Vendía lomos por metro y fue abanderado: el intendente que incomoda a Rodolfo Suarez
El despertador del intendente de Malargüe, el radical Juan Manuel Ojeda, sonó muy temprano el martes pasado. Eso le posibilitó recorrer casi de madrugada los 300 kilómetros que lo alejan del centro mendocino y llegar cerca de las 9 a la Legislatura provincial para presentar junto a su esposa, la senadora provincial Jésica Laferte, el proyecto para que su departamento sea exceptuado de las restricciones para la minería que rigen por ley. El jefe comunal está acostumbrado a dormir poco desde que nació: el 12 diciembre de 1984 llegó al mundo a las 5.15 y desde hace casi 38 años que hace lo mismo: se despierta casi con el alba. La mañana del martes fue bisagra, ya que con su iniciativa minera se enfrentó al Gobierno de Rodolfo Suarez, de su mismo color político, que no quiere avanzar en el sentido que él propone.
Es una frase hecha pero no por eso deja de ser cierta: en Malargüe, toda la población se conoce. Tal vez por eso, un exgobernador usó como slogan de campaña “Preguntá en Malargüe”, y ganó los comicios. Fue el peronista Celso Jaque, con quien Ojeda tiene algunas pocas cosas en común: además de haber nacido en el departamento sureño, llegó a ser intendente. Para alcanzar a ese cargo, que no tenía en mente “cuando era chico”, el actual jefe comunal tuvo un recorrido alejado de herencias familiares en política. Es hijo de padre camionero, que cursó sólo hasta cuarto grado y que hace muchos años que trabaja en el municipio. Su mamá tiene nivel primario completo y murió de cáncer en enero de 2019. Sus críticos apuntan al vínculo actual laboral de su papá con el municipio. Dicen que es jefe, que creció económicamente desde que el hijo asumió, algo que niegan desde el entorno del radical.
“Heredé de mi papá la perseverancia y de mi mamá la disciplina”, sostiene Ojeda en diálogo con MDZ. Es el hijo del medio: su hermano más grande, César, tiene 40 años, y el menor, Fernando, tiene 31. Los tres, de pequeños, ayudaron a su papá con la actividad del camión. Juan Manuel hizo la escuela primaria en el mismo lugar que su hija, en la 1-494 Gendarme Argentino. Quienes lo cuestionan aseguran que su familia era peronista. Él lo niega: "Mi abuelo trabajó con el radicalismo, en la época de Alfonsín", asegura.
Al secundario fue a la “escuela nueva”, a la Aborigen Americano. Ojeda fue la tercera promoción. “Fui abanderado”, cuenta, aunque en Malargüe, la gente lo sabe: “Era muy estudioso, no salía mucho a jugar ni a hacer deportes porque era muy estudioso”, repiten como en coro. Él se justifica: “Se que ahora mucha gente cuestiona el tema de la bandera. No es algo que busqué, mis padres me enseñaron que tenía que cumplir con mis responsabilidades escolares, tal vez porque tenían eso de la clase media de que los hijos tenían que llegar a un nivel escolar mejor que el de ellos”.
¿Qué quiere ser cuando sea grande? Es 2001 y en Argentina hay crisis económica y revuelta social. Ojeda está indeciso entre estudiar Derecho o Ciencias Políticas. Algo tiene claro: nunca había viajado a “Mendoza”, como suelen nombrar a la ciudad quienes viven en departamentos alejados, aunque ese era el destino al que había que arribar. Así fue que se decidió por la opción de Ciencias Políticas. “Los primeros años no me gustaron para nada. Eran muy teóricos y a mi me gusta la práctica, tomar decisiones, la gestión”, reconoce. Después, vino el entusiasmo con docentes: Lucio Duarte, el radical que fue su profesor se convirtió luego en su director de tesis. También recuerda a otros profes como Walter Cueto, Francisco Leiva, Miriam Bilbao e incluso su actual par, el intendente de General Alvear Walther Marcolini. Con una metáfora describe lo que le pasó: “Me dieron vuelta la cabeza”, afirma.
Por esos años, Ojeda comienza su noviazgo con Laferte, quien también estudió la misma carrera. Además vive en la residencia universitaria de la casa de Malargüe, que queda en la calle Las Heras casi llegando a su intersección de Perú. “Limpiábamos los baños del comedor para mantener la beca”, señala. Como la plata le falta, se inscribe en el Instituto de Seguridad Pública. Es 2004 y estudia ambas carreras a la vez. “No es que quería ser policía, pero podía serlo en poco tiempo y pagaban 5 mil pesos mensuales por ello”, confiesa. Deja eso a medias y continúa con la que le gusta.
Todos los fines de semana viaja a su departamento. “Conocí al legislador Humberto Montenegro y empecé a trabajar en la Legislatura”, relata. Ya es 2009 y llega al Poder Legislativo como asesor de la Comisión de Economía. Casualidad o no, arranca su trabajo cuando en la agenda pública comienza la discusión por Vale, la minera brasileña que adquirió en esa época el proyecto Potasio Río Colorado, que se encuentra en Malargüe.
En 2011 se candidatea como concejal por la UCR en su departamento, pero pierde. “Había un sistema de cruces en el radicalismo… saqué más votos pero salí perdiendo, por eso siempre voy a defender las primarias abiertas simultáneas y obligatorias”, asevera. Por esa época imprime folletos en una pequeña imprenta. Le gusta.
Un año después se casa con la actual senadora provincial y continúa trabajando en el bloque. El hoy diputado nacional Julio Cobos le ofrece a su esposa ser candidata en quinto lugar ( con casi nulas chances de ingresar, aunque se trató de un gesto político) para el Senado de la Nación. “Siempre le voy a reconocer a Cobos y también a la exvicegobernadora Laura Montero, que son políticos que van a lugares donde nadie va. Que vinieron a Malargüe, hablan con la gente. Lo mismo veo en el intendente (de la Ciudad de Mendoza) Ulpiano Suarez. Esa es la base de la política y de la vida”, expresa como un guiño a uno de los precandidatos a gobernador que tiene Cambia Mendoza para el año que viene.
En simultáneo a la actividad política, su pareja queda embarazada. Pero las cosas se complican, ya que Victoria, quien hoy tiene 9 años tenía que nacer a fines de octubre y lo hace en agosto: pesa 1,400 kg. El año próximo para la familia será de angustia e inquietud; pasan casi un año fuera de Malargüe, entre un primer hospital de San Rafael y luego en la capital de Mendoza. Entre incubadoras y enfermedades intrahospitalarias, recién regresan en junio de 2014.
“Volvimos, yo era licenciado en Ciencias Políticas con un posgrado, y me pasa lo que le ocurre a muchos ciudadanos de Malargüe: no tenía trabajo”. La municipalidad no era un espacio posible, gobernaba el peronista Juan Agulles, y el exgobernador Jaque tenía mucho poder. Planea un viaje al Sur para trabajar en petróleo, pero finalmente se pone una rotisería que también funciona como almacén. Para eso, saca un crédito en Montemar. “Siempre me gustó cocinar, entonces hacía lomos por metro, que no medían un metro sino 74 centímetros. Me iba muy bien. Me acuerdo todo lo que gané para esa Navidad. Pensé que toda la vida me iba a dedicar a eso”, refiere.
Laura Montero arma su proyecto para ser candidata a gobernadora- termina siendo vice del actual senador nacional Alfredo Cornejo en 2015-. y Ojeda es una pieza clave en su armado territorial. En ese momento, el exsenador provincial Marcelo Romano juega un rol importante. Va a su encuentro una mañana temprano. Hace frío. Lo ve por primera vez al malargüino. Está poniendo ladrillos en el almacén. Luego se transformará en el referente del sector tanto en el departamento como en todo el Sur. Ese espacio hoy está desarmado: Montero está fuera de la política y Romano se pasó en los últimos años al Partido Verde. Cerca de Ojeda aseguran que hoy "no responde a nadie" dentro de las filas del radicalismo.
En la gestión del intendente que lo precedió: el radical Jorge Vergara Martínez, fue funcionario: director de Industrias, Energía y Minería (2015-2017) y luego pasó a la Dirección Girsu (Gestión de residuos sólidos urbanos entre 2017-2018). En las elecciones de medio término es electo concejal por el departamento y eso es un trampolín para su próximo cargo: en 2019 gana las elecciones como intendente de Malargüe.
Los años que vienen transcurren con vaivenes. Además de la oposición del Gobierno provincial a su proyecto para hacer minería, está prácticamente caída una obra que lo ilusiona: Portezuelo del Viento. Con el Concejo Deliberante no tiene buen vínculo y hay 10 ediles repartidos en 6 bloques que tienen una disputa de manera permanente con él, incluso radicales. Le achacan ser prepotente. Ojeda repite que quiere gestionar y debe hacerlo para “el pueblo de Malargüe”. Se enorgullece de pagarle a los empleados municipales “un sueldo inicial por encima de los 53 mil pesos, mucho más que cualquier otra comuna”, dice. Tiene mala relación con ATE (Asociación Trabajadores del Estado) de Malargüe.
En su entorno, aseguran que tiene buena relación con ministros del Gobierno provincial como Mario Isgró (Planificación e Infraestructura) y Nora Vicario (Turismo y Cultura). Pero una relación distante con Emilio Guiñazú ( gerente general de Potasio Río Colorado)y Humberto Mingorance (Secretario de Ambiente).
El año que viene son las elecciones y la ley le permite otro mandato. Ojeda irá por el bis.



