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Alerta para el campo: el kirchnerismo ya analiza el precio de la soja

Parte del ala dura de la oposición considera que se debe revisar (hacia arriba) la presión impositiva sobre la exportación de la oleaginosa. Se considera que es una de las medidas que debe tomar el Gobierno para equilibrar la firma del acuerdo con el FMI. La oposición espera el embate.
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Para el Gobierno será un empate. Para el ministerio de Economía el alza en los precios de la soja (y el resto de los commodities exportables) generarán en el 2022 la suficiente cantidad de divisas como para hacer frente a un eventual incremento en el gasto de importación de combustibles; fundamentalmente para el gas. En consecuencia, si se da el pronóstico de Martín Guzmán será otra vez la oleaginosa la que "salve" las cuentas públicas, y determine que finalmente habrá equilibrios entre salidas y entradas de dólares; fruto en este caso del segundo Cisne Negro internacional que debe enfrentar el Gobierno de Alberto Fernández: la invasión de Ucrania por parte de Rusia y las fuertes alteraciones que la acción bélica generó en los mercados internacionales.

Los números que se hacen en el Palacio de Hacienda afirman que el incremento de la soja se da el en momento exacto como para aprovechar la suba e incrementar la recaudación vía retenciones, mientras que el incremento del gas será una cuenta que aún no puede cerrarse y que se conocerá pasado el invierno. Y que podrá ser enfrentada con dólares en las reservas reforzadas del Banco Central, no sólo por las liquidaciones sojeras, sino por los DEGs provenientes del Fondo Monetario Internacional (FMI) que ingresarán una vez que se cierre, apruebe en el Congreso y se firme en Washington el demorado Facilidades Extendidas. Mirando de reojo el precio de la soja, la decisión del Ejecutivo es entonces mantener las buenas relaciones con el campo, y esperar que las liquidaciones comiencen a darle aire a las hoy asfixiadas cuentas públicas.

Sin embargo, hay dirigentes del oficialismo que ven la realidad de otra manera. Y que considera que llegó el momento de prensar en una suba de las retenciones a las exportaciones sojeras, dado que la suba en los precios mundiales se debe a una situación internacional excepcional y no, algo irritante para los productores locales, a una mejora en la especialización criolla. La posición ya es conocida y fue hecha pública por el diputado nacional de origen radical Leopoldo Moreau; como reclamo del ala dura del kirchnerismo como compensación por la aceptación del tratamiento (obviamente no el voto a favor) del Facilidades Extendidas en el Congreso.

Hay quien afirma dentro del ala dura (durísima) del oficialismo, que no hay tiempo que perder, y que si no se quiere romper el bloque; se debe avanzar en un esquema de incremento de retenciones a las exportaciones. O algo políticamente más complicado: volver a un esquema similar al que iba a establecer de manera semipermanente la Resolución General 125 de 2008. Aquella medida, de triste memoria, consagraba las retenciones móviles, por las cuales a medida que subían los precios internacionales, mayor porcentual de impuesto se debía liquidar. Si se hubiera establecido ese esquema que derivó en la "Guerra contra el Campo" que culminó con el voto no positivo de Julio Cesar Cleto Cobos del 17 de julio del 2008  y la caída de la iniciativa y la mayor derrota legislativa de toda la historia del kirchnerismo en el poder. Y la caída en desgracia del mendocino dentro del oficialismo de entonces.  

¿Qué establecía aquella resolución del ministerio de Economía? Según menciona el sitio Chequeado.com,"como regla rápida podemos decir que el punto de equilibrio (cuando las retenciones según la 125 hubiesen sido 35% como ahora) se da cuando el precio FOB oficial es de US$395, y que una ventaja importante para el productor (retenciones del 30%) se da sólo cuando el precio desciende a US$319, lo que no sucedió en ningún punto de la serie (el mínimo promedio mensual fue 335 en diciembre de 2008)". Si la evolución de los precios internacionales no se hubieran actualizado y la 125 estuviera vigente, el porcentaje de retenciones aplicado en la actualidad se ubicaría entre 38% y 40%. O más. Algo políticamente imposible de aplicar; según coinciden el albertismo, los gobernadores del oficialismo y la oposición, y todo el marco legislativo no oficialista. Sin embargo, se sabe, no hay buen maridaje entre el kirchnerismo y el campo; y, se descarta, el tratamiento del Facilidades Extendidas con el FMI en el Congreso.

Los economistas de ese sector hacen cálculos. En términos numéricos, con una soja por arriba de los 620 dólares, implicaría un seguro incremento de los ingresos de no menos de 2.000 o 3.000 millones de dólares extra este año. Dinero que el sector político más extremo del oficialismo, considera que sería lo mínimo indispensable para cubrir la aplicación de acciones sociales que compensen el mal trago que generará en el movimiento la firma del acuerdo. Y, fundamentalmente, la temible llegada desde julio u agosto de las misiones trimestrales del Fondo para controlar la marcha de la economía argentina. Algo que el kirchnerismo se llama "cogobierno con el FMI", que sólo se vería aplacado con medidas fuertes que vuelvan al eje que marcaron los años de gestión de esa línea política. Y eventualmente, una revancha contra la batalla del 2008. La sola mención de la alternativa, paraliza los nervios del albertismo. Y alerta a la oposición para prepararse a defender al campo, algo que electoralmente siempre es rentable.