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La renuncia de Martin Guzmán nos lleva sin paradas a la charla de Carlos Melconian con Cristina Kirchner y la visión sobre la gestión económica de la argentina. Los tres básicos son precios, dólar y la actividad. Melconian ha expresado en varios foros que la economía del país está perdiendo nuevamente vientos de cola importantes en términos de precio de los comodities, la reactivación de muchos sectores postpandemia. Subsidios y energía y otros problemas nunca encaminados por el exministro Guzmán.
De todas maneras, esta crisis institucional ya ha abandonado el plano económico y ha pasado a ser el comienzo de una debacle política que puede terminar con el panorama de partidos políticos y alianzas según lo conocemos hoy. La coalición de gobierno no tiene más legitimidad de ejercicio, es decir que el ciudadano no cree que ninguna decisión que tome el presidente, la vicepresidenta o su gabinete es capaz de modificar la realidad compleja social y económica.
Sin lugar a duda, el mayor capital que se está consumiendo este gobierno es la capacidad de gobernar de cualquier coalición política. Aquella opción que no muestre un equipo capaz de poder retener y accionar sobre la realidad de argentina no va a tener chances en las próximas elecciones, que parecen ser ya no lejanas, sino necesarias.
En el actual estado de cosas, las elecciones de 2023 parecen muy lejanas pero se adelantan de hecho en la cabeza de todos los dirigentes del oficialismo y la oposición. Por esto las decisiones que se tomen en olivos este fin de semana tienen más que ver con aquellas elecciones que con el destino de la economía de nuestro país.
Sergio Massa adquiere nuevamente, como en 2008, el centro de la escena de la gestión, aunque en realidad lo que asume es el desafío de mantener unidos los pedazos de la coalición denominada Frente de Todos. Pero en los sondeos, Massa es uno de los dirigentes con peores chances para 2023.
Esta es la paradoja de la Argentina de principios de siglo XXI. Aquellos con peor imagen para la población, y que durante ya más de dos décadas gobiernan los distritos más importantes del país, por lo que en sus manos está el destino de todos los argentinos, son las personas con peor imagen y reputación de la argentina.
Por esto las elecciones presidenciales que tenemos por delante pueden llegar a ser una sorpresa para muchos dirigentes, y la jubilación definitiva para otros.
En el medio de todas las opciones conocidas está el descontento de las estructuras que mantienen en la administración pública las cosas funcionando a duras penas. Salud, educación y seguridad, los grandes ausentes de la “nueva argentina” que “amplía derechos”. El único derecho que se restringe es el de la representación política, ya que los reclamos de las personas son desoídos por los dirigentes a cargo de los gobiernos.
El traspaso del poder actual al poder que viene es lo que estamos viviendo en este momento y, como lo sabemos, en la Argentina siempre fue un proceso traumático que atrae crisis y colapsos políticos y económicos.
Como en los últimos años del gobierno de Mauricio Macri y Gabriela Michetti, ni Alberto Fernández, ni Cristina Kirchner tienen hoy capital político para hacer las reformas que tienen que hacer para que el país vuelva a recobrar una avenida de confianza que permita volver a crecer y a crear empleo. El votante del Frente de Todos se siente traicionado y ve como un gobierno que no es por legitimidad un gobierno peronista, ya que es un gobierno que no premia el trabajo, sino la dádiva pública.
*Agustín O'Reilly es politólogo y Director General de Moody Brook Consultores.
