La designación de una ultra K amiga de Scioli desconcertó a Massa y al resto
"Se acabó el tiempo de los moderados" había advertido Andrés Larroque la semana pasada en clara alusión a la política económica y también a la relación con el mundo vinculado con los negocios y el FMI que había decidido Alberto Fernández, quien había trazado un acuerdo, además, con Techint y con los grandes grupos empresarios.
Quien no entienda esto, básico, elemental y concreto, jamás podrá descifrar acertadamente lo que vendrá según los deseos de Cristina Fernández de Kirchner y su hijo, Máximo Kirchner. La designación de Silvina Batakis va en este sentido. Ya lo habían advertido. "Ni Marco Lavagna... Ese es un tibio" le dijo a MDZ un amigo del ministro de Desarrollo Social de la Provincia cuando al principio de la tarde ya se insinuaba su nombramiento en reemplazo de Martín Guzmán.Antes ya habían rechazado el ofrecimiento Alvarez Agis y Martín Redrado.
Los tres habían pedido algo lógico. Diálogo con la oposición, consensos claves y libertad de acción para tomar medidas que al gusto del cristinismo eran imposibles de tolerar.
La vicepresidenta lo viene advirtiendo desde hace dos años. No cree en los ajustes ni en los aumentos de tarifa. También considera que ni la emisión monetaria ni el déficit provocan inflación. Es un terraplanismo económico difícil de explicar en una mandataria de Estado. Pero ella lo cree y todos sus fieles la convalidan.
Entonces, la dulce idea de Sergio Massa como ministro de Economía o Jefe de Gabinete era una señal directa para el mercado que tropezaría a los dos días porque desde algún estrado alguien le iba a recordar su postura en favor del acuerdo con el FMI, como mínimo. En esta ocasión no había coincidencias políticas con el hijo de los dos presidentes.
En la jornada de hoy, también, el presidente de la Cámara de Diputados también habrá visto lo difícil que es hablar español en un mundo que sólo maneja el mandarín. Imposible. Encima, cuando él consigue un traductor, al poco tiempo también termina rendido ante una realidad inmodificable.
¿Puede decir Daniel Scioli que tiene una nueva ministra propia en el gabinete?... Silvina Batakis fue su última ministra de Economía en la Provincia de Buenos Aires, pero eso no significa que lo tenga como jefe político. También estuvo en La Matanza, un municipio que siempre fue generoso para pararle la olla a los desocupados que había dejado el gobierno kirchnerista en 2015.
La nueva ministra ha tenido una gran relación con la mayoría de los gobernadores en los últimos tiempos por su rol en el Ministerio del Interior manejando el presupuesto federal. Pero es alguien que tiene mucho más sintonía con las ideas más firmes del Instituto Patria que de la conservadora manera de ver la economía de los caudillos provinciales.
El que no quedó bien y hasta se sintió algo manoseado fue Massa. De mediador para una salida ordenada y occidental a Batakis hay una diferencia extrema que también anula aún más las ideas de Alberto Fernández, que se abrazaba a Guzmán pero luego se desentendía de él. Con un presidente que cree que la crisis es producto del crecimiento a tener que ir corriendo a buscar a un ministro de Economía no se puede esperar mucho de calidad.
¿Cristina le volvió a ganar a Alberto?... Obvio que sí. Él fue quien la llamó, él fue quien aceptó la designación de Batakis y no pudo sostener nada. "Es el fin", fue lo primero que escribió un importantísimo funcionario del albertismo cuando se conoció la renuncia de Guzmán. Tal es el grado de acefalía política que hay en el poder central que ninguno de los ministros políticos y territoriales del presidente estuvieron ni cerca de Olivos.
El drama de los presidentes en crisis es no tener conciencia de la gravedad de las situaciones. Fernando De la Rúa terminó anunciando el estado de sitio que derivó en saqueos. Mauricio Macri, sin vices que lo acecharan, nunca entendió lo encerrado que estaba con la mirada microscópica y antipolítica de Marcos Peña en septiembre de 2018 y ahora Alberto Fernández que no tomó conciencia que si había una última oportunidad de reaccionar era esta. No lo hizo.
"Estoy convencido que el presidente va a reaccionar. Ante el abismo, reaccionará, no le queda otra", se esperanzaba el miércoles uno de sus ex ministros que aún lo quieren. No pasó.


