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El complejo de orfandad de Alberto Fernández y los problemas de Argentina, en medio de un discurso miope

El presidente dio un discurso frío, donde reconoció que la inflación es el principal problema, pero lo hizo como si fuera huérfano, con origen desconocido. El anuncio del acuerdo con el FMI rompió la Asamblea y parte de la oposición dejó el recinto. Los olvidos y la frialdad de Cristina.
Foto: TELAM
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El presidente Alberto Fernández se puso en línea con el principal problema que sufren en la vida cotidiana los argentinos y que desalienta el porvenir: la inflación, la imprevisibilidad que genera el aumento constante de precios y la depreciación de los salarios. Pero lo hizo de un modo parcial y esquivo. Su discurso tiene una particular orfandad; el presidente niega el origen o se niega a buscarlo. "La inflación que heredamos", dijo, sin hacerse cargo.

El problema político es que no especificó de qué parte del árbol genealógico del poder se refería. Pues a su lado estaba Cristina Fernández de Kirchner, quien fue presidenta durante dos períodos y fue justo en esas gestiones donde explotó la inflación y se buscó una salida tramposa: modificar los índices; vulnerar las estadísticas y hasta dejar de medir la pobreza. El reconocimiento del problema puede ser un buen paso; la negación o manipulación del origen un mal camino para solucionarlo. El presidente no ahondó sobre el origen de la inflación, ni esbozó algún plan para solucionarlo. 

El presidente abrió la sesiones ordinarias del Congreso en una sesión fría, cargada de gestos adustos. Por el contexto mundial, y también por el microclima político del oficialismo. No hacían falta banderas en contra. La ausencia de Máximo Kirchner fue, quizá, el gesto político que marcó la previa. La helada presentación de Cristina Fernández de Kirchner siguió la línea argumental; con algunas perlitas en el camino, como las indicaciones sobre qué tenía que hacer. "Ahora pedí el minuto de silencio", ordenó la vicepresidenta, mientras Alberto Fernández le respondía individualmente a algunos diputados opositores que le recriminaban desde el recinto. El desprolijo inicio del discurso tuvo un punto de inflexión clave.

 

Alberto Fernández tardó en anunciar el problema de la deuda y allí se rompió todo dentro del Congreso. Es que además de mencionar el acuerdo, acusó al gobierno anterior y reiteró el pedido a la justicia para que se investigue. En medio de chicanas e insultos, parte de Juntos por el Cambio dejó el recinto. Pero no todos. En medio de las sillas vacías estaban Facundo Manes y el presidente de la Coalición Cívica Maximiliano Ferraro. Otros, acusaban al Presidente. "Yo no miento Alfredo, vos me conocés; yo no miento", dijo el presidente, respondiendo acusaciones de Alfredo Cornejo

Al hablar del acuerdo con el Fondo, retomó la línea argumental que usó cuando lo anunció: el discurso de lo que el acuerdo "no es". Con Cristina a su lado y sin Máximo en el recinto, intentó convencer que el acuerdo no implica ajuste ni reformas estructurales, aunque haya matices puertas adentro que indiquen lo contrario. Al igual que con la inflación, según Alberto, los problemas de la deuda comenzaron en 2018. No dio detalles, salvo que el plan de pagos de los más de 40 mil millones de dólares se hará entre los años 2026 y 2034. "No habrá reforma previsional. En Argentina se terminaron los tarifazos. No habrá reforma laboral", fueron las frases para convencer a los propios. En realidad habrá cambios "minimalistas" en las jubilaciones (permitiendo que haya trabajadores de más edad que se mantengan activos), habrá segmentación de usuarios y se cortarán los subsidios de servicios para el 10% de la población (no mencionó si seguirán o no los mega subsidios a la provincia de Buenos Aires). 

Alberto redundó sobre un concepto que genera tensión en tiempos de guerra: el multilateralismo. Lo hizo para anunciar que habrá un aumento del swap chino, el acuerdo con ese país para reforzar las reservas del Banco Central a través de la moneda oriental. "China siempre nos ha ayudado cuando tenemos problemas"; dijo. La ampliación sería por un equivalente a cerca de 3 mil millones de dólares. Ese dinero estaría disponible para, llegado el caso, ampliar las reservas del Banco Central, aunque a un costo financiero elevado. 

Con el recinto medio vacío, Alberto enumeró proyectos, redundó en anuncios ya mencionados (como la construcción de 100 escuelas técnicas) y trazó algunas líneas de políticas educativas generales. También mencionó a vuelo de pájaro los problemas con los alquileres y la inseguridad, sin hacer autocrítica ni anuncios. Solo ahondó en la carga de responsabilidad del Poder Judicial. Es más: usó ese tema para hilarlo con una acusación grave. Según el presidente, hay una complicidad de la justicia con el poder económico. Lo hizo en particular con los aumentos de las tarifas de los servicios de comunicación. 

El discurso de Alberto Fernández se fue apagando; en intensidad y volumen político. "Hay que sacar la utopía del pasado y volver a ponerla en el futuro", dijo para cerrar un discurso con ejes huérfanos.