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Mendoza pobre, con dirigentes pobres de coraje, responsabilidad e inteligencia

La provincia atraviesa una situación crítica y los dirigentes políticos no toman nota de lo que deben hacer para generar empleo de calidad y que agregue valor. El caso de Malargüe y la minería es un claro ejemplo.

La situación económica que progresiva e inexorablemente se viene agravando en el país y por consecuencia en Mendoza, requiere de toma de decisiones con convicción, inteligencia y sin dilaciones. Más aún en nuestra provincia, donde los índices de pobreza están por encima del índice general nacional del Indec.

Mendoza se viene empobreciendo y los más afectados son los ciudadanos y las empresas. Son cada vez menos las empresas grandes e incluso pymes que generan trabajo de calidad y que con su tarea agregan valor. Los sueldos promedios son de los más bajos del país y la generación de empleo privado está estancado.

En un contrasentido inexplicable, varios municipios tienen en sus arcas, cientos y miles de millones de pesos (devaluados constantemente y que valen poco) depositados en plazos fijos. 

En paralelo numerosas escuelas tienen precario estado edilicio para prestar su servicio esencial y duele apreciar las colas de ciudadanos en los hospitales públicos en horas de la madrugada para conseguir un turno para ser atendidos de sus dolencias, con suerte, dentro en un plazo de un mes como rápido.

La imágen nocturna de cartoneros recorriendo la ciudad ha vuelto a hacerse presente reviviendo dolorosas imágenes del pasado. Datos y postales de una Mendoza pobre.

En esta circunstancia es imprescindible la acción rápida e inteligente de los funcionarios públicos, para desde sus diferentes funciones y responsabilidades abordar, atemperar y sanear la cruda realidad. Esto no está ocurriendo con lo prioritario y necesario que resulta ante estas duras circunstancias.

Un ejemplo claro es con el tema de Malargüe y su proyecto legislativo para conseguir permiso para explorar y explotar determinado prospecto minero. Ya está claro y preciso. Su intención y necesidad no van a ser atendidos.

El poder Ejecutivo ha dado claras señales que no es algo que lo involucre y mucho menos que tenga la mínima intención de acompañar o alentar la iniciativa departamental.

Todavía le duele el golpazo de principios de gestión cuando quiso avanzar con el impulso a la explotación minera. La algarada ruidosa, con un número importante de gente en la calle y con algún grado de intemperancia, fueron suficientes para poner un
frenazo y un status quo a toda intención o acción en el sentido de habilitar la exploración y explotación minera responsable y
sustentable en nuestra cordillera.

Vale mencionar que Chile exporta 43.000 mil millones de dólares anuales en este rubro. Nuestro país alrededor de 4.000 mil millones. El 10 por ciento.

La Legislatura provincial y en especial la Cámara de Diputados ya ha expresado con certeza que el proyecto presentado por Malargüe no “está en agenda” este año ni el próximo. ¿Y la necesidad de la ciudadanía malarguina? Tampoco está en agenda por
lo visto.

Y el coraje, la inteligencia, la vocación de servicio y compromiso de los legisladores mendocinos, ¿en que estado de agenda están? Ya sabemos que el del Poder Ejecutivo no está.

Como es posible que no puedan los funcionarios dialogar, discutir, acordar, disentir sobre esta realidad postergada mendocina y por el contrario dejarla en un limbo permanente. Una salida posible y que puede ayudar, aparte de su propio involucramiento, es convocar a la ciudadanos a una consulta popular o un plebiscito para que se expresen en libertad, con buena información
y debate previos, para que expresen su aprobación o negativa en relación al problema permanente de la minería prohibida.

Sería claramente la voz del pueblo.

Lo que no puede seguir ocurriendo, mientras Mendoza retrocede económicamente con sus dolorosas consecuencias, es que sus dirigentes no asuman su indelegable tarea y responsabilidad de ocuparse del tema. Es parte importante e imposible de evadir de su agenda.

Es irresponsable, no desempeñan fielmente su tarea y su inacción, falta de compromiso y coraje público, no ayudan a atemperar los sufrimientos y desventuras de una numerosa parte de la población. Deben ser conscientes de ello y actuar en consecuencia.