Máximo Kirchner, obligado a ser sociable por culpa de Daniel Scioli
La foto del jueves de Máximo Kirchner con Gabriel Katopodis confirmó lo que todos sabían. Que el albertismo nunca se construirá, que la idea de una emancipación del presidente de la Nación con respecto de su vice nunca sucederá y que será la autora de la dupla presidencial gobernante quien dominará la tensión en el Gabinete, más allá de alguna situación puntual.
Sin embargo, y fundamentalmente, constituye una reconfiguración interna no menor, donde el nonato albertismo también se encuentra en discusión interna porque, como quedó demostrado el jueves, el ministro de Infraestructura y el hijo de los dos presidentes han oficializado un diálogo privado que era un poco más amplio.
Por eso no sonó extraño que el jueves, a última hora, Damian Selci invitara al intendente de Hurlingham en uso de licencia, Juan Zabaleta, para que estuviera presente en la visita que el diputado nacional realizó en el marco de la puesta en marcha de una obra hospitalaria en la localidad.
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El propio Máximo Kirchner hizo pública esta situación en el discurso que brindo junto a Martín Rodríguez, el segundo del PAMI, que fue famoso por su viaje a las islas caribeñas en plena pandemia junto a Luana Volnovich y el interino Selci.
El ministro de Desarrollo Social se disculpó porque su organismo lo hace trazar la agenda de trabajo con mucho tiempo de antelación, y que la hora que fue llamado no podía revertir lo que ya había programado. Katopodis y Zabaleta fueron los que nunca interrumpieron el diálogo con los referentes camporistas del Gobierno provincial y nacional para trazar un plan de acción que actuaba de "paraguas" mientras se resolvía el divorcio de la dupla presidencial.
Algunos consideran que esta necesidad de fortalecer el vínculo con dirigentes que no venían trabajando en su misma corriente interna tiene que ver con la llegada de Daniel Scioli al poder nacional. Lo que algunos infieren como fortaleza política presidencial, desde La Cámpora lo tomaron como una provocación y lo aísla mucho más de ese sector, con el que juega de aliado estratégico Sergio Massa.
Gabriel Katopodis, junto con Juan Zabaleta y otros intendentes aliados, formaban parte de la primera línea territorial bonaerense. Ambos tenían en Santiago Cafiero al representante cotidiano dentro del pensamiento presidencial. Desde allí a la conquista del país era sólo un cerrar y abrir de ojos, que nunca sucedió.
De a poco se desgranó ese intento llamado albertismo. Gustavo Menéndez, Alberto Descalzo, Mariano Cascallares, Fernando Gray, entre otros jefes comunales, no pudieron seguir esperando lo que nunca sucedería. Y, hábil, Máximo Kirchner, a través de Martín Insaurralde y Sergio Massa, dejaron aislados a los armadores en el principal distrito del país. El presidente nunca ayudó en nada y siempre se asustó por lo que su vice podía pensar.
El gran quiebre fue mayo de 2020, cuando el jefe de Estado empezó a romper el diálogo institucional con los gobernadores y principalmente con Horacio Rodríguez Larreta. A ambos le producía mucho ruido interno tanta afinidad, que el incipiente albertismo alentaba como método para emanciparse, definitivamente, del poder de Cristina Fernández de Kirchner y la amenaza siempre activa de su hijo, Máximo Kirchner. El episodio Vicentin fue el principio del fin. Las clases, las vacunas y las fotos de la clandestina de Olivos hicieron todo lo demás.
Sin embargo, Katopodis, Zabaleta y buena parte de los gobernadores y la dirigencia sindical seguían apoyando al presidente en su intento de empoderarse, algo que Fernández nunca creyó necesario. Hoy, quizás como un juego tardío de diferenciación, Martín Guzmán, el asediado ministro de Economía, le agradeció su trabajo al despedido Matías Kulfas y lo felicitó por ser artífice de lo que él percibe las mejores políticas adoptadas para la recuperación post pandemia.
Lo de Katopodis invitando a General San Martín a Máximo Kirchner tuvo dos interpretaciones. La más benigna, es la que "los pibes ya lo incorporaron como propio", según lo dicho por uno de los allegados al ministro de Obras Públicas. "Los pibes", claro están, son los referentes de La Cámpora, organizadores y autopercibidos, porque nadie le dice nada, de conducir los destinos de la provincia de Buenos Aires.
Sin embargo, nada sucede "ingenuamente en estos casos. A los dos le servía la foto. Hay mucha presión, que en algunos distritos se percibe con mensajes como ganen o mueran, para que en la provincia de Buenos Aires también haya PASO", y no sólo sea este mecanismo el que defina quien será el próximo presidente de la Nación.
Lo que más asusta a los experimentados dirigentes que aún permanecen en el Frente de Todos es que "sin discusión, todo se marchita. No podemos seguir siendo empleados o invitados de proyectos que no siempre nos integran", agregó la misma fuente.
Katopodis pareció lanzar su candidatura a gobernador en Ramallo, hace cuarenta y cinco días, cuando en un discurso ante la militancia del lugar él expresó que iba a estar junto con ellos y todos los militantes de la provincia. Hoy empezamos nuevamente a caminar la provincia y la Argentina para que vuelva a ganar el peronismo", había dicho en la ocasión.
En esa misma jornada, en Tres de Febrero, Daniel Menéndez, de Somos Barrios de Pie, estuvo con Juan Zabaleta y Agustín Rossi en un acto en Tres de Febrero. Todo hacía indicar que algo nacía. Pero como todo lo que sucede alrededor de Alberto Fernández, esa última instancia presidencial congela cualquier armado.
"Esta tensión va a continuar... Fue un gesto del peronismo de General San Martín para el presidente del Partido en la Provincia y todos nos sentimos muy bien, muy a gusto, pero reconociendo que nada es fácil en lo que está por venir", confió a MDZ uno de los cuatro o cinco dirigentes, entre ellos el intendente Fernando Moreira y el ministro Katopodis, que sabían que el jefe de La Cámpora iba a estar por el distrito.
Uno de los pocos kirchneristas no albertistas presentes en la ocasión confió que el diputado nacional se sintió bien, pero que nunca pudo soltarse porque está "muy preocupado por la situación social y política".
Otro factor que no se puede soslayar fue la llegada de Daniel Scioli al poder nacional. Máximo Kirchner no lo quiere ni lo respeta. No lo conduce. Prefiere siempre estar cerca de Massa, por quien siente una fascinación que pocos otros dirigentes han conseguido tener por parte de él. Ni siquiera su compañero de lucha y agrupación, Wado De Pedro. Quizás por las candidaturas presidenciales de 2023 también el hijo perciba que tendrá que discutir con su madre.
No estaba tan de acuerdo a que designen a Axel Kicillof en provincia. Mucho menos a Fernández presidente. Quizás, el año próximo, tenga que volver a plantearle su punto de vista a la vicepresidenta. Y lo tendrá que hacer con más argumentos y más consensos que los que cosechó hasta el momento, por más que la razón haya quedado de su lado, según creen quienes lo siguen.


