La gira de Fernández, ¿hacia un nuevo posprogresismo poscapitalista?
“Las respuestas a la mayoría de las preguntas siguen estando escondidas en gran parte en el seno del futuro, de lo único de lo que podemos estar seguros es de que el mundo que surja del presente reordenamiento de valores, creencias, estructuras sociales y económicas, sistemas e ideas políticas, será diferente de cualquier cosa que nadie imagine hoy”. Dixit. Parece mentira que fuese escrito en 1992 por Peter Drucker en su ya clásico libro Post Capitalist Society, hace nada más y nada menos que treinta años.
Hoy, tres décadas después, el filósofo de moda, Byung-Chul Han, nos habla de “la sociedad del agotamiento” en su última obra, Nonobjects, uno de cuyos primeros títulos sugeridos por la editorial fue Inestable, en clara referencia a un mundo global, el nuestro, en el que todo parece en estado líquido y evanescente, incierto, inseguro, mudable, y mucho más todavía en los tiempos aciagos del coronavirus y sus impredecibles y a veces incontrolables mutaciones.
¿Se habrá vuelto también Inestable el capitalismo, un Nonobject? El presidente Alberto Fernández regresando al país tras una gira empeñado denodadamente en afianzar los vínculos comerciales de la Argentina con Rusia y China, dos países sin duda económicamente capitalistas pero de más que dudosa calidad democrática, constituye un ejemplo del capitalismo vernáculo, autóctono, sui generis, dispuesto a hacer negocios aun en lo Inestable, aun con lo Inestable. En verdad, ¿todo suma?
Eso, diría Drucker, no es poscapitalismo sino un capitalismo del más rancio abolengo, un capitalismo sin rostro humano, el mismo capitalismo algunos de cuyos rasgos con no poca razón denostaba Marx a fines del siglo XIX, negocios que ignoran y hasta desprecian los derechos fundamentales de las personas a las que gobiernan mandatarios pragmáticos pero fundamentalmente cínicos y ahora nuestros socios estratégicos e inversionistas.
“En el espacio de unas cuantas décadas, la sociedad se reestructura a sí misma, cambia su visión del mundo, sus valores básicos, su estructura política y social, sus artes y sus instituciones clave. Cincuenta años más tarde hay un nuevo mundo y quienes nacen entonces no pueden siquiera imaginar el mundo en el que vivieron sus padres. En estos momentos estamos viviendo una transformación así”. De nuevo Drucker. Y hace 30 años.
No en todos lados, es cierto, ni tampoco en todos al mismo tiempo o la misma velocidad, pero el capitalismo está cambiando, tal vez sin la intensidad prevista y pronosticada por Drucker, pero transformándose al fin. El espacio público lo demanda pues existe desde hace ya décadas una nueva sensibilidad epocal, nuevos valores, nuevos deseos, nuevas aspiraciones, nuevos temores y angustias también. Pero no hay peor angustia que la de ni tan siquiera ser capaz de presentir hacia dónde se encaminan los signos de los tiempos, y más aun agitando las banderas del presunto progresismo. Como sabiamente afirmaba Séneca, “quien no sabe a qué puerto navega ningún viento le es favorable”. Y es que tal vez el dinero no lo sea todo.