El problema en cómun que tienen Alberto Fernández y Axel Kicillof dentro de sus gobiernos
El presidente de la Nación, Alberto Fernández, y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, comparten, además de la impiadosa mirada hacia sus personas de Máximo Kirchner, la propensión de desdibujar o correr del debate central a sus respectivos jefes de Gabinete, Juan Manzur, en el orden nacional, y Martín Insaurralde, en la Provincia.
Por diferentes razones, ni Manzur ni Insaurralde son los voceros autorizados por sus respectivos jefes. Es más. En Buenos Aires, Kicillof prefiere que sus ideas y proyectos sean defendidos por el corrido Carlos Bianco, a quien le confía todo, en contraste con Insaurralde, a quien no le presta ni una birome, preocupado por lo que puede hacer con ella.
En cuanto al presidente, su falta de compromiso para con sus aliados más importantes, hizo que Manzur se recluyera a un simple organizador de la cotidianeidad oficial, atando vínculos para vaya saber qué momento. Inclusive, casi como una canilla rota, cada semana surge un goteo que habla de su salida y vuelta a Tucumán. Y como todos saben, eso horada.
En el juego de las coincidencias también puede anotarse que ambos están en uso de licencia en los lugares por los cuales la población los eligió y llegaron a sus nuevos cargos por episodios que tuvieron a Cristina Fernández de Kirchner como protagonista.
El tucumano dejó la gobernación para venir al gobierno nacional tras la carta bomba posterior a las PASO de la vicepresidente mientras que Insaurralde tomó licencia en Lomas de Zamora y llegó a la gobernación por imposición de la madre de Máximo Kirchner, que se lo reclamó en más de una oportunidad.
Kicillof y Kirchner se hablan poco, casi nada. Ambos coinciden en no reconocerle demasiadas virtudes entre sí. El presidente Fernández ya ha dejado de admirar al hijo de los dos presidentes, aunque fue el ex presidente del bloque oficialista del Frente de Todos quien había marcado su desazón con mucha antelación por el elegido de su madre para la primera magistratura.
Sin embargo, a diferencia de lo que sucede en Nación, donde Manzur ve cercenada su capacidad operativa con los legisladores propios y opositores para debatir los temas de interés oficial, es el jefe de Gabinete bonaerense quien lleva los hilos entre los frentetodistas y los referentes de Juntos por el Cambio.
La operación política más importante del año pasado pasó por sus manos, como lo fue la posibilidad de darle a los intendentes una nueva reelección, hecho que lo enemistó con Sergio Massa, a quien Kicillof, un mes después, premió con un ministerio para un hombre de su confianza, Jorge D'Onofrio.
En esto también coinciden Kicillof y Fernández. Enfurecen a los propios aliados con sus nuevas designaciones.
Ahora, es Sergio Massa el responsable de reclutar cuantas manos le sean posible al Gobierno nacional en su afán de aprobar el nuevo entendimiento con el FMI. Cuenta con la mayoría de los radicales, la Coalición Cívica y el PRO, aunque no todos. Con los que aporta el bloque del Frente de Todos supera a quienes se ausentarán, abstendrán o votarán en contra. El problema para el gobierno es que si en el último grupo están Máximo Kirchner y varios de sus seguidores, las señales no serán de las mejores.
Para peor, donde sí hay un fuerte debate en la oposición es con respecto al quorum. ya que Juntos por el Cambio repite el desconcierto demostrado en la noche anterior al tratamiento del presupuesto, en la que había varias posturas que mostraban una grieta interna indisimulable.
Insuaurralde, en cambio, es el que camina con el permiso del gobernador para obtener el consenso necesario para votar las leyes que necesita Kicillof durante este período legislativo, como ser los cargos que le corresponden a la oposición en diferentes empresas públicas y organismos de control, el futuro del Procurador General y la chance de reformar la fecha y la forma de votar en la Provincia.
Sobre este último punto hay tantas versiones como fuentes consultadas. Y también existen contrapuntos entre los oficialistas y opositores, con diferentes miradas internas. Hasta el momento, nadie sabe de dónde nació la idea de desdoblar la elección en la provincia de Buenos Aires y que sus habitantes voten un día distinto al del Gobierno nacional.
Todas las voces señalan a la dupla Insaurralde-Kirchner, pero nadie pone un nombre al autor de la propuesta que serviría para hacer valer la ventaja que, suponen, tiene el kirchnerismo sobre la oposición en la Provincia, donde se gana por un voto y no hay ballotage.
"Es algo normal y muchos gobernadores lo hacen, ¿por qué no en la Provincia?", se preguntó un importante hombre de consulta de todas las partes que conforman el Frente de Todos. Es que en los últimos meses volvió a crecer el síndrome "sálvese quien pueda".