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Cuestionamientos paralelos a la matriz estatista de la cultura argentina

La decisión de Paloma Herrera de alejarse de la dirección del teatro Colón, y los cuestionamientos del “Kun” Agüero al régimen impositivo de nuestro país, son claros ejemplos de un cambio de época.
Foto: Puntal
Foto: Puntal

Los trece años -en curso- de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Elisabeth Fernández introdujeron en Argentina máximos de intervención estatal bendecida por un universo de ciudadanos que los han elegido en las urnas, en un acto de renovación de la confianza en las políticas de la supremacía del Estado que han agotado al país, destruyendo el valor de la moneda a extremos nunca antes conocidos. En ese contexto, dos actores de la sociedad civil revolucionan la percepción social sobre estas políticas: Paloma Herrera y el “Kun” Agüero abren la discusión por fuera de la burbuja habitual del debate económico y político de nuestro país.

Paloma Herrera es dueña de una importantísima carrera internacional, principalmente desarrollada en el American Ballet de la ciudad de Nueva York. Su renuncia a la dirección del Teatro Colón expone la realidad de las formas de contratación laboral estatal en la Argentina. Por su parte, Sergio Agüero va al núcleo del debate sobre los impuestos regresivos en nuestro país, un camino que se inició en 1973 con la creación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) y sumó, gobierno tras gobierno, una presión impositiva que hoy es considerada una de las más altas en el mundo.

Paloma Herrera descubrió, en la praxis, una de las causas de la rémora crucial que sacude a nuestra sociedad, y que explica buena parte del voto que consagra a estos gobiernos fuertemente estatistas. En sus declaraciones señaló que “la compañía tiene cien bailarines, pero bailan cincuenta”. La ex directora del cuerpo estable del ballet se refirió así a las presiones que forzaron su salida, y pidió la revisión de las jubilaciones en esa actividad, planteando que hay artistas que, por edad, “no están a la altura”, pero no le dejan su lugar a jóvenes talentos.

De esta manera, Herrera deja claramente expuesto un sistema que ordena y protege una inmovilidad en función de competencia y talento. En una extensa carta, la bailarina graficó el escenario de conflicto interno por el uso y las normas que “municipalizan” a los integrantes del cuerpo de baile del Teatro Colón. Indica: “Desde el primer día que asumí dije que necesito que se vea el tema de las jubilaciones, nunca se hizo y fui atando con alambres”. El foco del conflicto es que es una compañía estable en la cual “son empleados públicos, entonces tienen la jubilación a los 65?“Tengo bailarines hasta los 65 años”, cuando “un bailarín en cualquier compañía del mundo está hasta los 40, 45 años, dependiendo de las lesiones”.

Esta situación expone una de las razones detrás de la desidia y la falta de compromiso en el escenario del empleo público: un estado de falso bienestar que torna inamovible a un individuo que ocupa un cargo público y que, cuando ingresa, lo hace de por vida, sin importar si es útil y trabaja, o no.

Por otro lado, Sergio Agüero, con simple sentido común indicó: “Lo que no me convence es, digamos, que vos pagues un porcentaje anual del patrimonio que vos tengas. Me parece que es una locura en cualquier lugar del mundo. Que hay lugares, un montón de países, que parece que si vos ya estás pagando los ingresos, ¿por qué te siguen sacando más plata? ¿Entendés? Si vos toda tu vida generaste plata y pagaste los ingresos, pagaste los impuestos, ¿por qué tenés que seguir pagando más?”

Hay un tránsito de cambio que es cultural, y que la historia demuestra que siempre precede al cambio político que se avecina.