Coloquio de IDEA: retahíla que no cambia año tras año
Después de dos años sin presencialidad por la pandemia, regresó a Mar del Plata el coloquio empresario de IDEA. Con un staff permanente profesional de la institución y un presidente organizador diferente para cada año, en este reencuentro el slogan de la cita fue “Ceder para Crecer”.
El título convocante no fue todo lo feliz y necesario para abordar, desde la posición de quienes desde el emprendedurismo, el riesgo, la visión, la innovación y el coraje, entre otras características, son quienes apuestan a la inversión, generan empleo genuino y promueven desde su tarea el desarrollo continuo de la patria.
¿Qué ceder? Es cierto que ya en la realidad han cedido mucho, a la fuerza en su mayor medida y con su actitud silente, pragmática, individualista y timorata en otra gran porción.
Es bueno recordar lo que sucedió en los comienzos de los años 2000 con Néstor Kirchner a inicios de su mandato. En el discurso inaugural del coloquio de ese tiempo, el supermercadista Alberto Cotto, presidente de IDEA, esbozó un contenido crítico, no virulento, a la política económica oficial.
Kirchner, que ya venía señalando al empresariado no amigo ni elegido como uno de “los enemigos de la patria”, le contestó con una frase muy recordada: ”Cotto, yo a vos te conozco” y le dedicó a él personalmente y por extensión a los participantes al evento, palabras y conceptos violentos y hasta amenazantes.
Varios de ellos, alarmados pero conscientes de la gravedad y exceso de la admonición, se reunieron, redactaron una respuesta concreta, firme y respetuosa al exceso de Néstor y juntaron una cantidad importante de firmas en apoyo a la respuesta al exceso del entonces presidente.
Fue en vano. Cotto, disminuido por el ataque directo y con una subida de presión arterial, y la comisión directiva de IDEA más el comité ejecutivo de ese congreso en particular, presidido ese año por un mendocino, se negaron terminantemente a hacer pública la respuesta planteada y adherida por muchos de los concurrentes.
Fue una resignación timorata e inconveniente en los inicios de un periodo político estigmatizante de la actividad empresarial, no propia ni conveniente, que reinaría y persiste por 20 años.
¿Pragmatismo inteligente? No, sumisión conveniente o resignada. ¿Qué más se debe ceder para crecer? Ya se cedieron las reglas claras, se aceptó una presión fiscal elevada, hay silencio que permite el cepo importador, las leyes laborales de cuño fascista perviven en el tiempo, la Justicia laboral con la balanza inclinada ahoga con sus sentencias, la República está en vilo y la moneda de curso legal no tiene valor.
Las sobretasas a la exportación perviven en el tiempo. La inflación crece año a año, con pobreza e indigencia vergonzantes, escasean los insumos para producir y el clima castiga la producción. El Estado inútil, en sus versiones nacionales, provincial y municipal, reina ostentoso y destructor. La burocracia triunfa día a día.
¿Qué más quieren ceder? Ya en forma expresa o en silencio que alarman, han cedido casi todo. Es imprescindible y necesario recuperar el sentido común, la lógica racional y las políticas y reglas de juego económicas y políticas universales y establecidas para ser empresarios emprendedores, que asumen riesgos, innovan, tienen rédito económico y personal no culposo y son reconocidos por la sociedad en su justa medida.
Ya cedieron demasiado, y varios en su propio beneficio, en su dignidad personal y profesional. Esa actitud los puso en el penoso, y también injusto en muchas ocasiones, lugar actual.
Caso contrario, la postal triste del discurso de cierre de Alberto Fernández se reiterará. Los concurrentes, que no habían partido de regreso, estaban más atentos a sus teléfonos que a las palabras del presidente de la Nación.


