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Rusia, Ucrania y la "cuestión polaca"

La invasión a Ucrania —que lleva el sello del autócrata ruso Vladimir Putin—, no puede comprenderse sólo a la luz de la caída del imperio soviético. Sus raíces son más profundas, e incluyen la historia de Polonia, una nación sometida a sucesivas particiones desde el siglo XVII.
Foto: AFP
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Hay una mirada sobre los hechos actuales que ubica la cuestión ucraniana como la consecuencia de la búsqueda, por parte de Rusia, de recuperar el orgullo nacional perdido luego de la caída del muro de Berlín. Suele citarse, por parte de los analistas europeos y estadounidenses, que las razones de Vladimir Putin tienen que ver con la memoria histórica rusa, basada en la invasión napoleónica y la posterior invasión nazi. Sin embargo, lo que se vive es un capítulo más en una historia de sometimiento, rebelión y nacionalismo que tiene, cuanto menos, trescientos años de antigüedad. Polacos, lituanos y ucranianos comparten una historia común marcada por sobrevivir al poder de los zares.

Polonia estaba sometida al zarato ruso en el siglo XVIII. En 1793, las dos terceras partes del territorio polaco fueron invadidas: el este, por parte de Rusia, y el centro del país por parte de Prusia. Dos años más tarde, la tercera parte que quedaba es ocupada por Austria, con lo cual Polonia, prácticamente, desaparece del mapa europeo. Incluso, Stanislaw Poniatowski, el rey electo del país abdicó al trono: ya no quedaba nada. Los polacos admiraban a Francia y, de hecho, en los salones de la alta sociedad no se hablaba en polaco, sino en francés. Esa vinculación cultural fue lo que llevó a Napoleón a invadir Rusia, inspirado por su amante polaca y furibunda nacionalista, la condesa María Waleska.

La partición de Polonia fue vista por las potencias de la época como un colchón que les protegía de las ambiciones de sus oponentes. Así fue también durante la última partición de Polonia entre Rusia y Alemania, en 1939 como consecuencia del pacto que llevó el nombre de los representantes de los respectivos gobiernos: Molotov/Ribentropp. Así se dio una nueva ocupación del país y, como una de sus consecuencias, la matanza del bosque de Katyn, en el cual fueron asesinados 22 mil intelectuales, militares y políticos polacos.

La cultura anti rusa está muy arraigada en los países eslavos, lo cual se basa en su historia común. No se puede hablar de un estado ucraniano, en sí, hasta 1917, año en que el Imperio Ruso se retira de la Primera Guerra Mundial y en el actual territorio ucraniano se da un vacío de poder en el contexto de la guerra civil rusa. Es entonces cuando se crea en Kiev la República Popular Ucraniana, en donde se concentran las voluntades con aspiraciones nacionalistas, y la República Socialista Soviética de Ucrania, creada por Vladimir Lenin en Járkov. Los bolcheviques y la República Polaca fueron los grandes enemigos de la efímera independencia ucraniana, la cual finalmente sucumbió en 1921.

Es en particular este punto de la historia el que marca a pleno la animadversión hacia el estado ruso: la rusificación de su territorio y la persecución de cualquier tipo de nacionalismo ucraniano. Un episodio criminal, el Holodomor, marcó para siempre a Ucrania: el mando de Iósif Stalin, el país sufrió una gran hambruna entre 1932 y 1943, durante la cual se estima que murieron entre 1,5 y 4 millones de personas. La cantidad de muertos en todos los territorios de la URSS se estima que pudieron haber llegado a ser 12 millones.

Hoy se escribe un nuevo capítulo de esta historia que viene de siglos y que tiene variantes épicas, las cuales no se pueden enmarcar frívolamente como la respuesta emocional de un individuo que busca algún tipo de redención histórica o de un pueblo que resiste patrióticamente sólo inspirado por el criterio de cierto nacionalismo.