La condición indeclinable de Cristina Fernández y Máximo Kirchner para la paz en el Frente de Todos
Pese a las rispideces y los desencuentros en las últimas semanas, Cristina Fernández de Kirchner y su hijo Máximo Kirchner tienen cierta vocación para recuperar los vínculos con Alberto Fernández y volver a la paz en el Frente de Todos. Pero la visión de liderazgo que maneja la vicepresidenta sujeta cualquier arreglo con el Ejecutivo a una condición inexorable: la salida de los ministros que le desagradan.
"Cristina Fernández de Kirchner y Máximo Kirchner quieren recomponer relaciones con Alberto Fernández, pero hay un inconveniente en esa vocación por acordar: la concepción del poder y del Gobierno que tiene Cristina. Es una forma patrimonial de entender el poder; es decir: 'El poder me pertenece a mí, porque los votos son míos'", explicó el periodista Carlos Pagni en su editorial del programa Odisea Argentina, del canal LN+.
En ese sentido, recordó la polémica que despertaron las declaraciones del camporista Andrés 'el Cuervo' Larroque, quien le "recordó" al presidente que "tiene el 4% o 5% de votos que tenía cuando fue jefe de campaña de Florencio Randazzo".
"Alberto Fernández es la expresión de un grupo minoritario y Cristina Kirchner expresa a la mayoría que llevó a este grupo político al poder y, por lo tanto, ella tiene un señorío sobre el Gobierno que Fernández debería reconocer", analizó el comunicador respecto al razonamiento de la vicepresidenta.
Bajo esa perspectiva, aclaró Pagni, cualquier acuerdo "debe ser una rendición. ¿Qué quiere decir esto? Alberto Fernández debería entregar la cabeza de los tres ministros más ligados a él. El primero, Santiago Cafiero, que no sabemos cuán ligado está en este momento al Presidente, porque este fin de semana perdió en las internas peronistas de San Isidro y no recibió mucho apoyo de su jefe. El otro ministro es el encargado de la cartera de Producción, Matías Kulfas, que es un puente del Gobierno y del propio Fernández con sectores muy amplios del empresariado".
"Finalmente, y sobre todo, implicaría entregar la cabeza del ministro de Economía, Martín Guzmán. Es interesante detenerse en esto porque tiene que ver con las dificultades que tiene Cristina Kirchner para acordar con cualquier persona o entidad", añadió.
Curiosamente, un escenario similar ocurre con la negociación con el Fondo Monetario Internacional, que terminó por resquebrajar la relación entre el presidente y la vice. "Por supuesto, ella quería un acuerdo y lo puso a Fernández para cumplir con eso. Pero no es el acuerdo que ella quería, porque le hubiera gustado una rendición del FMI; es decir, que determine cosas por fuera de sus estatutos, que cambie los plazos y que admita no hacer cualquier tipo de ajuste. Pero eso no es un acuerdo con el Fondo".
"Es como pedir una tortilla de papas y quejarse porque tiene papas. La tortilla de papas es con papas y los acuerdos con el FMI son con ajustes", cerró Pagni.