El enorme desafío de Rodolfo Suarez para sacar a Mendoza del pasado
Rodolfo Suarez vuelve desde Israel a Mendoza. Es un viaje al pasado. Porque la diferencia horaria hace que deba volver su reloj hacia atrás 5 horas y también lo es desde el punto de vista retórico: en el país asiático Suarez vio cómo se puede innovar para mejorar la calidad de vida y la economía, en un lugar que tiene dos sectores enormes que lo hacen pujante: la industria del conocimiento (como el software) y las técnicas para aprovechar el agua. En Mendoza (como en todo el país) aún hay debates primarios y ocurre una situación paradójica: hay plata pero no se define qué hacer; hay agua (escasa, pero hay) pero la mayoría se desaprovecha y hay inequidades.
En su viaje al pasado, Suarez tiene una enorme posibilidad y responsabilidad. Como Gobernador dará mañana el que será quizá su discurso más importante. Es su primera Asamblea Legislativa fuera de la pandemia, ese hecho que lo condicionó y que también le sirvió de escudo. Sí, lo ocurrido con el covid y el aislamiento le puso un corset a la gestión, pues tuvo que ser monotemático. Pero también fue escudo para todo: como en toda urgencia, no hubo más exigencias que "sobrevivir". Suarez fue uno de los gobernadores más resilientes en ese sentido y tuvo un resultado exitoso, pues ese escudo también le ayudó a tapar las propias carencias. Suarez no necesitó cumplir muchas promesas, pues antes tampoco le hizo falta hacerlas.
Ahora el contexto cambió y es mucho más complejo. La realidad económica y social del país es crítica. Datos sobran: una economía local que se recuperó un poco menos que la nacional, empleo de mala calidad e informal, un 44% de los mendocinos que viven bajo la línea de pobreza medida por ingresos y un contexto político extraño. Es que el oficialismo tiene un tránsito cómodo para que el Ejecutivo decida, para que se sancione casi cualquier ley; los principales departamentos son conducidos por intendentes del mismo signo político y hasta las organizaciones de la sociedad civil son afines. Pero ese nivel de omnipresencia no ha servido para desanudar problemas estructurales de Mendoza y, además, no hay vínculos de diálogo, discusión y resolución conjunta con la oposición para avanzar en temas que no pueden ser resueltos de manera unilateral.
El discurso monocorde y la falta de diálogo traban reformas institucionales (como la de la Constitución), cambios estructurales (como la mejora en educación) y también debates sobre la producción (qué hacer con los recursos naturales como el agua, el petróleo y la minería). Incluso la trabazón puede llegar al punto del ridículo: que Mendoza sigua inutilizando 1023 millones de dólares que podrían servir para generar un impulso productivo, de modernización y desarrollo. Todo indica que Cambia Mendoza, el Frente de Todos y las fuerzas minoritarias no se pondrán de acuerdo en qué hacer. Suarez debe decidir como gobernador y tiene esa potestad, pero la inversión generada lo trascenderá.
Mucho más que 4 años
Los gobernadores de Mendoza duran 4 años. Para muchos la restricción a la reelección es una cláusula virtuosa desde el punto de vista institucional. Para quienes han pasado por el "sillón de San Martín" es poco tiempo. Pero hay un error de concepto. El gobernador dura 4 años en el cargo, pero sus decisiones lo trascienden. Un buen gobernador puede sembrar un futuro mejor, generar esperanza y dejar una herencia virtuosa. Uno malo puede condicionar a la provincia con deuda, obras innecesarias, atraso y sin una visión de futuro. Mendoza ha tenido de los dos; pero sobre todo del segundo.
Por eso el Gobernador tendrá una oportunidad y una obligación. El discurso del 1 de mayo del 2022 es el más importante para él, pues el año que viene ya estará embebido en la pelea por la sucesión. Suarez podrá decir qué quiere sembrar y qué herencia quiere dejar; su legado más allá de los 4 años de duración de su mandato.
No se puede saber qué dirá, pero se puede especular (a riesgo de caer en la soberbia) sobre qué debería hablar de manera ineludible. La economía y el empleo son los problemas más acuciantes para los mendocinos de los cuales el mandatario provincial puede generar acciones para mejorar. La inflación y el resto de las variables macroeconómicas están lejos de su alcance. Hasta ahora hubo programas, como Mendoza Activa, pero no alcanza. Esa carencia se nota en comparación. En el mismo contexto nacional negativo hubo provincias que lograron al menos confirmar proyecciones, un rumbo: el petróleo en Neuquén, el cannabis y el litio en Jujuy, la energía renovable y la minería en San Juan. Mendoza tiene como ventaja que parte de una base mejor por su calidad de vida, logística, disponibilidad de recursos humanos y otros valores. Pero desde hace décadas vive más de los discursos que de los hechos.
Suarez tampoco podrá eludir otro de los problemas que figuran en las encuestas que tiene sobre su escritorio, como la inseguridad y la educación. Ambos son responsabilidad netamente provincial. El agua será uno de los ejes. Probablemente Suarez pueda dar algunos trazos de lo que fue su viaje. Es que fue una misión no solo a Israel, sino al interior del gobierno nacional. Una semana junto a Wado de Pedro y gobernadores peronistas, con una interna feroz. El objetivo informal que tenía el Gobernador era hacer lobby para que liberen a Mendoza para usar los dólares del acuerdo de compensación por la promoción industrial en otras obras más allá de Portezuelo u otro dique.
El 1 de mayo es un día impopular para hablar de política: feriado, domingo. Pero para Rodolfo Suarez puede ser una fecha trascendente. Del legado que quiera dejar depende, pues tiene una enorme posibilidad y también una gran responsabilidad.


