La burla del principal sospechoso de Mendoza a través del Consejo de la Magistratura
Los policías tenían la orden en la mano: debían requisar la caja de seguridad que el juez Walter Bento tenía en el banco Santander. La abrieron y encontraron una pista fundamental, pero no para abonar la causa por las coimas en la Justicia Federal que tiene a Bento como principal acusado. La señal indicaba que el acusado estaba un paso adelante y no tenía pruritos en usar todo su poder y conocimiento logístico de la Justicia a su favor. La caja de seguridad había sido vaciada y, casi como burla, en el interior había una nota de puño y letra. “Puigdengolas Leé!!! Por favor”, rezaba el mensaje, dirigido al juez que ratificó la investigación del fiscal Dante Vega; el mismo al que Bento le gritó “corrupto” en su declaración indagatoria.
Algo similar había ocurrido en cada paso procesal donde la justicia formal llevaba más tarde que el acusado, que aún sigue como juez y ahora quiere ascender. En realidad con su autopostulación para ser camarista, Walter Bento usa una paradoja para burlarse nuevamente del sistema que lo tiene protegido. El Consejo de la Magistratura tiene su caso en estudio y gracias a la conformación política que tuvo al kirchnerismo como mayoría logró zafar de la suspensión, retiro de fueros y la consecuente detención que hubiera significado.
El caos institucional que tiene al Consejo como eje le da más aire y Bento seguirá en su cargo. La paradoja se completa con la postulación para ser integrante de la Cámara de Casación Penal, máximo lugar de poder previo a la Corte. El cuerpo que debe decidir si es suspendido, también tiene que analizar si puede ascender.
La osadía y el guiño político
Bento no es ingenuo, más bien es osado. Por eso se muestra como postulante para ocupar un lugar en el tribunal que más le interesa a la política, particularmente a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Como conoce el territorio, también puede suponer que es improbable que sea finalmente elegido para ocupar ese cargo. Por eso la osadía toma el estado de burla sobre el sistema. Igual, guiños favorables no faltaron y así como logró dilatar el proceso en el Consejo que era manejado por el kirchnerismo (que le dio lugar a cada maniobra dilatoria que propuso), también le permitieron inscribirlo a pesar del procesamiento firme que pesa sobre él.
La Justicia Federal de Mendoza es tan disfuncional que podría ser parte de alguna novela. Pero es real. El juez procesado sigue en funciones y tiene en sus manos la libertad o prisión de muchas personas, el control de la política y causas en las que hay acusados de ser parte de la red de coimas siguen bajo su supervisión. El colmo: un abogado que está detenido como sospechoso de la asociación ilícita, sigue como defensor de una de las tramas de contrabando en la que el propio Bento también estuvo como sospechoso por el supuesto pedido de coimas. La causa por contrabando que tiene a 12 acusados, entre ellos el empresario chino prófugo Zheng Cheng, está fuertemente vinculada a la investigación sobre la asociación ilícita que según la sospecha lideraba Bento, pues toda la maniobra de contrabando por más de 2 millones de dólares que fue investigada está atravesada por el pedido de coimas para bajar las culpas.
La omnipresencia de Bento sigue siendo un elemento de presión. Tácita y algunas veces más tangible. Por eso gran parte de la dirigencia política subió su nivel de preocupación cuando se supo que se había abierto uno de los teléfonos de Bento. Y cada maniobra es calculada. El juez sigue teniendo en su firma el poder de allanar, detener, investigar y acusar. Aún cuando es el sospechoso número uno de Mendoza.


