Invasión a Ucrania: el gas ya le complica el invierno a Alberto Fernández
El Gobierno miraba ayer casi como siguiendo una película de terror la cotización del petróleo y el gas en el mundo. El barril del crudo Brent, referencia de valor para la Argentina pegó un salto hasta U$S139 (el valor más alto desde el 2008); el gas lo acompañó casi sin diferencias hasta llegar a valores 11 veces superiores a los que el país pagó hace un año para importar el gas natural licuado que inyecta en la red. Ese movimiento casi en vertical que pegaron los precios de la energía ayer vino cuando Estados Unidos y Europa anunciaron que analizaban un embargo a las exportaciones rusas de petróleo y gas, la que tienen al centro europeo como principal comprador. Solo ante la posible restricción al gas ruso los precios se dispararon aunque luego se acomodarán en U$S124 el barril del Brent, salto igualmente histórico.
Para tener una idea de por qué a la Argentina deben preocuparle estos movimientos y sobre todo a su negociación con el FMI, sirve como ejemplo lo que esta sucediendo en España, donde el costo de la energía eléctrica subió 115% desde el 24 de febrero, día en que comenzó la invasión de Rusia a Ucrania.
Algo parecido puede razonarse con el trigo, que tiene a Ucrania como principal productor en la zona y que solo ayer trepó más de 7%. El pan en Europa subirá de precio y también faltará el aceite de girasol, otro producto que los ucranianos le aportan al continente, al punto que ya comenzó el racionamiento en los supermercados europeos.
Acá en Argentina la crisis es un poco más complicada. Con el actual esquema de subsidios una suba del 30 o 40% extra en el precio del gas puede hacer tambalear cualquier reducción de déficit acordada con el FMI. A pesar de la suba del 20% en la tarifa de gas, ya publicada en el Boletín Oficial, del compromiso con el Fondo de elevarla en tres categoría distintas que traerán incrementos que van desde eliminación total del subsidio hasta 43% y la prometida segmentación, la disparada de precios que provocó la guerra guerra desatada por los rusos le puede traer a Alberto Fernández un dolor de cabeza mayúsculo a la hora de cerrar los números para intentar mantener las estufas de los argentinos prendidas este invierno.
Al país se le presentan dos problemas. Si EE.UU y Europa finalmente deciden utilizar esa criptonita letal para la economía rusa que sería bloquear sus exportaciones de gas y petróleo, no solo subirá el precio sino que los proveedores alternativos como Australia, Qatar o el propio Estados Unidos estarán saturados de pedidos en el futuro. Vale aclarar que los contratos de entrega cercanos ya están cerrados desde el año pasado y no son motivo de discusión. Ayer el mercado de futuros del gas mostraba alguna expectativa sobre los contratos de entrega a abril, con una baja de 4% pero los precios no variaban demasiado.
El segundo problema para la Argentina que se suma a las dificultades que podrá haber para conseguir GNL en el mundo es el precio; es decir, si el país tendrá los dólares para pagar el gas o, de lo contrario, deberá apelar a interrupciones a empresas, lo que le complicaría además los números de recuperación de la economía que el gobierno negoció con el FMI.
Hasta la suba de esta semana, Argentina tenía una proyección de importación de U$S3.860 millones en el invierno que viene. Son unos 70 buques de gas. Ese número, si la guerra no entra en un camino de solución, los problemas pueden multiplicarse.


