Por YPF, Mendoza abre otro frente de batalla con la Nación
La relación entre Mendoza e YPF está intoxicada. Desconfianza, intereses personales, cruces políticos y, en el medio, una realidad imposible de negar: se necesitan. El Gobierno volvió a reclamar a la petrolera estatal por el precio del petróleo sobre el que calcula el pago de regalías pues la empresa calcula el valor y tiene, como es obvio, una posición del mercado que le permite manejar los precios de toda la cadena de valor.
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El reclamo por ahora está acotado a lo administrativo y político, pues están contemplados los mecanismos de resolución de diferendos de ese tipo. Allí la Provincia debería poner a prueba su pericia para negociar, pues la puja se dará en la OFEPHI, el organismo que integran todas las provincias petroleras y donde Mendoza ha perdido poder.
El primer paso de ese camino debería ser convencer a las provincias petroleras para sumarse al reclamo. Es más complejo aún el esquema. Mendoza se supone que es parte de YPF y tiene un director en la mesa. Martín Kerchner no fue parte del anuncio oficial. Fuera de su rol, tampoco tiene buena relación con el denunciante Enrique Vaquié. El actual ministro fue director de YPF también. Otro mendocino que forma parte del directorio es Celso Jaque, quien fue designado por el Gobierno nacional. Aunque la petrolera se maneja como empresa privada, tiene influencia política y ese vínculo es clave para las decisiones de inversiones, entre otras cosas.
Para Rodolfo Suarez lo más complejo es llevar el difícil equilibrio con el que le ha tocado caminar a todos los gobernadores: controlar, exigirle a la petrolera y a la vez "seducirla" para que invierta. La industria petrolera local es hiper dependiente de esa firma por una cuestión de escala, de concesiones y de proyectos de inversión hacia el futuro.
La empresa es liderada por Pablo González, un dirigente político del riñón K, pero con expertise en el tema. González es de Santa Cruz, provincia que tiene una competencia directa con Mendoza por el tipo de proyectos petroleros que tienen potencial: crudo pesado, recuperación terciaria y yacimientos viejos. Algunas de esas pujas Mendoza las perdió.
El precio del petróleo que se tiene en cuenta en Argentina no es el internacional. La compleja ecuación tiene en cuenta la calidad del petróleo, las retenciones a la exportación, entre otras cosas. YPF tiene la particularidad que, además de tener un volumen del mercado enorme (más aún en Mendoza), se "autocompra" el petróleo para refinar.
YPF y el Estado local tienen una serie de reclamos mutuos; muchos de ellos se resolvieron el año pasado en un convenio que firmaron Rodolfo Suarez y el presidente de la petrolera, Pablo González. Allí se daban por cerrados varios litigios, se comprometían inversiones y se generaban instancias de resolución de diferendos. Uno de ellos era, justamente, sobre el precio del barril de crudo. Y se menciona a la comisión técnica de la OFEPHI como espacio. El Gobierno considera que el precio de venta (que YPF vende y que YPF se compra) no refleja la realidad del mercado y por eso se considera agraviado.
La producción de petróleo en Mendoza está en decadencia. La cuenca cuyana está agotada y los proyectos que siembran algo de esperanza en esa industria están en la cuenca neuquina y en particular a través de la recuperación terciaria con inyección de polímeros. El año pasado se acoró con YPF un plan que, de resultar, podrían implicar inversiones por 400 millones de dólares. Hoy se montan plantas en Chachahuén y hay otras planificadas. Vaca Muerta sigue siendo más parte de los discursos que de la realidad. Para este año la empresa estatal tiene proyectados dos pozos exploratorios en Malargüe.
El año pasado el acuerdo firmado por Suarez tuvo muchas idas y vueltas. Tantas, que estuvo a punto de fracasar. Ahora se abre un nuevo capítulo en esa tensa relación, pero con la Nación como actor principal. Es que además de estar en juego el dinero, también se pone en tensión la política energética.