Juan Román Riquelme logra recuperar popularidad y, por ahora, le pone un freno a la ofensiva macrista
En las últimas encuestas, si bien Juan Román Riquelme mantenía su calidad de ídolo, se percibía cierta preocupación entre los socios de Boca Juniors por el futuro institucional y deportivo. Un escenario que venía entusiasmando al macrismo teniendo en cuenta que el gran objetivo es volver a controlar el club de la Rivera. Pero el último triunfo frente a River Plate y el campeonato logrado ayer le dieron a Román un blindaje político inesperado hace algunos meses atrás.
La primera etapa de la actual gestión xeneize mostró un alto grado de improvisación y peleas como la que provocó la salida de Mario Pergolini. En medio del torbellino, Riquelme le quitó el poder al presidente Jorge Amor Ameal y se transformó en el dueño todopoderoso de la institución.
Román y sus amigos se quedaron, literalmente, con el control de Boca. Con los riesgos que eso significa, si les iba mal, como parecía, iban a pagar un alto costo político frente al armado que venían impulsando Mauricio Macri y Daniel Angelici. Pero la fortuna estuvo del lado del exnúmero 10, quien logró en su corto ciclo no ser vapuleado por River y encima se corona campeón en forma infartante con un equipo mediocre.
Se sabe que las elecciones presidenciales en clubes como Boca y River tienen mucho que ver con la política. Se juegan cargos con proyección nacional y mucha exposición mediática. Fútbol y política van de la mano. Riquelme desembarcó en el actual oficialismo por una gestión que inició Juan Cabandié y terminó de definir Sergio Massa.
El ministro de Economía tiene un excelente vínculo con Román debido a la simpatía de ambos por Tigre. Además, los une un fuerte antimacrismo por diferentes motivos. En el caso del dirigente xeneize comenzó mucho antes que el de Massa. El famoso “Topo Gigio” luego de hacer un gol fue la demostración del vínculo complicado con Macri. Relación que empeoró con el tiempo hasta convertirse en una grieta dentro de Boca. Por eso el macrismo se decepcionó con Carlos Tévez cuando este decidió dedicarse a ser director técnico en Rosario Central.
La dupla Tévez-Macri era la dupla ideal para derrotar en diciembre del año que viene a Riquelme, cuya popularidad en estos días debe estar en franco ascenso. Carlitos al Gobierno, Mauricio al poder.
Si bien el socio de Boca sigue valorando la exitosa gestión de Macri y las encuestas marcan un altísimo nivel de popularidad, no pasa lo mismo con su amigo Angelici. El binguero no dejó una buena imagen sobre todo por la derrota en Madrid con River por la Copa Libertadores. Por eso los amigos de Macri impulsan ahora a Andrés Ibarra, quien ocupó el Ministerio de Modernización durante la administración de Cambiemos y colaboró full tiene en la gestión de su amigo Mauricio en Boca. Tiene gran experiencia, pero carece de popularidad como para ser el rival de Riquelme.
El otro candidato que suena es el actual vicepresidente del Consejo de la Magistratura porteña, Fran Quintana, un dirigente cercano al Tano. Pero la fotografía actual exige a los referentes del PRO intentar de vuelta con Tévez, un macrista de pura cepa y enfrentado con Román. La otra alternativa es que el apellido Macri aparezca en la boleta opositora sin intentar ocupar un cargo relevante. “Hay que poner su nombre y apellido muy grande para traccionar votos”, dicen los voceros del sector.
En el macrismo saben que el Frente de Todos jugará aún más fuerte que en el 2019 en la elección xeneize que siempre coincide con los años de comicios presidenciales. El fútbol y la política están cada vez más emparentados. Lo vimos en la reciente elección de Independiente donde Nestor Grindetti y Cristian Ritondo derrotaron a Hugo Moyano. Y en diciembre de este año se viene la votación en San Lorenzo donde se percibe una alianza entre Matías Lammens y Horacio Rodríguez Larreta detrás de la candidatura de “Chiche” Constantino, funcionario de CABA y dirigente en el club de Boedo.
