Portación de armas: debate y datos concretos

Portación de armas: debate y datos concretos

Tras la Masacre de Texas y los dichos de Javier Milei sobre la tenencia de armas, resulta oportuno revisar algunos datos de Estados Unidos, la meca de la libre portación y fabricación de armas.

Javier Frachi

En la Argentina los temas reviven como muertos que se levantan de sus fosas en una noche lluviosa y eléctrica del cementerio de la Chacarita. En los últimos días, Javier Milei revivió un debate que se inició en la segunda presidencia de Carlos Menen por consecuencia de la sensación de inseguridad en aquellos años: la libre portación de armas.

Los argumentos del diputado son sencillos:

  • El encarecimiento de una actividad, en este caso una delictiva, genera un detrimento al querer emprender
  • Mayor cantidad de elementos disuasorios, evitan el ataque de un enemigo
  • Si la policía no puede realizar su tarea, hay que “tercerizar” la mano de obra.

El mismo Milei afirmó que su modelo se basa en las ideas del ex intendente de Nueva York, Rudolph Giuliani, quien trabajó duramente para disminuir la delincuencia en esa hermosa ciudad que hoy millones de turistas visitan al año.

La Argentina de los años noventa dista mucho de su realidad actual, por lo tanto es oportuno revisar los datos actuales que los Estados Unidos, la meca de la libre portación y fabricación de armas, ofrecen en la materia.

El promedio histórico de fabricación de armas, por empresas licenciadas por el gobierno americano, es 6.4 millones. En el año 2020 se produjeron unas 12 millones, lo que equivale a 2 veces al promedio y un incremento del 22% respecto al año 2019, año clave para la industria porque la pandemia llevó a las familias americanas a armarse para defender sus pertenencias de robos y ataques a la propiedad.

Los principales fabricantes a nivel mundial son Smith Wesson, Sturn & Rugger, Colt, Sig Sauer, Freedom Group, Henry RAC, Glock y Kimber MFG. Mientras que las pistolas de calibre 50 milímetros son el producto más vendido, luego los rifles y revólveres.

Una consecuencia que destaca el reporte hecho por el Centro de Diagnóstico y Prevención de ése país (CDC) es que mayor circulación de armas implica un aumento de los homicidios, tanto de inocentes como víctimas, gente de bien y ladrones. La tasa de homicidios registrada en 2020, cuando la pandemia había menguado, fue la más alta de los últimos 26 años.

Concretamente, 19.350 personas perdieron la vida a causa de un homicidio y otras 24 mil cometieron un suicidio. Una mirada más amplia en el tiempo lleva a considerar que los datos dan a entender que la agresividad en esa sociedad fue en aumento, en 1993 la cifra de homicidios con armas de fuego dan cuenta de 13 mil personas fallecidas mientras que hoy representa un 54% de aumento (un incremento de 2% por año). En el 80% de los casos de homicidios se utiliza un arma de fuego, mientras que en los casos de suicidio el arma como medio aparece en el 50% de los casos. El varón es quien gatilla en el 95% de los eventos donde un arma es la protagonista.

El pormenorizado reporte, de casi 300 hojas y miles de tablas con datos históricos, alertan sobre tres cuestiones novedosas. La primera de ellas es sobre la popularización de “armas fantasma”, no son una novedad ya que en los años 70 y 80 se fabricaban armas caseras con los metales disponibles en una puerta. Lo que cambió fue el poder de fuego de las mismas. Las impresoras 3D trajeron poder de fuego, falta de transparencia y una disminución significativa en el costo de adquisición de armamento. En el año 2021, la policía recuperó en todo el territorio americano 19.344 armas “fantasma”. La gran dificultad de este armamento es su fácil obtención: no hace falta ir a ningún lugar, no se dejan rastros ya que todo se obtiene en internet y la inversión necesaria es mínima. En este sentido, el reporte es categórico sobre el canal de venta de la industria de las armas: la mayoría de las ventas tienen lugar en armerías pequeñas ubicadas en pueblos donde los requisitos tienden a ser más laxos que en las urbes, las grandes tiendas o supermercados tienen aversión a la venta fácil de armamento a pesar de que la ley está a su favor.

La segunda alerta del informe hace foco en los asaltos: que una casa de armas venda armamento y tenga gente capacitada para su manejo no las excluye de sufrir atracos. Desde el año 2016 al 2020, 85 mil armas de fuego se perdieron en tales circunstancias. Para peor, el ejército de Estados Unidos esboza una hipótesis de trabajo plausible en varios informes públicos: que buena parte de ése armamento alimente la necesidad de fuego de los carteles narcos en México, en donde cada bando necesita renovar sus equipos para defender el corazón de sus imperios: las rutas de distribución. Según datos públicos del departamento de defensa de Estados Unidos, el país en 2020 exportó 650 mil armas hacia otros países. Veinte años atrás, apenas se exportaban 100 mil armas por año desde Estados Unidos. Así entonces, uno debe preguntarse si el mundo se ha convertido en un lugar más violento o inseguro. Si bien Estados Unidos exporta armamento, también importa desde otras latitudes. Los principales países que le venden armas y municiones son Austria, Brasil, Turquía, Croacia, Alemania, Argentina, Rusia, Finlandia, entre otros.

La tercera cuestión se desprende de las dos anteriores: el estado es bobo a la hora de controlar. Es decir, la libre portación de armas precisa de “más estado”, lo cual implica mayor gasto y lentitud a la hora de tomar decisiones en un área tan sensible de la vida pública. Según la agencia ATF, Estados Unidos cuenta con 655 inspectores idóneos para controlar a 88.302 locales (un empleado del estado debería controlar 135 comercios en un país tan extenso como Estados Unidos).

¿Hay una correlación entre la tenencia de armas y status social? Sí, según la CDC la gente con menos recursos económicos tiene mayor cantidad de armas, carece de educación en su uso y por ende es donde ocurren los accidentes y perdidas de vidas. En cambio, las familias con mejor situación económica tienen armas pero la tasa de asesinatos por uso es menor. Parece ser que la educación domestica al hombre a saber sus límites.

A modo de conclusión. La mayoría de los reportes públicos del propio gobierno americano no encuentran una relación explotaría sobre disminución de hurtos a un cambio en la tenencia o no de armas disuasorias. Más allá de ello, Argentina se caracteriza por ser un país sin regulación, justicia y fuerzas policiales profesionales (entrenadas, educadas y en forma). Como sociedad hemos asistido a ver en televisión como la policía arma causas a medida contra inocentes (caso “Carreras”). La principal conclusión que un lector puede extraer de la experiencia norteamericana es que estamos lejos de poder encarar un debate serio respecto a la tenencia de armas ya que no tenemos datos públicos creíbles sobre la criminalidad en general y armas en particular. ¿Estamos en presencia de un candidato a presidente que quiere tocar una fibra emocional de la sociedad para ganar tiempo en televisión y votos pero que no arma sus argumentos en base a datos sino a una opinión personal? ¿No deberíamos en Argentina elevar la calidad de nuestros debates públicos?

*Javier Frachi es Analista de Mercados y Magister en Finanzas de la Universidad Torcuato di Tella.

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