El abandono del "MendoExit": la tensión entre influir y depender de lo que pase en la Nación
El oficialismo local construye su propio relato. Hablan del “modo Mendoza”, como una forma de hacer las cosas que excluye gran parte de los problemas que vive la provincia. Así, el modo Mendoza sirve más puertas afuera para la promoción individual y para revalorizar el orgullo local, que para cambiar las cosas. En el nuevo relato de los radicales hay además un sinceramiento: creen que Mendoza tiene facultades recortadas para cambiar la realidad y por eso hablan de “la necesidad de influir” en la política nacional.
Cualquier idea de “MendoExit” (esa retórica de pensar a la provincia como una pequeña Nación) que pudiera haber estado en la cabeza de los estrategas hace algunos años, ahora queda en segundo plano. Esa visión tiene un arraigo bien tangible: la Nación concentra los recursos que luego reparte, también maneja la macroeconomía y gran parte de las decisiones estructurales dependen Balcarce 50. Pero en la nueva lógica del oficialismo también hay razones políticas coyunturales que alimentan la visión “integral”. Una de ellas es la estrategia del líder del radicalismo local, Alfredo Cornejo.
El senador no se ve en un lugar relevante en las listas nacionales porque el propio radicalismo ha bajado su “precio” dentro de Juntos por el Cambio. Y habla de la necesidad de influir en la política nacional como eje de cualquier puesto que ocupe en el futuro. Sea como ministro, o como Gobernador, cargo para el que hoy es precandidato. Juntos por el Cambio se siente “gobierno” el año que viene, y por eso también hay un mensaje interno en esa idea de penetrar desde Mendoza en las decisiones nacionales.
El peronismo también está en un proceso para redefinir su identidad. Acostumbrados a vincularse automáticamente con referentes nacionales, en un momento crítico como el que vive hace más de una década no logró formar un proyecto local competitivo. La sentencia contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner vuelve a ponerlos en una encrucijada. Por un lado si siguen la épica que se construirá alrededor de ese hecho judicial para mantener el foco sobre Cristina, o si bifurcarán el camino. El PJ local sigue gobernado por el kirchnerismo, pero con un desgaste interno que comenzó a sufrir la propia Flor Destéfanis. En la búsqueda de un espejo donde mirarse aparecen allí como opciones Sergio Massa, que tiene tantos referentes como líneas internas del PJ, y algunos gobernadores.
Hay otra vía electoral que por ahora no está afuera del oficialismo, pero pivotea con otras fuerzas y su futuro también dependerá en gran parte del escenario nacional. El Pro, de la Mano de Omar De Marchi, construye un proyecto local en estrecho vínculo con Horacio Rodríguez Larreta en el plano nacional. El diputado nacional ve un cerrojo dentro de Cambia Mendoza que también incomoda a la estabilidad de esa alianza.
En los discursos hay una diferencia semántica trascendente. El deseo es “influir”, pero en la práctica la política local está muy cerca de “depender” de lo que ocurra a nivel nacional.
Embajadores de lo propio
Mendoza tiene una dirigencia con relevancia política individual, pero con pocos resultados colectivos. Es decir, hay mendocinos que tuvieron y tienen una fuerte proyección nacional, pero no logró en los últimos años hacer causa común para defender a la provincia. Ejemplos sobran. Desde Julio Cobos en 2007 con su llegada a la vicepresidencia, hasta Anabel Fernández Sagasti, que es la senadora más influyente del país; pasando por dirigentes como Ernesto Sanz, el propio Cornejo y hasta el presidente de la Casa de la Moneda. Éxitos individuales, fracasos colectivos para a provincia. “La pregunta a hacerse es para qué se usa el poder”, repite Cornejo, quien es el principal impulsor de la búsqueda de influencia nacional desde Mendoza. Ni siquiera en temas relevantes para la provincia como la defensa del agua, los recursos y la producción se logró un bloque fuerte entre los 13 legisladores nacionales y los dirigentes con poder de lobby.
Hay una idea que gusta comentar en las charlas de café: “Mendoza es distinta”; se vive de otra manera. Es más una idea de autoconvencimiento que una realidad, pues la realidad social y económica no dista mucho del resto del país, con el agregado negativo que muchos la eligen para vivir, pero no para invertir y generar empleo.
El año que viene las elecciones serán desdobladas, por lo que en la provincia se votará antes. Sin embargo la influencia nacional también será relevante por la crisis. Rodolfo Suarez alertó a sus correligionarios que son momentos complejos para los oficialismos, que se ven más afectados por el descreimiento y tiene razón. Sin embargo festeja por dentro que el más desgastado es Alberto Fernández y el PJ, principal responsable de los malos indicadores económicos y del mal humor social.
Para los estrategas de la campaña 2023 será complejo. La principal demanda de la ciudadanía tiene que ver con el empleo, la mala situación económica y la inflación. Y los potenciales candidatos ya se escudaron en que la resolución de esos problemas dependen de la Nación, generando una especie de “huelga de creatividad caída” en la política mendocina. Allí está entonces parte del sentido de esa necesaria influencia nacional de la que hablan o, para sacarle los eufemismos, de la dependencia.