La honestidad brutal de Cristina Kirchner que condena a los argentinos

La honestidad brutal de Cristina Kirchner que condena a los argentinos

En su última carta la vicepresidenta revela con claridad la mirada cortoplacista que caracteriza a la dirigencia política argentina más allá de las banderas partidarias. No importa solucionar problemas, solo interesa ganar las elecciones.

Mariano Bustos

Mariano Bustos

Pasan los gobiernos y Argentina sigue teniendo los mismos problemas. La inflación sigue empujando a millones de argentinos por debajo de la línea de pobreza, las deudas crecen, el trabajo en negro es cada vez mayor y cientos de miles de ciudadanos no encuentran trabajo. La inseguridad es una amenaza permanente y la corrupción es tapa de los diarios. Pero en lugar de discutir esos temas, el gobierno piensa en parches para ganar la elección del 14 de noviembre. Los argentinos somos víctimas de las ambiciones cortoplacistas de nuestros dirigentes, que ni siquiera se preocupan en disimularlo.

En su última carta la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner da un ejemplo explícito que desnuda la forma de razonar de nuestros representantes. En concreto, critica la responsabilidad del ministro Martín Guzmán para trazar un camino que vaya hacia el equilibrio fiscal y lo hace con un argumento contundente: las "consecuencias electorales".

"También señalé que creía que se estaba llevando a cabo una política de ajuste fiscal equivocada que estaba impactando negativamente en la actividad económica y, por lo tanto, en el conjunto de la sociedad y que, indudablemente, esto iba a tener consecuencias electorales", escribe CFK en su carta abierta.

Para terminar con la inflación se necesita una mirada a largo plazo. Para bajar la pobreza no alcanza con poner dinero hoy en el bolsillo de los argentinos, porque el mes que viene el dinero será insuficiente. 

Todas las medidas que se han anunciado esta semana muestran a las claras que lo único que le importa a la dirigencia es ganar la elección. Poner "platita" en los bolsillos hoy para que los ciudadanos vayan a votar aliviados. Una suerte de aspirina electoral que baje la fiebre pero que de ninguna manera termina con la enfermedad. 

Un IFE de 15 mil pesos, subir el mínimo no imponible de ganancias, aumentar el salario mínimo vital y móvil, jubilar a mayores de 55 años y darle un bono a jubilados que cobran miserias pueden generar una sensación de bienestar pasajero. Pero no pasará mucho tiempo para que la necesidad vuelva a sentirse. 

Lamentablemente, gobierne quien gobierne la práctica se repite. Durante el último año del gobierno de Mauricio Macri ocurrió algo similar después de las elecciones primarias. El dinero que llegó del Fondo Monetario Internacional se utilizó para frenar la escalada del dólar y la bola de nieve de las Lebacs con el objetivo de mejorar el resultado en las urnas. 

Hasta que los gobernantes no pongan por delante el interés general y posterguen sus ambiciones personales y electorales, será muy difícil salir de la situación en la que nos encontramos. Aunque el camino sea largo, hay que tomar la decisión de recorrerlo y la única forma posible es a través de acuerdos políticos. Con palos en la rueda no hay posibilidad de que avancemos.

Todos los días de aquí al 14 de noviembre escucharemos anuncios que seguramente estén vinculados a los problemas que a diario nos afectan como ciudadanos. Pero no serán soluciones sino parches y dentro de un tiempo los inconvenientes volverán a aflorar. Es decir, existe un diagnóstico, se sabe cuál es la enfermedad pero en lugar de tratarla se la esconde bajando la fiebre.

Hoy en día la legislación laboral frena la generación de empleo, las cargas patronales y la presión impositiva desalientan el trabajo en blanco y la inflación empuja cada vez a más argentinos por debajo de la línea de pobreza. En ese esquema, el sistema previsional es insostenible porque al trabajar en la informalidad no se realizan aportes y las personas que se jubilan cobran migajas. Las soluciones no son milagrosas y requieren de políticas de Estado

Una de ellas es la del ajuste fiscal imprescindible para que el país deje de gastar más de lo que ingresa. Pero, como deja claro la vicepresidenta en su carta, las medidas a largo plazo pueden generar -en el corto plazo- "un impacto negativo" con consecuencias electorales. Y a esta altura ya está claro cuáles son las prioridades. Los representantes del pueblo, en realidad, se representan a ellos mismos.

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