El Gobierno cree que, por ahora, frenó la corrida: ¿a qué costo?

El Gobierno cree que, por ahora, frenó la corrida: ¿a qué costo?

La economía en peligro de entrar en una recesión agravada con fuerte inflación. Las restricciones a las importaciones no tienen larga vida, según la mayoría de los economistas. La exigencia de unidad en el oficialismo como requisito para algún cambio. Un año y medio en peligro.

Rubén Rabanal

Rubén Rabanal

Hace tres días que buena parte de la economía argentina está paralizada. Las medidas que tomó el Banco Central para frenar la corrida cambiaria y recomponer reservas dejaron a la entidad sola en el mercado. Por lo tanto, el Gobierno festejó que ayer por segundo día el Central pudo comprar US$583 millones. La ecuación de caja pasó de negativo a positivo y el Gobierno respiró. Mientras eso sucedía los bancos y las empresas permanecieron inmóviles tratando de adaptarse a las nuevas reglas con la certeza que conseguir que les liquiden operaciones de importación de insumos será una odisea de ahora en mas. Solo así, parando buena parte de la economía argentina, el Gobierno cree que frenó la corrida.

En palabras de Martín Redrado, el país vive hace tres días un “feriado cambiario virtual”. Ese término, que en otros tiempos era antecedente del pánico financiero, hoy ya no produce tanto temor, básicamente porque la dimensión de la crisis y el parate de la gestión de Alberto Fernández ya son algo asumido por todos los sectores.

Vale la pena revisar en que niveles el Gobierno cree que logró frenar la corrida y por qué festejo resultados, como lo hizo ayer el propio Martín Guzmán junto a Omar Perotti en una conferencia que dieron después de acordar el pago de la deuda histórica que la Nación mantiene con Santa Fe. Frente al santafecino, que escuchaba impávido las explicaciones, el ministro dijo: “Las reacciones de los días que pasaron, eran las esperadas. En tan solo 3 días se acumularon más de 900 millones de dólares de reservas internacionales y en el día de hoy unos 580 millones de dólares y esperamos que en el día de mañana y en las próximas semanas este proceso continúe en la senda en la cual proyectábamos”.

El juego del que habla Guzmán es chico y de poco horizonte futuro. Las empresas no podrán pasar mas de una semana operando de esta forma, es decir, con las importaciones prácticamente cerradas. La protegida Tierra del Fuego deberá tomar una decisión con sus empresas, que importan casi la totalidad de lo que arman y producen. Ningún economista serio pronosticaba ayer una larga vida para este cepo reforzado a las importaciones con el que Guzmán intentó domar la corrida y, en consecuencia, la hemorragia de dólares. Todo ese movimiento frenará la economía y provocará mas incertidumbre, pero no podrá parar la sangría que hoy suponen los US$2.000 millones mensuales de importaciones en el rubro energía. El Gobierno habla de priorizar la compra de gas licuado y gasoil, pero siempre evita dar el monto de esas importaciones al que llegamos gracias a la ineficiencia pura de la gestión.

En materia del costo que deberá pagar el país, no solo hay que poner en la lista el parate de las empresas por falta de insumos o el del campo por la desaparición del gasoil de los surtidores. Hay 23 provincias que no tienen provisión normal de combustibles. El comportamiento del gasoil, en este punto, es casi similar al dólar: el valor oficial es de $185 y no hay, pero en la versión blue a $300 si hay.

La explicación es lógica: el gasoil no vale $185, sino $250 o $300, como lo indica la referencia al precio internacional del petróleo. Guzmán logró ayer cubrir los $243.000 millones de vencimientos de deuda en pesos con la licitación de esta semana. Debió pagar tasas positivas más altas y solo consiguió tiempo. En septiembre lo espera un vencimiento de US$12900 millones, de los cuales US$4.600 millones son en pesos y US$1.100 millones en dólares.

El “festejo” del Gobierno se dio ayer en medio de números aterradores. El dólar blue le había dado un respiro al Gobierno por la mañana bajando casi $3. Duro poco: al cierre volvió a quedar bien firme casi en $240. Los dólares financieros siguieron subiendo sin piedad con el CCL superando tranquilamente los % 250. La caída de los bonos no aflojó y el riesgo país quedó firme en 2.435 puntos.

Hasta ahí los números, pero ciertamente todos los economistas coinciden en que la economía poco puede hacer ahora para solucionar la crisis argentina. La pelota esta claramente en el campo de la política. Y ahí las cosas están mucho peor que los desastres que se vieron estos días en el mercado.

Alberto Fernández no tiene reacción ante la realidad y ya no existe ningún sofisticado análisis político que encuentre justificación a ciertas actitudes. El Gobierno convocó ayer a las 7 de la mañana a una reunión de Gabinete. Ante un presidente que dio muestras de que estas reuniones de ministros poco le importan y en medio de versiones de todo tipo sobre la salida del elenco de Martín Guzmán, la convocatoria había despertado interés en el mercado. A las 9 ya se sabía que Martín Guzmán no concurriría y poco después se confirmó también que Alberto Fernández cancelaba su agenda del día para marchar a Jujuy a una visita de hospital a la condenada Milagro Sala.

No se sabe si Alberto fue a visitar a la jefa de la Tupac Amaru para dar otra señal hacia el núcleo más duro del kirchnerismo que lo acusa de abandonarla y no forzar un indulto; o por el contrario para irritar a Cristina de Fernández de Kirchner mostrándole que él si va a visitar a los presos del kirchnerismo, como ya hizo Alberto Fernández con otros casos, a diferencia de la vicepresidenta que nunca piso una cárcel para darle un abrazo a sus leales entre rejas. El resto del país lo vio como un acto demoledor para la confianza presidencial: en el peor momento de su mandato eligió mostrar gestos políticos de poca monta y que, además, lo enemistan y muy mal, con el gobernador Gerardo Morales.

El horizonte político es, entonces, casi aterrador; resta un año y medio de Gobierno. Todos los economistas que fueron consultados por Cristina Fernández de Kirchner y también por parte del albertismo pusieron la misma condición para empezar a pensar en alguna colaboración: la recomposición total de la foto de unidad original del Frente de Todos.

Esto significa que ningún economista ofrecerá ayuda si antes no aparecen en escena Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner, Sergio Massa y todos los gobernadores del PJ, juntos en la misma foto y apoyando explícitamente las duras medidas que se necesitarán para salir de esta crisis (aunque más no sea de forma temporal hasta que se renueve la política en el 2023). Esa exigencia de unidad es todavía imposible de cumplir para la indigerible interna del oficialismo y de ahí que el horizonte de una transición normal se complique.

En el futuro inmediato tampoco hay buenas noticias. En materia de inflación junio viene mal. Las dos primeras semanas fueron calientes en cuanto a la suba del precio de los alimentos; eso sin contar el impacto que tendrá la suba del dólar blue a casi $240 y que en julio deberían comenzar a impactar en los bolsillos las subas de tarifas, entre otros rubros. De inflación, por estos días, el Gobierno tampoco habló.

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