Presenta:

Por qué todos quieren que Javier Milei siga en carrera

Los frentes políticos tradicionales de Argentina veían con mucha preocupación el surgimiento de un "disruptivo antisistema" como Milei. El que más entusiasmado se veía era el Frente de Todos. Rápidamente comprobó que su mensaje hacía más centrista a Macri. Ahora cae y preocupa a ambos frentes.
Foto: Twitter @carlosmaslaton
Foto: Twitter @carlosmaslaton

Javier Milei parece haber perdido su magia. Su postura como candidato presidencial "disruptivo" lo dejaron en una cancha muy grande. "Es como un jugador que en otra división menor la rompía pero cuando lo pones en primera te das cuenta que no tiene ritmo, no está fino con los pases y encima queda siempre enganchado ante el ataque rival", describió un esperto analista que suele ser fuente constante de MDZ. 

Su irrupción como el dirigente que le hablaba a quien hace veinte años ya se había anticipado y votó en blanco, o puso una feta de fiambre o dibujó al personaje Clemente como boleta en el cuarto oscuro, llenó de esperanzas al oficialismo, fundamentalmente al de la Provincia de Buenos Aires. 

Su discurso supuestamente liberal rápidamente encontró eco entre los votantes más extremos del antikirchnerismo y la antipolítica tradicional representada por el peronismo o el radicalismo, que habitualmente subyugaba el discurso liberal y pro mercado que se referenciaba en el PRO. Entonces, si Javier Milei se "comía los votos de Mauricio Macri", el Frente para la Victoria podía ganar en la Provincia y, también, en varias intendencias donde los intendentes iban a dotar de mucho lugar y aportar estructura para menguar las posibilidades de Juntos. 

Sin embargo, a poco andar, algunos estudiosos sociales que trabajan para ambos márgenes de la grieta que terminaba completando Milei se dieron cuenta de algo no menor. Que cuanto más extremas eran las ideas de Milei, más de centro parecían Macri y los suyos. "En el mismo ejemplo del jugador de fútbol, Milei se transformó en ese jugador que se lleva la marca para que el otro aproveche y defina por el medio".

Efectivamente, ante un mensaje que ponía no la libertad en el centro del debate, sino la desaparición del Mercado Central, la necesidad de habilitar la portación de armas, y se hace custodiar por personas parecidas a los camisas negras, todo lo demás aparece como "moderado". "Es el Álvaro Alsogaray de Carlos Menem".

"Su relato en aquel momento hizo que después todo lo que ejecutara tuviera una aceptación más amplia que la del propio espectro de su partido", recuerda un experimentado dirigente peronista que prefiere no dar a conocer su nombre pero está teniendo muchos minutos de vuelo en la actualidad. 

El Frente de Todos y Juntos por el Cambio, que se pusieron en crisis porque "les robaba votos a los dos, pero más a Juntos por el Cambio", ahora no saben cómo hacer para que Javier Milei se mantenga vigente. Porque mientras que a los primeros los sigue alegrando que su mensaje merma el caudal original PRO, a los segundos los pone como un modelo de centro que no entrará en las "locuras" planteadas por el diputado nacional porteño. 

El "libertario" no sólo perdió su magia. También se deshizo de quien lo convenció a participar en política, el diputado nacional bonaerense José Luis Espert, con quien dejó de hablar hace más de un año, mucho antes del extraño episodio con un supuesto financista colombiano. Muchos aprovecharon la oportunidad para tomar distancia de su entorno, pero de a poco se comprobó que fue una de las tantas operaciones de prensa que realizan, opositores u oficialistas, para dañar a un candidato. Si no, hay preguntarle a Enrique Olivera, cuando lo cruzaron con la P2 de Jaith Pharaon, o a Francisco De Narváez y la efedrina que terminó financiando la campaña de Cristina, Cobos y vos y que provocó tres muertos en General Rodríguez. 

Tampoco ayudó la comprobación de que su poca capacidad política, y la ausencia de coordinadores que conozcan el territorio, fundamentalmente el bonaerense, hizo que su entorno se llenara de oportunistas, esos que nunca faltan y que en algún momento llenaron de candidatos a las terceras fuerzas de extrema como las del propio Alsogaray, Aldo Rico o Luis Patti, entre otros. Siempre atentos, los intendentes llamaban rápidamente a los operadores más conocidos de Milei, como Ramiro Marra, dirigente que supo estar con Sergio Massa hasta hace un par de elecciones. 

"Marra tiene idea política, no come vidrio", reconoció hace unas semanas el presidente del Concejo Deliberante de un distrito conducido por el Juntos que fue a verlo. Sin embargo, que sepa operar algunas cuestiones no lo hace un especialista. Tampoco lo es el especialista Carlos Maslatón, quien rápidamente se quiso adueñar de la marca. 

Como ya quedó claro, tampoco contribuye la poca paciencia que tiene Karina Milei. La hermana del legislador es un típico caso de aquellos que no tienen ninguna experiencia con la política y creen que su representado es el nuevo salvador de la patria. No es la única. Hasta en los partidos más tradicionales también subsisten este tipo de teorías donde al candidato "no se lo toca" y el contacto con el mundo se lo deja a los "operadores". 

Nadie sabe cómo sigue el proyecto Milei. Quizás ingresó en un tiempo muerto que puede provocar un volver a crecer o, simplemente, confrontar con otra realidad que lo muestra tal cual es.