Un Gobierno que casi no hizo campaña y descansó en la caída de Alberto
Fue muy singular la forma en que dos viejos expertos en campañas de esta provincia como Alfredo Cornejo y Julio Cobos, a días de los comicios, siguen brindando la imagen de que casi no los afectó el trajín electoral. Pero esa sensación de desgano tiene una explicación: en las últimas tres o cuatro semanas, Cambia Mendoza prácticamente dejó de pensar una estrategia para capturar el voto y descansó en los errores de Alberto Fernández quien, hasta el propio peronismo lo admite, jugó para sus opositores en Mendoza.
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Tampoco apareció fuerte en escena Rodolfo Suarez. Es una suposición firme que en toda elección de medio término en cierta medida se plebiscita una gestión. Pero poco y nada se discutió acerca de la forma en que esta administración está manejando la cosa pública cuando está promediando el Gobierno. Hubo sí algún intento del Frente de Todos de poner el foco en la inseguridad, pero el gobernador neutralizó el debate pateando hasta después de las PASO una interpelación postergadísima del ministro de Seguridad, Raúl Levrino, en la Legislatura, en donde se apunta a ventilar el delicado estado de cosas en materia de combate del delito.
Suarez tenía un plan en el inicio de la campaña, que era salir a vender el manejo aperturista que hizo de la pandemia en contraposición a las políticas de encierro implementadas por el Gobierno nacional. Pero ese asunto tampoco estuvo en agenda. Dos razones explicarían esto: uno es que esa preocupación desapareció del ránking de problemas de la gente en Mendoza. Enamorado y mucho de las encuestas, el gobernador leyó los números que hace quince días le acercó Marta Reale en donde solo el 33% de la gente se mostraba alarmado por el coronavirus.
Ese mismo sondeo le indicó que el 90% tiene a la inflación y al desempleo en lo más alto de sus desvelos y que además se lo señalaba al Gobierno nacional como responsable de esa situación. De todos esos números de Reale hubo uno que terminó marcando el destino de la campaña oficialista: como consecuencia del Olivosgate, la imagen de Alberto Fernández en Mendoza cayó cinco puntos y descendió a niveles más bajos de los que ya tenía el presidente en la provincia. “¿Para qué vamos a hacer campaña si Alberto la está haciendo por nosotros”?, pensaron. Y actuaron en consecuencia.
Aquí se aplicó la lógica de funcionamiento del gobernador: si los números de las encuestas sonríen ¿Para qué cambiar o arriesgar? El punto es que ese criterio no se aplica sólo a la campaña electoral, es desde hace tiempo una metodología de gestión.
Cuando faltan días nada más para el domingo algo es sabido. Cambia Mendoza se encamina a ganar la elección y por una diferencia importante. Los números que maneja públicamente el gobierno hablan de una ventaja que estaría hoy entre los 10 y los 12 puntos ante el Frente de Todos, con el oficialismo superando el 40% de los votos.
Una mirada extra está puesta en la interna por la candidatura a senador nacional que dará Cornejo con la lista que encabeza Rodolfo Vargas Arizu. El punto aquí no es saber quién ganará, porque se descuenta cuál será el resultado. Pero existe la posibilidad de que ese armado electoral que está integrado por exdirigentes del Partido Demócrata enfrentados con la conducción actual del partido, termine cosechando más votos que los gansos que optaron por aliarse con otras fuerzas en Vamos Mendocinos! Si esto ocurre, con el largo brazo político de Cornejo mediante, es muy probable que esa interna dentro de Cambia Mendoza tenga repercusiones posteriores en el PD.
Cuando divulga sus números de cara a la elección, el Gobierno no miente. Aunque tampoco estaría diciendo toda la verdad. Es una gran incógnita cómo los afectará el descontento de la población a la hora de ir a votar y, en realidad, la aspiración es hacer una elección de por lo menos 47 puntos. Esto, para estar algo más cerca de lo que fue el resultado de 2019, que lo llevó a Suarez a la gobernación, y que rondó los 52 puntos. El gobernador y compañía apuestan a hacer “la mejor elección del país” para tener, luego de noviembre, la posibilidad de exportar el modelo de gestión del radicalismo mendocino a nivel nacional. Cornejo, claro está, es quien está primordialmente detrás de este objetivo.
Pero los radicales saben que están obligados a hacer una muy buena elección. Pusieron en esta campaña lo mejor que tenían, con tres gobernadores en la boleta y con un peronismo enfrente muy disminuido y afectado por un Gobierno nacional que los tiró para abajo en las encuestas. Con toda la carne que pusieron sobre el asador, la diferencia que obtengan en esta PASO será el parámetro para saber si podrán seguir hasta noviembre solo llevándose la mano al corazón para pedir el voto. O tendrán que hacer, ahora así, algún esfuerzo en la segunda etapa de la campaña.



