Alberto Fernández paraliza a todos sus aliados y Cristina Kirchner avanza con Wado de Pedro
Wado de Pedro ya se maneja como candidato presidencial. Se reúne con el embajador de los Estados Unidos, Marc Stanley, visita al Papa Francisco y planifica un viaje a Israel con una docena de gobernadores mientras que el presidente Alberto Fernández se junta con Mario Ishii en José C. Paz y rezonga porque lo dan por perdido.
Esta es la fotografía que muestra un gobierno en el que “nadie que no puede lo menos puede conseguir lo más”, tal cual relató en un encuentro un importante dirigente peronista que los conoce a todos pero en particular al presidente Fernández y a su vice, Cristina Kirchner.
Lo “más”, por así decirlo, sería “echar a Wado, como dicen que va a hacer. No lo repitan, porque quedarán en offside. Si ni siquiera puede rajar a Claudio Lozano del Banco Nación”, dijo la misma fuente que grafica con claridad lo que está pasando en la centralidad del poder. A Lozano "no lo lloraría nadie", ironizó.
La desconfianza anida en cada rincón del oficialismo. En las reuniones de cualquier oficina sólo se habla en confianza si los que están son del mismo grupo. “Es de locos, pero cuando hay alguien ajeno a nosotros nos callamos o hacemos que hablamos”, afirmó un diputado que sabe que todos los días La Cámpora vigila.
Está cada vez más claro que el gobierno de Todos no existe más. Y ahora trasciende a una falta de diálogo entre la dupla presidencial. Ya todos los estamentos del Gobierno se recelan y hasta planifican alguna actividad para incomodar al otro. Si no fue así, algo parecido pensó Fernanda Raverta el lunes pasado, cuando se enteró un par de horas antes que su organismo, Anses, iba a ser el encargado de distribuir $200.000 millones de pesos durante los próximos tres meses.
Salvo Fernández y su nuevo empoderado, Martín Guzmán, tanto Raverta como el resto de sus ministros formaron parte de los “invitados especiales” para el anuncio en el que los que se sentaron en primera y segunda fila terminaron siendo observados por quienes estaban detrás.
Así, los comentarios que hacían Juan Manzur, Jorge Capitanich, Juan Zabaleta, Sergio Massa y Axel Kicillof fueron repetidos en el coctel que Luis Barrionuevo les ofreció a muchos dirigentes sindicales y políticos en la tarde de ayer en UTHGRA, donde la mayor parte de las críticas se las llevó el presidente porque “no entiende que se lo llevan puesto”.
Este término poco coloquial pero muy directo es el más publicable del resto de los que se vertieron en la oportunidad. Todos lo quieren ayudar, pero mientras que no tome una postura clara y de separación de su vice, los presentes y los ausentes que lo quieren seguirán haciéndose los distraídos.
Quizás porque sabía lo que se venía, es que Sergio Massa estuvo en República Dominicana durante una semana. Maneja información, contactos y presumía que tenía por delante una semana difícil, donde su decisión, de avalar el pedido opositor para designar a la anticristinista Roxana Reyes como miembro del Consejo de la Magistratura podía provocarle un incordio con su aliado Máximo Kirchner.
El hijo de los dos presidentes es, junto con su madre, la mayor preocupación de buena parte de la política filo peronista. Saben de su rencor y que en la primera oportunidad que tenga, buena parte de quienes se pusieron en su contra tendrán que padecer hasta lo indecible para seguir permaneciendo en lo que vendrá, la reencarnación de Unidad Ciudadana.
Ese nombre recibió uno de los dos bloques en los que se dividió el bloque que conduce la vicepresidenta en el Senado para cumplir con los designios legales del Consejo de la Magistratura. Y Oscar Parrilli lo selló con su declaración. “Esto es una ratificación de la fractura que sufre el oficialismo”, sentenció.
Días atrás, un empresario que se reunió con varios funcionarios del oficialismo quedó perplejo por el nivel de pesimismo e internismo. Pero lo que más lo sorprendió fue la definición que escuchó sobre el gobernador Axel Kicillof. “Es un fantasma… Nadie lo ve ni lo escucha”, le dijo un intendente que suele hablar mucho más con su jefe de Gabinete, Martín Insaurralde.
Insaurralde ya habla abiertamente de su pretensión de reemplazarlo. “Es de locos… tiene como jefe de su equipo a quien quiere su silla”, comentó un dirigente territorial oficialista que sabe que esta pelea crecerá con el correr de los meses. “Para peor, Kicillof volvió a darle todo el protagonismo y la decisión final a Carlos Bianco”, comentó.
La salida de Bianco en lugar de Insaurralde fue la condición que le había impuesto Cristina Fernández de Kirchner tras la derrota electoral de noviembre pasado. Antes, Máximo Kirchner había hecho lo imposible para que el gobernador se diera cuenta de que nadie podía articular políticamente con él.
La pelea entre el actual presidente del PJ bonaerense con el gobernador, con el que coinciden en actividades puntuales, se grafica en innumerables acontecimientos cotidianos y el temor de muchos intendentes con ver a sus candidatos peleando contra ellos, los paraliza y los hace silenciar los reproches.
Cristina Fernández de Kirchner le dice a propios y extraños que “esto explota en septiembre”. Aunque las reservas aumentaron, y hay algunas condiciones económicas que pueden disipar este pronóstico, si ella lo desea, puede pasar. “Por las buenas o por las malas ella siempre quiere demostrar que tiene razón y poder”, dijo uno de los que más siguen sus razonamientos.
Mientras tanto, en la tarde de hoy se volvió a especular con Daniel Scioli como candidato presidencial. “Si vamos a una PASO, se va a anotar, o lo anotamos nosotros. Capaz Alberto lo apoye, porque si no quedan Wado, Cristina y Sergio solos en la cancha”, reflexionó una fuente frentetodista a MDZ.