Argentina en crisis

La ruptura salvaje en el Frente de Todos y el peligro de encender mechas

Alberto Fernández no da respuestas ni hacia adentro ni afuera de su golpeada alianza de gobierno. Las medidas que se toman pueden llevar a escenarios peligrosos, El cansancio de los ciudadanos y el ejemplo porteño con el forzado revalúo inmobiliario.

Rubén Rabanal
Rubén Rabanal jueves, 7 de abril de 2022 · 18:00 hs
La ruptura salvaje en el Frente de Todos y el peligro de encender mechas
Foto: Prensa Senado

Alberto Fernández no da respuestas efectivas a casi ningún reclamo, ya sea que le llegue desde la oposición o bien desde su maltrecha sociedad con Cristina Fernández de Kirchner. Quizás el presidente no se de cuenta por estas horas la dimensión de los peligros que enfrenta. Su situación frente a la crisis que vive Argentina es lo suficientemente compleja como para ni siquiera convocar lealtades, menos las de un impiadoso kirchnerismo que en muchos casos lo metió en este torbellino que el presidente parece no controlar y que ahora lo deja solo.

Nada nuevo: los Kirchner jamás pusieron su imagen para hacerse cargo de algún costo político y en cada caso optaron por el silencio en la lejanía de la Patagonia. Esta vez muchos temen que a esa apatía se sumen algunas conspiraciones que dejan al gobierno mas desnudo que nunca. A ese efecto familiar ahora debe sumarse que Cristina ya ni disimula su intolerancia con Alberto Fernández. El Gobierno puso a una portavoz para intentar bajar la presión sobre un mandatario que comunica muy mal y lo único que logró hasta ahora es que los Kirchner insulten políticamente no solo al presidente, sino que también se mofen de la vocera. El ejemplo habla de la situación terminal que vive el Frente de Todos, con gobernadores espantados que no quieren prestarse ni a una foto y el núcleo duro K abonando conspiraciones de todos los colores. Un allegado a la Casa Rosada lo relata en tono de resignación: “Cada tanto aparece alguna señal de distensión, sobre todo si la organiza Sergio, pero la realidad es que no nos hablan”. Es una batalla interna minuto a minuto.

Con esa debilidad extra a cuestas Alberto Fernández enfrenta problemas sin soluciones. En parte lo hace por la falla intrínseca de un gobierno que no parece tener la intensidad técnica que corresponde y, además, porque su realidad política le impide moverse demasiado alejado del esquema que vivió en estos dos primeros años.

Y ese es el peligro central que hoy enfrenta el país. La semana próxima la Argentina tendrá una nueva prueba sobre la inutilidad de las políticas inflacionarias que aplica el gobierno. Sea 5 o 6 % la inflación medida en marzo por el Indec, ese número anualizado dará un registro superior a 80 % que eriza la piel de cualquiera. El impacto no alimenta solo los miedos de la clase política, sino también la bronca en los bolsillos de casi toda la población.

En esas condiciones surgen temores que se acrecientan y traen fantasmas del pasado. Hay momentos en que no se debería irritar al soberano (que, por si alguien esta confundido,  no es el gobierno sino el pueblo. En Chile la bronca estalló cuando Sebastián Piñera decidió un aumento de 30 pesos chilenos en el transporte. En Perú fue una suba de combustibles. En ambos casos solo fueron disparadores de un cansancio social que venía de lejos.

Cuando la temperatura esta alta cualquier evento, aunque mínimo, es riesgoso. Lo sabe Horacio Rodríguez Larreta cuando pelea en contra del revalúo inmobiliario que le quieren imponer para la ciudad de Buenos Aires, producto del acuerdo con el FMI que no establece recortes de gasto a la política o a la burocracia y si aumentos de impuestos que impactan en la gente. Así lo está leyendo la calle. Un incremento de 500 % en las valuaciones no solo hará disparar el inmobiliario que pagan los vecinos, sino que podrá a miles de ellos en condición de contribuyentes a Bienes Personales, cuando hasta ahora no lo eran.  Resulta lógico que, conociendo el peligro, otros gobernadores intenten dejar la suba para mas adelante, aunque esto sea en detrimento de su recaudación. Axel Kicillof lo sabe bien.

 El pueblo de la ciudad ya ha dado muestras bastante precisas de cómo puede mostrar el hartazgo en medio de una crisis. Hay mechas que no deberían encenderse nunca.

Frente a estas broncas el Gobierno muestra pocas herramientas. Y algunas, por el contrario, son irritantes. El proyecto que Cristina Fernández de Kirchner bendijo en el Senado para aplicar una tasa de 20 % al blanqueo de activos en el exterior sin declarar, no solo es una pantalla de humo para la interna del kirchnerismo mas duro, sino que además trae complicaciones legales evidentes. La “Ley Muñoz”, como la llaman en el Senado, le sirvió a la oposición para recordarle al kirchnerismo ejemplos técnicos que se vieron en el país sobre lo que significa la fuga de dólares. Martín Lousteau dio la prueba cuando interrogó al director del Banco Nación, Guillermo Wierzba, sobre los casos de “fuga” que se dieron en la historia reciente, como transferencias de fondos de provincias al exterior o el refugio de millones de dólares en cajas de seguridad. La cara de pánico del funcionario kirchnerista del Nación pidiendo piedad ante Oscar Parrilli que lo había convocado, cuando tuvo que darle la razón a Lousteau, quedará para el registro histórico. Lo real es que en ese proyecto hay más sospechas que efectividades.

Algo parecido sucede con la inflación, que esta mucho mas cerca de la bronca de la gente. Soy hay listas de precios, controles y más congelamientos. Se anunciaron hoy y no habrá mucho más en materia de plan antiinflación. Ni siquiera el kirchnerismo está contento con esto ya que considera que Roberto Feletti no es el funcionario duro que pensaban. Extrañan a Guillermo Moreno en un ejercicio autodestructivo.

Con el gas todo va en el mismo camino. Alberto Fernández anunció hoy un acuerdo con el presidente boliviano Luis Arce y mostró como éxito un acuerdo para la compra de gas a ese país que no es más, por ahora, que continuar con contrato vigente. En el futuro, si Bolivia produce más, se incrementarán las ventas. Hay un dato inquietante que se suma al mar de dudas de los Argentinos sobre el presidente: el gobierno ni siquiera sabe a qué precio serán esas operaciones. 

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