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Un amor con final trágico

Cristina viene cultivando desde 2014 una cálida relación con el autócrata Putin. Los gestos entre ambos han sido constantes y marcan una agenda compleja que condiciona al Gobierno conforme el régimen ruso se abalanza sobre una nación libre con argumentos falaces e incurriendo en acciones criminales.

En 2015, Cristina Elisabeth Fernández viajó a Rusia como presidenta de la Nación. En la página web de la Casa Rosada se puede leer: "La presidenta Cristina Fernández  y su par Vladimir Putin intercambiaron saludos en el Salón Verde del Kremlin, sede del gobierno ruso, previo a la reunión que mantienen a solas. Allí, la Presidenta agradeció “la cálida bienvenida brindada por el gobierno ruso y por el pueblo de esta Nación en un año especial porque se cumplen los 130 años del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países". Asimismo, resalta: "Por otra parte, agradeció la gentileza de que el Museo Histórico de Moscú haya ofrecido sus instalaciones para exhibir una muestra sobre Eva Perón e invitó a Putin a recorrerla".

En esto, nada fuera de protocolo o que no esté dentro de las formas de las relaciones internacionales. Lo peculiar, es lo que se dio de allí en más, que fue reflejado por la propia Cristina en este párrafo de una entrevista con la cadena de noticias estatal RT: "La alianza con Rusia trasciende ya los lazos de hermandad, de compartir culturas o identidades, y pasa directamente a planos más profundos". Es difícil entender, desde nuestra historia, a qué se refiere una nativa de la localidad bonaerense de Tolosa que forjó su poder en la patagónica provincia de Santa Cruz cuando dice "los planos más profundos" que unen a estos dos personajes públicos.

Fue la pandemia del covid-19 la que renovó estos lazos y motivó que se eligiera la vacuna del Gamaleia, Sputnik V, como punta de lanza de las acciones gubernamentales contra la enfermedad, lo que marcó un punto de inflexión política y mancha el presente de nuestro país con miles de muertos a consecuencia de no haber optado por la vacuna de Pfizer, que estuvo disponible de un modo muy inmediato. El sector que lidera Cristina es claramente pro Putin, y se lee fácilmente en sus posiciones públicas.

El presidente Alberto Fernández llevó toda esta situación a límites de vergüenza pública señalándole al autócrata ruso: "Estoy emocionado de poder agradecerle lo que usted hizo por Argentina. Y quiero que nuestro país se la puerta de entrada de Rusia en el continente". Los tambores de guerra ya sonaban en Moscú cuando el presidente argentino dio este temerario mensaje.

La situación actual pega en todo el mundo. La relación con Rusia habilitó negocios en torno a la pandemia, por caso, para el laboratorio Richmond, a cuyo dueño Daniel Gollan le avisó que había una oportunidad para fabricar la vacuna en nuestro país, una decisión de poder que complació a Cristina y a sus acólitos y que hoy es un proyecto ruinoso. El Departamento del Tesoro sancionó al fondo de inversión que financia la vacuna de Gamaleia y las exportaciones desde Rusia están bloqueadas.

Los devaneos de Cristina, explicitados en su reciente cadena de tweets, buscando equiparar la toma por la fuerza de Crimea con la guerra de Malvinas exhibe una extraña mezcla de delirios de grandeza e profunda ignorancia en temas de geopolítica.