Martín Guzmán, empoderado, avanza en áreas propias y ajenas (con aliados)
Martín Guzmán fue empoderado por Alberto Fernández. Y el ministro de Economía asume plenamente ese rol y avanza en todas la áreas donde el presidente le dio luz verde para trabajar a destajo. El jefe de Estado sabe que su suerte, al menos en este período complejo, está atada a su funcionario aún estrella; y que si los resultados son los esperados (positivos, obvio), en unos meses podrá volver a plantarse ante la alianza oficialista para reclamar al kirchnerismo más porciones de respeto y poder.
Teóricamente esos tiempos llegarían entre agosto y septiembre con un resultado concreto consolidado: el crecimiento de la economía se acercaría al ansiado 4% para el año, con el aval del Fondo Monetario Internacional (FMI). Para el ministro, cuando se transite el comienzo del fin del año, la economía real ya estará consolidando un año positivo, lo que implicaría el segundo ejercicio con saldo favorable en casi una década. Y, como aseguran en el Ejecutivo, será un alza real del producto, sin que tener que explicar que se trata de un rebote lógico posterior a la pandemia como aconteció en el 2021 cuando se empardó la caída del 10% del 2020.
Guzmán le asegura también a su único jefe que para esos meses la inflación estará en franco descenso, incluyendo una proyección anualizada cercana al 60% y no al 70% (o más) que descartan no sólo los privados, sino también la propia conducción del Senado. El funcionario confía en que su política fiscal contablemente restrictiva y su proyección de cumplimiento (como sea) del déficit fiscal del 2,5% comprometido ante el FMI, servirán en los próximos meses de suficiente faro como para frenar cualquier especulación de descontrol entre ingresos y gastos. Su apuesta máxima en este sentido, es que el incremento de la recaudación impositiva se mantenga siempre por arriba de la inflación en no menos de 10%. Por ahora, esta meta se cumple a rajatabla.
Guzmán avanzará también en uno de los capítulos más importantes ante el FMI: la suba de tarifas y la segmentación negativa para los argentinos y residentes de mayor poder adquisitivo. Luego de una disputa con algunas dependencias oficiales del propio oficialismo que cuestionaban los aspectos legales de la avanzada (léase Vilma Ibarra), el titular del Palacio de Hacienda vuelve a acercarse a la promesa realizada al organismo financiero internacional de lograr una reducción de los subsidios a la energía cercana al 0,6% del PBI.
No se cree que el porcentaje se cumpla a rajatabla, pero sí que en el resultado final se acerque bastante a ese nivel. O que, en todo caso, sea una enumeración que se discuta con el Fondo hacia febrero o marzo del próximo año. Lo importante a los ojos de Economía es mostrarle a la gente de Washington que la intención seria es ir hacia lo firmado en marzo pasado, y no alejarse de los negociado. Aún sabiendo que el tema de aumento tarifario es uno de los capítulos que más lo enfrenta al kirchnerismo. Desde este costado por cierto se afirma que los incrementos ya ejecutados, más la segmentación al estilo Guzmán, son la garantía de un alza en el IPC de no menos de 5% para todo el año. A porcentajes de mayo, sería ya un piso de inflación para el 2022 de no menos de 35%.
Para la cruzada de su empoderamiento Guzmán cree tener dos aliados clave en su cruzada contra el kirchnerismo. Son el titular del Banco Central Miguel Pesce y el secretario de Energía Darío Martínez. El primero, considerado dentro del Ejecutivo como la persona que más y mejor sabe de los claros y obscuros caminos del sistema financiero argentino (lo demostró ayer), acompaña sin cuestionamientos la política de encarecimiento de las tasas de interés. Pero además ejecuta una tarea de relojería doble: la administración de los escasos dólares que entran y salen y la casi milagrosa demanda que se mantiene de los papeles argentinos.
El alza de ayer de las tasas es sólo un aspecto de este cuestionamiento. Martínez es un caso complejo. Tal como ya adelantó este medio, se trata de un kirchnerista mutado en albertista (casi el único que realizó la conversión), y que acompaña a Guzmán en su política energética. Incluyendo la responsabilidad máxima entregada al ministro de Economía de construir el gasoducto Néstor Kirchner en tiempo y forma. Y que Alberto Fernández pueda inaugurar la obra antes de abandonar el poder, en lo posible días antes de octubre 2023, cuando en alguna fecha se vote un nuevo Ejecutivo.