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Lo urgente y lo importante

El presidente de la Cámara de Diputados, Andrés Lombardi, destaca la política de educación de Mendoza, frente a lo que fue el cierre de escuelas durante la pandemia.

Por Andrés Lombardi / Presidente de la Cámara de Diputados de Mendoza

A principios de marzo de 2020, sin imaginar ni en los peores pronósticos la magnitud del desastre que se avecinaba, ni la impericia y hasta la manera delictual con que manejó el gobierno nacional la pandemia, elogiábamos y alentábamos el lanzamiento del programa “Leamos Juntos” ideado e implementado por la DGE.  

Este programa venía a reforzar el plan de alfabetización iniciado en el 2016, cuyo objetivo fundamental era que los alumnos aprendieran a leer, que obtuvieran los rudimentos básicos para poder leer y entender un texto, que adquirieran fluidez lectora, dotarlos de una herramienta fundamental para sus vidas que, a juzgar por los resultados, no estaban obteniendo. 

Los datos de los exámenes Aprender en Mendoza.

El cierre de las escuelas durante la pandemia potenció una situación que  ya de por sí, era desastrosa, victimizando doblemente a los más vulnerables. No obstante este panorama, y a partir de las políticas de acompañamiento y los programas  mencionados anteriormente, en Mendoza se pudo amortiguar los efectos de la pandemia de manera positiva mostrando mejores resultados que la media nacional, en las pruebas Aprender 2021.

Lo que no se mide no existe.

Más allá de las pruebas Aprender, y de las críticas vacías sin sentido, se procuró  obtener más datos,  salir a medir la fluidez lectora, identificar los niveles no sólo para evaluar el éxito del programa  sino para poder visibilizar a aquellos chicos que no alcanzaban los niveles mínimos de palabras por minuto.  Aquellos alumnos considerados “críticos”,  fueron en quienes se procuró redoblar el esfuerzo y reforzar los apoyos del programa. 

¿Los resultados? Una mejora constante durante el año y, mucho más, midiendo de manera interanual.

Hace 6 años se buscó volver a la raíz de la educación. A donde empezamos hace más de un siglo, para que nuestro país fuera el primero en el mundo en erradicar el analfabetismo. La condición básica, primera y necesaria de una ciudadanía libre. La lectura.

En nuestro país casi no existían películas dobladas al castellano. Venían en el idioma original, subtituladas. Hoy es al revés, proliferan los estudios de doblaje e incluso se ha llegado a la barbaridad de películas dobladas en “argentino”. Esto sucede porque ya hay una mayoría de adultos que no alcanzan a leer los subtítulos en simultáneo. No es un detalle frívolo. Es un dato.

Hoy, una persona con un vocabulario de 200 palabras tiene un pensamiento limitado a esas 200 palabras. ¿Qué tipo de país se construye con estas limitaciones? ¿Qué ciudadanía, qué derechos se ejercen y cómo se ejercen siendo un semi analfabeto?

“Que el Estado vuelva a tomar la lectura como una prioridad, que sea una política pública y que se mantenga a lo largo del tiempo, hoy es revolucionario”, decíamos en ese marzo, desde la convicción que la fluidez lectora no es una simple técnica, ni una habilidad. Es fundamental para el pensamiento crítico, para lograr la capacidad de abstracción, para poder incorporar vocabulario. Es fundamental hasta para comprender mejor las matemáticas. 

Debemos ser capaces de ponernos de acuerdo en hacer de estos programas políticas que trasciendan en el tiempo. Que trasciendan cambios de gobierno, de gestiones y de coyunturas. Incorporarle más recursos. Más tiempo.  Incluirle, por qué no, el cálculo mental o el cálculo básico. 

En definitiva, empezar de nuevo a educar al soberano. Algo que escuchamos tantas veces pero que nos parece tan lejano. Volver a leer para no creer ciegamente en lo que otros dicen. Volver a leer para ser ciudadanos. Volver a leer para ser libres.