Las limitaciones que llevaron a Alberto Fernández a nombrar a una ministra formada en Guardia de Hierro
Kelly Olmos tiene una larga militancia en el peronismo porteño. Representa políticamente todo lo contrario al ADN kirchnerista. “Si la eligieron a ella es porque no tenían a nadie, es como poner en Salud a un arquitecto”, comenta un dirigente del PJ de CABA que conoce a ambos desde los años 90’. Para muchos, es la fiel representación del desconcierto de Alberto Fernández y la escasez de recursos humanos para ir recauchutando un Gabinete que, según la mirada de la mayoría de los integrantes del oficialismo, se prepara para un derrota electoral el año próximo.
Todos en el oficialismo saben que la sucesora de su amigo Claudio Moroni no tiene ninguna experiencia en el área laboral, salvo su vieja admiración al sindicalismo histórico, motivo por el que decidió quedarse junto a sus compañeros de Guardia de Hierro en la Plaza de Mayo cuando los Montoneros se retiraron y dejaron al general Juan Domingo Perón en medio de un famoso discurso.
“Es un manotazo de ahogado, igual que lo de Tolosa Paz, a Alberto ya no le quedan más kamikazes, ni siquiera sus amigos de la militancia, cada vez que Cristina le baje un nuevo soldado le va a resultar casi imposible encontrar voluntarios”, dicen en el establishment del peronismo. Otros sostienen que “está emperrado con reemplazar a cada ministro propio que le baja Cristina con alguien que no sea kirchnerista, como si nadie se diera cuenta, no podés subestimar tanto a los que estamos política desde hace décadas”.
Por eso lo anecdótico de Kelly Olmos tiene mucho que ver para comprender que al presidente ya no le queda una cuota de poder, solo algo de tinta a la lapicera para ir tapando agujeros en un barco al que cada vez le entra más agua y navega a la deriva. El mejor reflejo es la nueva ministra de Trabajo, no solo por su origen “guardián”, una mala palabra para la izquierda peronista que nutre sin mucha profundidad ideológica al camporismo. Kelly Olmos fue funcionaria de la gestión demonizada de Carlos Grosso. Otro desliz imperdonable para aquellos que se sienten impolutos dentro del kirchnerismo.
Claro, la sucesora de Moroni pasó de Guardia de Hierro al menemismo. Primero acompañó a Grosso y luego a Carlos Corach, el eficiente ministro del Interior que tuvo el riojano. “Pensar que en esa época Alberto era del grupo de su amigo Iribarne, junto a Eduardo Valdés y Jorge Argüello, pero ni siquiera lo más cercanos se animan a subirse al Gabinete, son los primeros en decir que no porque lo conocen mejor que nadie”, explican la orfandad del jefe de Estado. En ese sentido, va armando un Arca de Noé donde se le van acabando las especies.
La designación de Victoria Tolosa Paz es otra historia. En este caso, en fuentes oficiales sostienen que la pareja de José Albistur tiene ambiciones de figuración y conocimiento. “Quiere quedar posicionada a la espera de algún día poder ser intendenta de La Plata”, explican quienes la conocen. En las legislativas de 2017 ya aparecía obsesionada para que la invitaran a los programas televisivos, siendo apenas candidata a concejal platense por la lista de Florencio Randazzo. La candidatura a diputada nacional el año pasado y su nuevo rol de ministra de Desarrollo Social le permitirán acceder a lo que busca: seguir levantando su nivel de conocimiento. No mucho más. Grave. Teniendo en cuenta que desembarca en un ministerio totalmente loteado e ingobernable.
Mientras Sergio Massa sigue ocupando la centralidad de la administración del Frente de Todos, el presidente se hace el distraído pero ese escenario le molesta y mucho, según fuentes de la Casa Rosada. Se da cuenta que se ha transformado en un jefe de ceremonias y, de vez en cuando, hace las veces de gerente de personal para no quedarse sin ministros. ¿Triste final o el inicio de una crisis mayor?

