Cristina Fernández de Kirchner apuesta todo su poder a su partido del Conurbano
La reunión en la casa de Juan Manuel Urtubey impulsada por los gobernadores Juan Schiaretti y Gerardo Morales, en la que participaron, entre otros, Graciela Camaño, Florencio Randazzo y Rogelio Frigerio, más las últimas declaraciones de Jorge Capitanich reclamando que el próximo candidato presidencial del Frente de Todos sea un gobernador, exponen la crisis que tiene la dinámica impuesta por el kirchnerismo desde hace dos décadas de hacer de la política y del conurbano el ombligo de todo.
Desde hace años Cristina Fernández de Kirchner, a través de su hijo Máximo Kirchner, dominan desde el Gran Buenos Aires toda la dinámica del peronismo. Y, en los últimos tiempos, esto se achicó aún más a la Tercera Sección Electoral, donde los votos dominantes de La Matanza, Florencio Varela, Almirante Brown y Berazategui, más Lomas de Zamora y Avellaneda, remarcan la diferencia que le alcanza para ganar.
Esto se modificaría sustancialmente si se modificara la manera en la que se lleva a cabo la elección presidencial. Si se implementara nuevamente el Colegio Electoral, en el que cada provincia elige electores, todo se emparejaría. Pero si todavía no se ponen de acuerdo en cuestiones más elementales, como las horas de clases que deben tener los chicos, mucho menos se podrá implementar una modificación de estas características.
La aprobación del acuerdo con el FMI rechazado inicialmente por Mauricio Macri y finalmente por la vicepresidenta y su hijo demostró que hay margen para sondear algunos proyectos de mediana magnitud y que tendrían la convalidación general, aunque luego la realidad vuelve, como en los casilleros peligrosos del juego de la oca, todo para atrás. Lo está viendo el propio Sergio Massa quien, "buscando coincidencias básicas", no sabe cómo salir del laberinto que es el nuevo proyecto para definir cómo alquilan sus propiedades los argentinos.
La "peña", como lo definió Emilio Monzó, no fue más que eso. Como lo mostró públicamente el recientemente fallecido Gerardo Rozín, "fue un buen lugar para hablar de política, decir cosas que habitualmente no podemos hacer en los medios y exponer ideas sin que el otro se vea obligado a seguirlas", aclaró Monzó.
Todos, de manera más o menos exitosa, siempre intentaron salirse de la "grieta" que obliga el kirchnerismo camporista con su búsqueda de de guerras permanentes, peleas insalvables y "batallas" que se deben dar "siempre" y en cada lugar. Salvo Camaño, siempre militante en General San Martín, en el centro del Gran Buenos Aires, ninguno de los otros participantes de "la peña" son del interior, ya sea el bonaerense o el nacional. Inclusive Monzó y Randazzo han competido entre sí para ver quien dominaba su sección electoral en más de una oportunidad, con toda la rivalidad que eso significa.

Esta nueva corriente federal de discusión política tiene como límite el centrismo porteño que expone el PRO con su principal candidato y referente a cargo de un gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, que en la última elección eligió por una política de "lado a lado" donde todo se digitaba desde su edificio de la calle Uspallata, en Capital Federal.
La obligación de desvincular al Gran Buenos Aires de la toma de decisiones globales no será nada sencilla, tal cual lo vivió el propio Schiaretti cuando intentó armar el "Peronismo Federal" con Miguel Ángel Pichetto, Roberto Lavagna, Urtubey, Camaño y Massa, entre otros. La centrífuga política porteña y de su conurbano siempre lo terminan fagocitando. Es imprescindible que esto se modifique rápidamente, mientras se observa una descomposición extrema del gobierno del Frente de Todos, con presidente y vice como sus máximos responsables.



