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La crisis interna atomiza a los jefes del Frente de Todos

Ni los intendentes ni los gobernadores pueden hacer nada ante la impasividad del presidente, al cual todos los días le piden que se anime a dar algún gesto de autoridad. Lo que nadie reclama, sin embargo, es un plan para reacomodar la economía y bajar la inflación.
Foto: Télam
Foto: Télam

La crisis que tienen el Gobierno nacional y el de la provincia de Buenos Aires, entre sí y entre sus propios protagonistas internos, también empieza a permear en la confianza entre los que antiguamente conformaban un frente inquebrantable como lo eran los intendentes del Conurbano bonaerense. 

La aún inconclusa designación de un nuevo presidente para la Federación Argentina de Municipios es otra muestra de eso. Ahora, la discusión reaparece con la postulación de Fernando Espinoza, el intendente de La Matanza, para encabezar este organismo que funcionaba, en el pasado, como distribuidor de las obras públicas y encargado de la obtención de contratos con el Gobierno nacional y las provincias. 

En un principio, ese lugar era reclamado por Juan Zabaleta, que, según dicen en su entorno, aún no declinó a esa pretensión. Pero ya bastante lío tiene con contener a los grupos piqueteros que le llueven desde la izquierda trokista y los "amigos" del Frente de Todos que también quieren movilizar para "contener" a su propia tropa.

Quien está llamando en representación de Espinoza es su socia política, Verónica Magario. La sorpresa de quienes recibieron su mensaje fue más por las formas que por el fondo. "Gracias por avisarme de que lo iban a elegir, pero no sabía que era mi candidato", le dijo uno a los que llamó la presidenta del Senado provincial.

Sergio Massa, un gran entendido de los humores de sus antiguos pares, cuando era intendente, sabía que no podía haber un doble comando. Lo padecía cuando Néstor y Cristina Kirchner convivían en vida con ella de presidenta. Ahora también lo verifica, pero ya no hay duplicación de poderes. Uno es el presidente que no se habla con su vice, que le reclama estar ahí por ella. No hay manera que pueda intervenir en esta contienda.

Por eso es que en cuanta tertulia se arme a lo largo y ancho del Gran Buenos Aires y en las diferentes peñas que los intendentes arman en el interior del país para discutir su rol en el Frente de Todos lo primero que reclaman es que "se dejen de joder y se pongan de acuerdo".

Algunos le reclaman más a Alberto Fernández, otros a su vice. Y todos a Máximo Kirchner, quien no deja un instante de mandar mensajes. Es que a él no le dan la entidad política para poner en aprietos a todo el peronismo, kirchnerismo incluido. 

La última reunión de intendentes, organizada por Martín Insaurralde, tuvo como corolario el enojo de varios de los presentes por haber sentido que los usaron en la distribución de un documento que nunca escribieron. "Para qué voy a hacer una foto en búsqueda de la unidad si después van a decir lo que quieren", se quejó el día después uno de ellos. 

Durante todos los gobiernos peronistas los intendentes actuaban como soporte, iniciador de debates y catalizador de propuestas que el jefe recién anunciaba. Lo mismo hacían los gobernadores en el CFI. Sin embargo, ninguno de estos dos importantísimos grupos hoy está en condiciones de conciliar una postura. Ni con el FMI, ni con el Presupuesto, y mucho menos con el manejo de los fondos que le quitaron a la Ciudad de Buenos Aires. 

Si los dirigentes del oficialismo tuvieran un calendario en sus oficinas, ya estarían tachando los días y verificarían que no le queda mucho más para hacer algo. Algunos hasta pensaron en juntarse para preguntarle, casi reclamarle a Fernández que piensa hacer. Saben que no cuenta más con su vice, pero el peronismo no solo quiere independencia, sino conducción.