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Walter Bento reconoció cuál fue su vínculo con el asesinado Diego Aliaga

El juez federal admitió que vio en "dos o tres oportunidades" al desapachante de aduana asesinado en 2020, quien es señalado como su supuesta "mano derecha" en la causa de cohecho y asociación ilíicta. Reveló que en 2019 había intentado comprarle una camioneta.
Foto: Gentileza
Foto: Gentileza

El juez federal Walter Bento tuvo este miércoles su segunda jornada de exposición ante la Comisión de Acusación del Consejo de la Magistratura para defenderse de las denuncias en su contra. En uno de los pasajes de su extensa presentación, el magistrado explicó cuál fue su vínculo con Diego Aliaga, el empresario y despachante de aduana que fue asesinado en 2020 y que fue señalado como supuesta “mano derecha” de Bento en el marco de la causa en la que se investiga el pago de coimas por favores judiciales.

Durante su defensa ante los consejeros de la Magistratura, el titular del Juzgado Federal Nº 1 de Mendoza, reconoció que vio a Aliaga “en dos o tres oportunidades” y que tuvieron un contacto personal debido a que el despachante de aduana intentó comprarle una camioneta.

Diego Aliaga fue secuestrado y asesinado en julio de 2020 y este caso repercutió en los Tribunales Federales. El fiscal Dante Vega, quien lleva adelante la investigación en contra de Bento y lo acusa de liderar una asociación ilícita destinada al cobro de coimas a cambio de favores judiciales, plantea como hipótesis que el despachante de aduana era un “operador judicial” que hacía las veces de “mano derecha” del juez federal en los casos de cohecho.

Este miércoles, Bento negó una vinculación personal con el empresario asesinado y afirmó que solo vio en dos o tres oportunidades y reconoció que en 2019 Aliaga intentó comprarle una camioneta.

“En el 2019 puse en venta un vehículo Amarok que yo tenía, del 2016, porque desde la concesionaria me habían avisado que podían venderme el vehículo 2017. Entonces le puse un cartel de venta a la camioneta”, comenzó relatando el juez federal.

Comentó que vive en un barrio que tiene 600 o 700 familias y que al tener en el ingreso un shopping, muchos de los residentes estacionan generalmente a una cuadra o dos cuadras y salen caminando. “Siempre, o en muchas ocasiones, ponemos los vehículos ahí y las personas que salen caminando ven el teléfono y el vehículo”, indicó.

“En una oportunidad, mostrándoselo a un vecino, pasó Aliaga. A quien no solo conocía yo, conocía todo el tribunal. Porque como bien dije en la causa Costa, en el año 2007, cuando se le concede la exención de prisión, la Cámara confirma y obliga a que vaya todos los meses al tribunal, no a mi despacho”, expresó.

En este sentido, hizo hincapié en que “yo no atiendo a nadie en mi despacho y si atiendo a alguien en mi despacho, como fue en el caso de la madre de Barón, que estando detenido su hijo pidió una entrevista, la atendí por una cuestión de humanidad”. “Yo tengo la puerta de mi despacho cerrada. Esto es algo que lo puede averiguar, doctor, llame a cualquiera. Yo no tengo nada que esconder. Y cuando tengo que analizar alguna situación porque viene algún comandante o alguien, siempre en presencia de los secretarios, siempre”, remarcó.

Retomó su explicación acerca del vínculo con Aliaga y dijo que “venía todos los meses desde el año 2007 al 2013 a la Mesa de Entradas de la Secretaría A del Juzgado. Pura y exclusivamente a demostrar su sometimiento al proceso”.

“En dos o tres oportunidades, no sé cuantas, lo debo haber visto. Todos sabíamos quién era. Porque además era una persona empática. Una persona particular. Hacía chistes en la Mesa de Entradas. Yo no lo atendía pero lo he visto en dos oportunidades, porque además fue denunciado, denunciante, querellante”, manifestó Bento.

En tanto, relató que en una oportunidad se le acercó en el barrio. “Yo salía caminando, él entraba en auto y me saludaba. Se notaba que quería congraciarse conmigo. En esa oportunidad me preguntó si vendía la camioneta, porque quería regalarle al hijo”, señaló.

Continúo narrando que “le dije que sí porque tenía otro comprador, que fue el que en definitiva terminó comprando la camioneta, un vecino. Así que le presté la camioneta para que la probara y la llevara al mecánico en dos o tres oportunidades y no le vendí la camioneta. La terminó comprando el otro vecino, que vivía a dos cuadras, Valverde de apellido”.

El juez federal concluyó su relato sobre el vínculo con Aliaga remarcando que “no tuve llamados. No lo beneficié ni favorecí. Lo mandé al Tribunal Oral, lo condenaron y no le permití, a través de un amparo, volver a trabajar como despachante de aduana. Esa fue toda mi relación con Diego Aliaga, doctor”.