La marea humana del triunfo y la chance de la ancha avenida del medio
Un amigo siempre dice que la esperanza tiene mala prensa. En lo particular, suelo creer lo mismo. Pero el proceso vivido durante todo el Mundial, con la gente saliendo a las calles desde el mismo momento en que Argentina ganó a México sólo me provocaba sorpresa y hasta cierto desconcierto. Era normal, lógico, conseguir ese resultado y luego clasificar frente a Polonia.
Pero la gente iba saliendo cada vez más a la calle. ¿Había ganas de festejar? ¿Había que creer? ¿Había que mandarle señales al equipo para que también supiera que estábamos a miles de kilómetros de distancia? No lo puedo saber. Aún hoy no entendía por qué, a horas del inicio de la final la gente salía a festejar. Como diría mi amigo Paulino Rodrígues, contrafáctico es preguntar si hubieran salido con tanta masividad sólo reconociendo la calidad, el fútbol y la pasión con la que jugaron la final si el resultado hubiera sido otro.
Pero las mareas humanas que estuve viendo, aún sin entender, lo juro, por más que soy recontra futbolero, en cada avance del Mundial me llevaba a preguntarle a mis amigos analistas, sociólogos y cientistas, ¿qué es lo que está pasando con todo este movimiento? ¿Por qué tanta pasión, tanto optimismo, tantas ganas de festejar? ¿Y si es sólo porque quieren que algo salga bien? No lo sé. Quizás es pura pasión futbolera, que para mí sólo es reservado para mi club. La falta de un rival directo me baja la intensidad.
Hasta esta final. Hasta ver las ganas de ver a Lionel Messi campeón. A Argentina campeón. Pero después de la emoción, el dolor de cabeza, seguro por un golpecito de presión, me seguía diciendo que yo no gané nada, ninguno de los que festeja ganó nada. Pero ahí están, y horas después de terminada la final y haber sido campeón, siguen tocando bocinas, gritando y festejando. Y las calles, a pleno, invadidas, emocionadas.
No tengo datos. Pero creo que el 90% de la sociedad quería que ganara la Selección, la Scaloneta. ¿Y el 10% por qué no lo quería? Porque no quería que le fuera bien al presidente, los kirchneristas, camporistas, o al Gobierno, los gurkas halcones de la oposición.
A pesar que no haya habido una sola declaración de Lionel Scaloni, los sabidos reclamos de Sergio "Kun" Agüero y las constantes reflexiones de los jugadores acerca de lo mal que la estamos pasando en nuestro país hacen pensar que ninguno pensaba en política o en algún mensaje oportunista. Pero los extremos no piensan, solo miran todo con su mínima y minúscula de tener razón.
Adonde quedaron los mensajes de Macri mufa, o los tironeos internos del Gobierno por ver qué hace la Presidencia en función de la victoria lograda. El pueblo salió a la calle feliz, por Messi, porque nunca vieron a Argentina campeón, por miles de motivaciones. Pero hay algo detrás de todo eso, el deseo, el anhelo, de que algo salga bien.
Sí, lo sé, soy futbolero. Si el "Dibu" Martinez no hacía la gran Armani contra Benedetto, ahora contra el francés, otra era la historia. Pero en el fondo, también daba razón a este artículo de opinión. Que a todos nos gustaría que nos vaya bien, y que este equipo nos representó por muchas cosas, fundamentalmente por su mensaje.
Ojalá se den cuenta quienes están siempre peleando para que los dueños de los extremos de la grieta acaparen los títulos y el núcleo duro de sus votos no tienen razón. Los que no quieren acordar solo atrasan. No muestran más voluntad que la de imponer su criterio, idea o posición.
Pero los "acuerdistas", que tienen tan mala prensa como "la esperanza", tienen que tener las agallas que demostró hoy nuestra Selección nacional para imponer sus condiciones. Si se animan, hay una chance. Sino, quedarán presos ellos de los locos que tienen como aliados.